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Cuerpos que no se tocan: así funciona el deseo en la era del ciberespacio

¿Cómo deseamos en el ciberespacio? ¿Cuáles son las claves de las relaciones online? ¿Acabará la seducción tradicional relegada a algo residual? Reflexionamos con la filósofa Remedios Zafra sobre los blancos, negros y grises del deseo en Internet

00011110001000100010101. Para muchas parejas, el sistema binario con el que se rigen los ordenadores es algo más que una sucesión de ceros y unos combinados. Para millones de seres humanos estos 2 números son sinónimo de amor, cercanía, comunicación, confianza y deseo. Y tan solo tienes que haber vivido alguna vez una relación a distancia para entender de lo que hablamos.

Precisamente las relaciones humanas en el ciberespacio, la ausencia del cuerpo, la comunicación a través de pantallas, la imaginación o la intimidad que genera un simple chat son algunos de los aspectos que estudia desde hace años la filósofa Remedios Zafra. Hablamos con ella con motivo de su participación ayer en la conferencia Cuerpo, deseo y (ciber)espacio en el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona (CCCB).

Para Zafra, “ la ausencia del cuerpo y del otro incentiva la imaginación y aumenta la energía erótica”. Nos hallamos lejos de nuestra pareja pero la tecnología nos permite estar muy cerca, gracias a herramientas variadas que buscan sentir y recrear al otro.

¿La principal? El texto.

La piel de las relaciones en el mundo real pasa a ser la palabra. “Buscamos las palabras para querer al otro, seducirlo y sentir que está cerca. Creamos un espacio de cercanía en el que si algo no se ha dicho es que no ha existido. Y esta palabra lleva a la necesidad de creer en lo que nos dice el otro”, nos cuenta. Más allá de la palabra, las personas que se relacionan en el ciberespacio utilizan otras estrategias: “imágenes, vídeo, sonido, intercambio de fetiches y apéndices, como la teledildónica”.

Además, estas relaciones de deseo, ubicadas en el pasado en espacios determinados para el placer – el hogar, las zonas de cruising, los burdeles –se “deslocalizan” y salen de esta esfera privada. “Durante siglos, la sociedad occidental ha diferenciado lo público de lo privado, ubicando lo íntimo en lo privado. Y esa diferenciación ha sido transgredida con Internet”, explica Zafra. “Lo privado no se esconde sino que se visibiliza. Mostramos nuestra intimidad y nuestro cuerpo sin el pudor de otras épocas”.

Según Remedios Zafra, uno de los grandes éxitos de las redes sociales y de Internet es precisamente ese: el yo exacerbado. El deseo de ser deseado. “Podemos hablar de muchas cosas pero el centro de atención de tu red social eres tú”, incide. El yo, los deseos y nuestro cuerpo. Y las industrias digitales en lugar de desmontar el género y los atributos del cuerpo, nos animan a revalorizar la imagen del YO real.

“Acreditar lo que somos a partir de cuántas más imágenes mejor, más vídeos de realidad... que demuestren que quien se encuentra tras ese perfil existe”, cree la experta. Todo bajo la advertencia de “quién no dice quién es esconde un posible delincuente”. Según Zafra, este“yo acreditado” ha contribuido a que hayamos donado de forma irreflexiva fragmentos de nuestras vidas a las industrias digitales”.

“Buscamos las palabras para querer al otro, seducirlo y sentir que está cerca. Creamos un espacio de cercanía en el que si algo no se ha dicho es que no ha existido. Y esta palabra lleva a la necesidad de creer en lo que nos dice el otro”.

Unas industrias digitales que han territorializado Internet de acuerdo a sus propios códigos éticos e intereses, creando unos espacios para el deseo en los que se siguen perpetuando las formas de dominio y poder del mundo offline. Entre ellos, la violación del derecho al consentimiento de las mujeres.

Un mundo virtual en el que ya se producen situaciones de abuso sexual parecidas a las de la vida real, o en el que los avatares de Second Life tienen sexo con niños. Situaciones que dejan en evidencia el absoluto desamparo legislativo que rige el ciberespacio. “Muchos lo ven como algo positivo, como un mundo más libre para conquistar”, nos cuenta Remedios Zafra. “El deseo en el ciberespacio opera sin restricciones, pero si no tenemos formación y códigos propios en ese sentido, el mundo virtual se convierte en un sálvese quien pueda, un vale todo”.

Sin embargo, no todo está perdido. “El contexto de Internet es artificial, pero en tanto que es artificial es transformable”, explica Zafra. Y si en el mundo real se reconstruye el género, la sexualidad e incluso el propio cuerpo ¿Puede ocurrir lo mismo en el ciberespacio? ¿Se convertirá el ligoteo cara a cara en algo contracultural? ¿Acabaremos todos enamorados de un sistema operativo, como el protagonista de Her?

“En el futuro se hablará de relaciones convencionales, de tomar cervezas con amigos, de tener relaciones a distancia normalizadas, sentir el cuerpo del otro a través de teledildónica y también de una nueva línea de experimentación del placer y los afectos en los que las máquinas tendrán protagonismo”, reconoce Zafra.

“El deseo en el ciberespacio opera sin restricciones, pero si no tenemos formación y códigos propios en ese sentido, el mundo virtual se convierte en un sálvese quien pueda, un vale todo”.

“La IA es una programación de humanos, pero no cabe desestimar el papel que juega la imaginación y la ficción en ese futuro. El querer creer, convertir parte de esa ficción en su realidad es algo que ya está ocurriendo”, incide. “Creo que la ficción va a ser algo importante en nuestras relaciones futuras. Hasta ahora se consideraba una patología pensar que uno pueda tener una relación con un robot, pero es un tabú que tenemos que superar”, remarca Zafra.

Y finaliza: "entiendo que en nuestra sociedad occidental actual, esto forma parte de algo que se encuentra en el otro lado de una frontera, pero esta línea está cada vez más difuminada. Y lo más probable es que en el futuro haya personas que decidan vivir parte de su vida considerando que esa ficción forma parte de su día a día". 

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