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15 leonas islandesas invadiendo territorio masculino

Hemos hablado con Reykjavíkurdætur, un grupo de 15 chicas islandesas, sobre hypes, violencia sexual y falafel para niños sirios

15 islandesas jóvenes, desafiantes y con una imagen individual diferente entre cada una, pero potente en colectivo.

Reykjavíkurdætur suena a hype. OK. Nosotros hemos querido escucharlas y nos han pasado dos cosas. La primera es que en lo que queda de día no va a haber dios que nos quite de la cabeza un par de canciones suyas.

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La otra es que por supuesto hemos querido hablar con ellas.

1. Las leonas de Reykjavík comen falafel de niños sirios

¿Cómo demonios se organiza una banda de 15 personas? Ellas le quitan hierro al hecho de ser tantas, se ven más bien como una familia numerosa. " No es ninguna locura. Para ser tantas, nos llevamos muy bien entre todas y siempre nos las arreglamos para solucionar cada problema que surge con buena comunicación", nos dicen.

Los problemas, de hecho, tienen que ver más con la logística que con sus personalidades. "Hacer setlists entre 15 para que todas podamos cantar puede ser difícil, aunque no tanto como el reto de meter a 15 personas en un mismo escenario". Al funcionar como colectivo, la banda reconoce como miembros colaboradoras hasta un total de 20 chicas.

Reykjavíkurdætur significa en islandés "las hijas de Reykjavík", pero ellas se refieren a sí mismas como "leonas". Solo hace un par de años que están juntas pero su país ya se les ha quedado pequeño. Lituania o Suecia ya las han visto actuar.

Nos definen el tiempo que están de gira como "colorista". Pero que nadie se imagine una fiesta de pijamas de sosas sin sangre. Definitivamente esto no va de eso.

"En Malmö nos peleamos con unos punkis suecos. También nos comimos por error un falafel que no era para nosotras. Cuando se acabó el concierto vimos que había sobrado mucho y nos lo llevamos en bolsas para el viaje de vuelta. Luego nos enteramos de que era para niños sirios refugiados en Suecia. Fue un lamentable accidente. También nos pasan otras cosas que no podemos contarte así en público", nos dicen.

2. Putas contra el silencio

Pero, ¿de qué hablan Anna, Valdís, Katrín Helga, Ásthildur, Salka, Þórdís, etc., etc., etc.?

"Escribimos entre otras cosas sobre los políticos, sexo anal, Tinder y slut shaming", nos aclaran.

El slut shaming no es sino una de las más nocivas representaciones de sexismo. Consiste básicamente en juzgar, ridiculizar e insultar a una chica por su forma de vestir o comportarse, llegando incluso a ser argumento para la justificación de una violación. Desde 2011, la Marcha de las Putas ( Slut Walk) se celebra internacionalmente para recuperar tanto la palabra como la dignidad.

En Reykjavík, el evento es masivo y familiar. Este año hubo récord de participación con 20.000 personas y ellas actuaron allí. El año pasado el himno de la manifestación fue una canción de Reykjavíkurdætur, D.R.U.S.L.A. O sea, puta. "Las mujeres somos nuestras propias dueñas. En Islandia tenemos un problema grave de violencia sexual", nos aseguran.

Islandia no es desde luego el paraíso de igualdad sexual que creemos desde fuera. Hace unos meses, en junio pasado, muchas mujeres dijeron basta. Cuando una mujer preguntó en un grupo de Facebook islandés si alguna más había sufrido abuso sexual, se destapó la caja de los truenos. Centenares contaron su caso. #þöggun (silenciadas) se convirtió en un hashtag revelador.

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No pocas islandesas cambiaron esos días sus avatares de Facebook por emoticonos amarillos y naranjas. Amarillo significaba que conocían a una víctima de abuso sexual. Naranja, que eran ellas mismas.

3. Desmontándolo todo

"Nos preguntamos de dónde viene la fama de nuestro país. ¿Quién decidió que Islandia era el mejor lugar para vivir siendo mujer? No hay apenas mujeres líderes, se nos paga menos que a los hombres en el trabajo, se niegan hasta un 70% de los ataques de violencia sexual. La proporción en los festivales de música es 85%-15% entre hombres y mujeres. Estamos lejos de la igualdad", nos escriben.

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Por supuesto, Reykjavíkurdætur ha sentido la desorientada y al tiempo inquisitiva mirada masculina sobre ellas. "Cuando empezamos hace dos años no había mujeres rapeando. Algunas lo habían intentado pero simplemente no les dejaron sitio", afirman. "Muchos se volvieron locos cuando comenzamos. Los tíos sentían que invadíamos su territorio. Era como haber entrado a su habitación y haber comenzado a jugar con sus cosas".

Para ser punk no hace falta ni huir de los dentistas ni tener un solo par de pantalones ni gritar mierda entre dos acordes mal tocados. La actitud, el compromiso y confianza que ha de haber en un colectivo de 15 amigas y, la sonrisa macarra que no pierden, hacen a Reykjavíkurdætur punks a su manera.

Tras el colapso financiero en el que los tres principales bancos del país hicieron crac, la voz vanhæf ríkisstjórn, gobierno incompetente, ocupó Islandia. Ellas, por supuesto, lo gritan en sus canciones.

Hoy, tras aplicar controles al capital y la especulación, las personas que ven el mundo a través de los números dicen que Islandia es un país renacido.

Un país renacido, frío, justo, tranquilo.

"Ey, en esta islita hay 60 bares en una sola calle y además estamos nosotras, ¿te sigue pareciendo aburrido?", protestan.

OK, Reykjavíkurdætur. Nos habéis convencido. Y perdón por lo de hype. Las apariencias engañan.

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