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¿Mágico o mortalmente cursi? Este artista es el Dan Brown de la pintura

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El pintor canadiense Rob Gonsalves nunca pasará a la Historia del Arte pero vende cuadros como churros

Ignacio Pato

04 Febrero 2015 06:00

¿Cómo pasar de ser un arquitecto anónimo sin formación artística a adalid del nuevo realismo mágico en la pintura? El canadiense Rob Gonsalves podría tener la respuesta.

En efecto, fue en 1990, pasada la treintena, cuando Gonsalves se puso a pintar full-time tras el éxito de una de sus muestas en su Toronto natal. Después, ha pasado por numerosas galerías, siempre acompañado más del favor del público que de la crítica académica. El triunfo le ha llegado por la vía de lo kitsch y lo popular, podría decirse. Pero sus creaciones también ascienden peldaños sociales, y algunas de ellas gustan, al parecer, a algún que otro senador estadounidense y están presentes en diversas embajadas.

Sus imágenes suelen servirse casi siempre de dos elementos, uno normalmente arquitectónico y otro procedente de la naturaleza. Al pasar nuestra mirada por la parte de la obra en que se entrecruzan ambos elementos, el segundo dota de una nueva perspectiva al primero. No hay mucho más.

Ni mucho menos, dirían sus fans. El estilo de Gonsalves ha sido a menudo etiquetado de realismo mágico con perspectivas casi oníricas. Las clarisimas influencias de Dalí, Magritte o Escher en las obras de Gonsalves han servido para conectarlo a un público no necesariamente especialista. Es decir, al gran público. Al fin y al cabo, aquello que nos gusta, nos gusta sin más. Después, se pueden hacer los análisis que se quieran. Puede haber gente dedicada toda su vida a entender el porqué de esos gustos.

Pero puede que todo sea más sencillo: ves una creación de Gonsalves y automáticamente sabes si te gusta o no, si es mágica o una cursilada.


Si una obra es buena si te gusta y mala si no te gusta, ¿hay suficiente trabajo para todos esos teóricos comeorejas?





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