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Pussy Riot han vuelto convertidas en brujas

Un nuevo juicio-farsa contra un opositor de Putin nos descubre la nueva cara de las feministas punk rusas

Pussy Riot han vuelto. Ha pasado un año desde que Nadezhda Tolokonnikova y Maria Alyokhina salieron de prisión tras haber cumplido casi dos por "socavar el orden social" de la ortodoxa Rusia de Vladimir Putin. Esta vez, un nuevo juicio político contra un opositor las ha hecho volver al primer plano.

Alexei Navalny es uno de los múltiples opositores al régimen de Putin. Bajo arresto domiciliario desde febrero, esperaba sentencia por malversación de fondos. Y la sentencia llegó este martes: tres años y medio para él y para su hermano Oleg, aunque finalmente solo será este último quien ingrese en prisión. Ese mismo día, Alexei incitaba a manifestarse por considerar especialmente dura la decisión contra su hermano, un castigo extra contra un familiar sin implicación directa. Se esperaba una gran concentración en la plaza Manezhnaya, frente al mismísimo Kremlin.

"Estoy bajo arresto domiciliario, pero hoy quiero estar con ustedes a toda cosa, por eso salgo para allá", fue el mensaje que Alexei Navalny escribió en su cuenta de Twitter. Fue detenido en la calle, a escasos metros de la concentración. La protesta no estaba autorizada y, según el tradicional baile de cifras, contó con una participación de entre 1.500 personas según la policía rusa, y hasta 18.000 según los organizadores. El carismático opositor ya ha sido considerado por Amnistía Internacional como un preso víctima de los juicios-farsa del régimen de Moscú.

Alexei Navalny, momentos antes y durante su detención el pasado martes en Moscú

Alexei Navalny podría ser, según expertos en política rusa, el candidato con mayores opciones de arrebatar el poder a Putin en 2018, un año especialmente delicado ya que el mundial de fútbol se celebrará en Rusia. Tanto EE.UU. como la Unión Europea han mostrado ya sus sospechas acerca de la transparencia del juicio y sentencia a los hermanos Navalny.

Desde luego, no ha sido el mejor año para la popularidad exterior de Putin, evidenciado por el conflicto por Crimea con Ucrania. El poderío energético de Rusia, no obstante, es su mayor garantía de seguridad. Su debilidad: las miles de personas que en Manezhnaya coreaban "Crimea no es nuestra", "Putin ladrón" o "Sin Putin no hay guerra".

Las brujas que Putin no puede quemar

Pero las molestias para Putin no han acabado, y seguramente irán a más. Si la Rusia conservadora se había olvidado de las Pussy Riot, no debería haberlo hecho. La última vez que las habíamos visto fuera de charlas y viajes acabaron brutal y literalmente azotadas por los látigos de los cosacos de Putin. Fue en Sochi, en febrero, tras cantar "Putin te enseñará cómo amar a la Madre Patria" en protesta contra los JJOO de invierno.

Han vuelto y hay algo diferente en ellas. Quizá incluso más amenazador, por inesperado. Han abandonado el punk destartalado que les llevaba a ocupar iglesias ortodoxas y han perfilado una imagen más sofisticada, entre lo kitsch y el vamp en este caso, con un evidente salto hacia delante en lo que a producción se refiere. Y han salido en apoyo de Alexei Navalny.

Su último vídeo es una llamada a la protesta que se celebró en la plaza Manezhnaya, conocida popularmente como Manezhka. No obstante, tiene mayor recorrido temporal, puesto que Pussy Riot se proponen barrer la basura de Manezhka, es decir, del Kremlin. Para ello, se han disfrazado de brujas, el insulto históricamente utilizado por el patriarcado contra mujeres incómodas. Subidas a esas escobas seguro que ningún esbirro de Putin podrá alcanzarlas.

Con un régimen carcomido, pocas personas dudan ya de que en la próxima Rusia habrá más Pussy Riot y menos Putin.

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