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Queríamos decir amor, pero escribimos resistencia

La poesía más lúcida y reivindicativa se hace desde esos lugares a los que tan poco miramos, y desde esas guerras que tantas vidas se llevan

«Si privan a mis poemas/ de las flores/ una de mis estaciones morirá./ Si privan a mis poemas/ de mi amada/ dos de mis estaciones morirán./ Si privan a mis poemas/ del pan/ tres de mis estaciones morirán./ Si privan a mis poemas/de la libertad/ mi año entero morirá/y yo con él

En este breve poema escrito por el Sherko Bekas, poeta de Kurdistán nacido en 1940 y fallecido hace apenas un año, podemos encontrar la esencia pura de buena parte de la última poesía escrita y publicada por los autores nacidos no ya en la cultura islámica, sino más bien en la cultura de la guerra. Para Bekas hay cuatro cosas esenciales en el universo, y estas son el amor, la naturaleza, el alimento y la libertad. Todas estas palabras son sinónimos cuando las leemos en su poesía, y todas estas palabras son reclamos que en ocasiones desde occidente no logramos apreciar. Parecen fáciles, pero son brutales. Parecen pobres, pero guardan dentro de ellas toda la humanidad y el amor que aquí hemos perdido.

«La libertad cuesta sangre»

Aref Akrez y Ammar Tabbab

Precisamente la palabra amor fue la primera en aparecer sobre la mesa cuando un periodista del Atlantic, Eliot Ackerman, contactó con Aref Akrez y Ammar Tabbab para un reportaje sobre los poetas sirios refugiados tras la guerra que sufrieron en su país hace cuatro años. Cuando Ackerman les preguntó esa clásica e inevitable pregunta a propósito de cómo habían comenzado a escribir, los dos coincidieron en una misma respuesta: “por culpa de una chica”.

Es curioso ver cómo al fin y al cabo todos comenzamos a escribir por la misma razón, para enamorar, para hacernos notar, para hacer ver al ser deseado que existimos, y que estamos aquí dispuestos a dedicarles todas nuestras mejores palabras. Ammar Tabbab, de hecho, nunca ha dejado de amar a esa mujer de la que se quedó prendado años atrás, aunque ya no sepa dónde está, ni cómo se llama, y ni siquiera se atreviera a mostrarle su primer poema. Ahora, para él, esa mujer ya es sólo un símbolo, y ese símbolo se llama compromiso, y ese compromiso es pura política.

En su conversación con los dos poetas sirios, lo que Ackerman nos hace comprender es una cosa muy sencilla pero triste a la vez, y es que en ciertos países de Oriente Medio y Próximo hay generaciones y generaciones de escritores condenados a debatirse entre su intimidad y la violencia del terreno que habitan. Mi trabajo es político. Toda la política tiene sus raíces en la emoción por lo que el poeta tiene que estar presente en esta intersección, reconoce Ammar Tabbab a The Atlantic.

En Siria, sí, pero también en Palestina, Afganistán o Irak encontramos ejemplos de autores que sólo han conocido la guerra, la opresión y el miedo. Escritores de culturas y países muy distintos, que de pronto han encontrado palabras parecidas. La libertad cuesta sangre, dice el joven poeta sirio. Si privan a mis poemas de libertad, mi año entero morirá, y yo con él, dice el viejo poeta iraquí. Porque ellos, como muchos otros, quisieron primero escribir “amor”, pero al final acabaron diciendo “resistencia”.

«Revoluciones tras la puerta de cada casa»

Dunya Mikhail

En 2013, pocas semanas después de que Sherko Bekas falleciera, la poeta iraquí Dunya Mikhail publicó en la célebre editorial norteamericana New Directions una pequeña antología poética que reúne a 15 poetas iraquíes que vivieron y escribieron durante el siglo XX. Muchos de ellos están muertos, y otros son ya muy mayores. Algunos alcanzaron la fama, otros consiguieron exiliarse, y otros vivieron para siempre en su país, dedicándose como buenamente pudieron al oficio de la literatura.

No sorprende ver que si hacemos un repaso a todos los poemas que conforman la antología —uno por autor, eso sí, traducidos al inglés y acompañados de una extensa biografía de cada cual— nos toparemos con que algunos de los conceptos en del libro son Dios, Guerra, Cuerpo, Amor, Niños, Sangre o Revolución.

 Ahmed Fouad Negm

A finales de este mismo año, el célebre escritor y agitador egipcio Ahmed Fouad Negm también dejaría este mundo, y con él dejaba huérfanos a muchos lectores y escritores que lo seguían desde muchos rincones del mundo, como una especie de profeta, símbolo de la revolución en Egipto, amigo de las clases más pobres, liberado tras casi dos décadas en prisión por sus acciones políticas, y portador de un espíritu juvenil que consiguió contagiar a muchos. Con 85 años, él aseguró que escribía como uno de 25. «Que se sepa por todos/ que las cárceles son sólo paredes/ que las ideas son como la luz/ que esa luz que puede saltar por más de un millar de paredes/ y que los muros no retienen el espíritu.»

Y como los muros, el fuego tampoco es capaz de retener a los espíritus. Precisamente el de Zarmina, la joven poeta afgana que acabó quemándose viva por el maltrato de su hermanos, fue la señal que hizo temblar al mundo y la que provocó que Eliza Griswold y Seamus Murphy se aventuraran a publicar la antología I am the beggar of the world, una recopilación de poemas breves y anónimos de mujeres de Afganistán que critican al Islam, a la cultura estadounidense, al machismo y a la horrible guerra. « Que Dios destruya la Casa Blanca y mate al hombre/ que envió misiles estadounidenses a quemar mi casa.» El libro salió a la venta a mediados de 2014, y la noticia de su publicación dio la vuelta al mundo, convirtiéndose en estandarte de la literatura feminista.

Pero si algo está haciendo terrible al año presente, eso es el regreso de la violencia a las tierras palestinas, donde más que nunca las voces de sus escritores e intelectuales se estén abriendo paso para concienciarnos del horror que su pueblo está pasando. ¿Cómo no van a hablar de odio? ¿Cómo no van a hablar de infierno? ¿Cómo no van a esconder revoluciones tras la puerta de cada una de sus casas?

Natalie Handal

Precisamente de revueltas secretas habla Natalie Handal, poeta palestina que en octubre visitará el festival de Cosmopoética (Córdoba) con sus dolorosos y femeninos poemas. De rabia habla Yahya Hassan, el joven danés de origen palestino que en septiembre publicará en España su primer y radical libro. De acción, de política y de brutalidad habla Remi Kanazi, activista palestino residente en Nueva York que lleva años intentando traducir y dar a conocer en occidente la poesía más ácida de su país. Desde su web Poetic Injustice él batalla a diario. Escribe también poemas sobre la libertad. Escribe también con el único propósito de detener tanta sangre.

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