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¿Refugiado o turista? Una inquietante industria se abre camino en Suecia

O cómo un expolítico xenófobo gana millones con los inmigrantes que llegan al país

La cara menos amable de las sociedades del norte de Europa, como la sueca, es su hostilidad hacia los inmigrantes. Para los refugiados que huyen de conflictos políticos en busca de asilo, las dificultades que se encuentran son muy parecidas a las de quienes llegan al país buscando, tan solo, una vida digna.

Debido a los múltiples conflictos en Oriente Medio y la guerra entre Ucrania y Rusia, unos 80.000 refugiados probarán suerte en Suecia hasta final de año: es la misma cifra que recibió todo EEUU en 2013 y el triple para Suecia comparado con los registros de cinco años atrás. Los refugiados provienen de países tan diversos como Siria, Nigeria o Eritrea, y se han convertirdo en protagonistas de un cambio de perspetiva hacia la cuestión migratoria: ahora, su alojamiento en el país nórdico es un negocio boyante.

El emprendedor que ha visto nicho de mercado en los procesos de asilo no es otro que Bert Karlsson, un empresario y ex político abiertamente populista que pasó sus últimos años en el parlamento sueco representando a un partido de ultraderecha y racista. Karlsson ha convencido a su gobierno de que, ante el incremento de refugiados que llegan al país, no es necesario construir centros de alojamiento públicos ni diseñar una estructura asistencial que garantice su bienestar. Pueden pagar para que otro –Karlsson en este caso– se encargue de ello.

Con una red de trabajadores subcontratados, básicamente otros empresarios y propietarios de inmuebles, el político xenófobo ha conseguido facturar 1,6 millones de euros al mes a  la administración sueca. Afirma haber creado "la industria de la hospitalidad”, un negocio con muy buenas perspectivas para crecer en tiempos de dificultades económicas, y que está generando remarcables beneficios. Sin ir más lejos, uno de sus trabajadores ingresa 150.000 euros al mes por encargarse del alojamiento y manutención de 126 refugiados. Una subcontratación oficial y legal.

Los argumentos para frenar la inmigración y los discursos xenófobos han formado parte de las últimas campañas electorales de Suecia. Sin embargo, ahora que se están celebrando elecciones generales, sólo los Demócratas (un partido ignorado por el resto de formaciones del parlamento) mantiene la hasta popular promesa de poner freno a la entrada de inmigrantes. El resto de partidos ya no quieren ganar votos con argumentos anti-inmigración. Y es que un cambio de la dirección del viento ha convertido los refugiados en otra clase de turistas, en una oportunidad de riqueza para aquellos que siempre les habían rechazado.

El mejor pasaporte para los migrantes siempre había estado ahí y se llama dinero. Bienvenidos a Suecia y a la nueva industria del exilio político.

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