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¿Quieres un aumento de sueldo? Hazte 'jebi' y sáltate el almuerzo

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Dos estudios señalan que pasar hambre y escuchar heavy metal ayuda a conseguir objetivos laborales

Alba Muñoz

08 Agosto 2014 16:48

Hay estudios tan tontos que se convierten en manuales caseros de autodestrucción. El coaching profesional es un pozo sobreexplotado al que acuden tanto psicólogos, sociólogos y otros estudiosos a sabiendas de que es un área que despierta interés entre millones de lectores precarios o en paro. A veces estas investigaciones se van de madre y sus creadores parecen sumidos en la misma desesperación laboral. Sus buenos propósitos pueden convertirse, digamos, en consejos marca A.C.M.E.

Al menos eso es lo que se desprende de una reciente investigación que Emily Zitzek y Alexander Jordan llevaron a cabo desde las universidades norteamericanas de Cornell y Dartmouth. El título del estudio, Necesito comida y me merezco un aumento: la gente se siente más reivindicativa cuando tiene hambre no deja demasiado lugar a la duda. Se concluye que las personas con gusanillo son más propensas a apuntar alto y a hacerse valer.

La investigación se llevó a cabo con una encuesta a 103 estudiantes: quienes no habían desayunado ese día se identificaban con afirmaciones del tipo “honestamente, creo que soy más digno que los demás” y “las cosas deberían ir a mi manera”. El 78% de los hambrientos rehusaron participar en una encuesta adicional. La saciedad, por lo visto, está relacionada con un mayor relajo y sentido de la colaboración. Sorpresa.

En un experimento posterior Zitzek y Jordan convocaron a 213 estudiantes para una prueba olfativa. Un grupo pudo oler cómo una pizza congelada se horneaba y el otro no. El primero se sintió significativamente más merecedor del manjar que los demás. Los científicos dedujeron que el hambre hace que las personas se concentren en sus necesidades internas y que su prioridad es sentirse mejor: “Una vez que han satisfecho esa necesidad pueden acudir a otras necesidades, como las relaciones sociales”, explicaron a Wall Street Journal.

Podríamos añadir desde esta humilde tribuna que un ser humano entrando la primera fase de desnutrición es perfectamente capaz de matar a su jefe e ingerirlo en 200 cómodas raciones repartidas en tuppers. Pero los investigadores advierten: “Es muy importante no tener empleados hambrientos”. En su opinión, tomarse estos descubrimientos al pie de la letra puede derivar en conductas hostiles.

Una de heavy antes de la reunión

La vida laboral es, cada vez más, una selva en la que la buena predisposición física y psíquica parecen indispensables. Los trabajadores agresivos o con un pie en la calle se vuelven depredadores y la máquina de café se convierte en una charca en la que todos somos gacelas. Antes de pedir un aumento de sueldo, atiende.

El siguiente estudio, titulado La música del poder, está dirigido por el profesor de la universidad de Northwestern Dennis Y.Hsu, y viene a decir que los géneros musicales con bajos potentes, como el heavy metal, son magníficas fuentes de autoconfianza. “Los efectos de la música no sólo se manifiestan en su capacidad de entretener, sino también en la capacidad de imbuir en los seres humanos un sentido real de poder”.

Nos ha jodido. Lo que el profesor Y.Hsu parece haber llevado a cabo es una demostración empírica de algo que ya sabemos: en su experimento con 78 estudiantes universitarios observó que quienes escuchaban una canción de Black Sabbath se sentían poderosos, dominantes y con energías positivas (en concreto: energía, emoción y entusiasmo).

El motivo es que asociamos los sonidos graves con la autoridad y la fuerza (véase Darth Vader). Sin embargo, lo que Y. Hsu viene a sugerir ya se ha comprobado con otros estudios sectoriales, como éste en el que se afirma que los empresarios con voz grave tienen más éxito.

Aprovechamos la ocasión para lanzar un mensaje a la comunidad científica con escasez de ideas: pueden dedicar algunos esfuerzos a llevar la paz a las trincheras laborales. No sea que un día de estos vayamos al trabajo sin desayunar, en la radio echen una de Slipknot y se líe la marimorena.

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