Actualidad

¿Pueden los videojuegos ayudar a crear un mundo mejor?

La verdadera “nueva generación” de videojuegos no pasa por nuevas consolas sino por nuevos presupuestos éticos

En un momento del tráiler de adelanto del modo online de 'Grand Theft Auto 5' la voz en off dice: “Podrás formar una banda con tus amigos y planear un atraco, robar una licorería o competir en el clásico modo online”. Esto último, por cierto, podría traducirse por un “abate a tiros a todo aquel que se cruce en tu camino”. El vídeo dura tres minutos y transmite una idea clave: puestos a cometer tropelías, si lo hacemos juntos será mucho más divertido.

El componente colaborativo implícito en el modo multijugador, una práctica masiva en el medio online, se vislumbra como una de las claves de los videojuegos de nueva generación, pero no es, ni mucho menos, una novedad. Los jugadores de World Of Warcraft llevan cerca de dos décadas librando batallas conjuntas y compartiendo sus conocimientos en la WoWWiki, la mayor wiki del mundo detrás de Wikipedia. Los videojuegos refuerzan los lazos sociales con los usuarios que comparten nuestros gustos y nos animan a trabajar conjuntamente para solucionar problemas. Mientras tanto, en el mundo real, cada vez nos mostramos más individualistas y encerrados en nuestro pequeño microcosmos. ¿Sería posible trasladar esta confraternización a nuestra vida diaria?

Tal y como explicaba la diseñadora de videojuegos Jane McGonigal en su charla para TED en verano del pasado año, un joven de un país desarrollado habrá jugado, de media, 10.000 horas a videojuegos cuando cumpla 21 años. Son, aproximadamente, las mismas horas que pasan los alumnos americanos en clase desde que empiezan su escolarización hasta que acaban el instituto. 10.000 horas que, a la fuerza, tienen que generar algún tipo de conocimiento y desarrollar ciertas habilidades. Tal y como apunta McGonigal, si lográsemos descifrar qué es exactamente lo que están aprendiendo estos gamers y pudiésemos aplicar este know-how a los retos del mundo real dispondríamos de un capital humano prácticamente ilimitado.

Para lograrlo, sin embargo, primero será necesario desarrollar juegos que inciten a resolver los problemas adecuados. En un reciente artículo en The Guardian, Paul Mason reflexiona acerca de cómo los videojuegos más populares recrean la ética del capitalismo más salvaje. Ya seas un héroe mitológico en The Elder Scrolls, un aspirante a gángster en GTA o un granjero en Farmville, el mensaje es el mismo: aplasta a los demás y amasa una fortuna. Superar esta obsesión con la competitividad es uno de los grandes retos de los creadores de videojuegos. Idear tramas en las que, por ejemplo, el objetivo no sea convertirse en un delincuente millonario sino aprender a repartir recursos del modo más equitativo posible. Juegos que, en definitiva, no sólo sirvan para evadirnos en mundos paralelos, sino para entrelazar virtualidad y realidad con el objetivo de jugar en aras del beneficio global. Quizá ahora mismo no suene muy divertido, pero las posibilidades son infinitas. Esa, y no otra, sería la verdadera nueva generación de videojuegos por la que merece la pena apostar.

¿Te ha gustado este contenido?...

Hoy en PlayGround Vídeo:

Ver todos los vídeos

Hoy en PlayGround Video



 

cerrar
cerrar