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La última denuncia de Pussy Riot no les ha salido nada bien

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Mira su último videoclip, I can't breathe

Luis M. Rodríguez

20 Febrero 2015 12:31

Lo ha gritado la gente corriente en las calles. Lo hemos visto impresionado sobre las camisetas de grandes estrellas del deporte. En Broadway lo han entonado entre poesía ferviente de orgullo afroamericano. Su espíritu ha incendiado decenas de entrevistas, editoriales, canciones y conversaciones de bar.

"I can't breathe", la frase que repitió Eric Garner mientras era reducido hasta la asfixia por la policía neoyorquina sobre una acera de Staten Island, se ha convertido en eslogan y en grito de rabia de todos quienes no callan ante los episodios, demasiado frecuentes, de violencia policial contra todos, y sobre todo contra la gente de raza negra.

En medio de toda esa turbación generalizada, llegan ahora Pussy Riot (o las que fueron parte de Pussy Riot) a aportar su granito de arena a una lucha que también es la suya, porque es la de todos. Su esfuerzo, sin embargo, aparece empañado por las formas.

Nadya Tolokonnikova y Maria Alekhina estrenan un vídeo en el que cantan por primera vez en inglés. Se llama I Can't Breathe se dice dedicado a "Eric Garner y a las palabras que repitió once veces antes de su muerte". Ellas entienden la canción como tributo solidario a todas aquellas personas a lo ancho del globo que sufren el terror de estado, pero lo único que vemos en el vídeo es... ellas, ellas y más ellas.

El visionado despierta sensaciones encontradas. De entre todos los miles de gestos que han recurrido al "I can't breathe" para mostrar su malestar con la violencia sistémica, el de las activistas rusas destaca por personalista. Quizás demasiado. También por alejado de la realidad racial que subyace a la muerte de Eric Garner y a todas las manifestaciones críticas que se han desatado a raíz de su caso.

Citar a Garner parece una excusa para ganar protagonismo para su marca personal; una marca que ni siquiera les pertenece. Donde antes había máscaras, acción colectiva y lucha contra el culto a la personalidad, ahora hay pelos teñidos, labios pintados, platós de rodaje, focos y primeros planos de sus caras bonitas.

Tolokonnikova y Alekhina se ponen a ellas mismas en el centro, alterando la narrativa de esas tres palabras que usan como título en dirección a sus propias experiencias, distorsionando así su valor simbólico original. Cuando acaba el vídeo, uno puede haber olvidado a cuento de qué o quién se supone que venía la canción.

El espectáculo no es un conjunto de imágenes sino una relación social entre las personas mediatizadas por las imágenes, escribía Debord hace ya casi cincuenta años. Nosotros aquí sólo vemos espectáculo. Y el espectáculo casi nunca conduce a ninguna parte salvo a sí mismo.


El mundo no necesita a un nuevo Bono, y sí más voces anónimas dispuestas a disentir y pensar más allá de los tópicos

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