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¿Puede un robot tener sensibilidad artística? Estos maestros del código creen que sí

La empresa Bot & Dolly trabaja desde San francisco para fabricar robots creativos

En una nave industrial de San Francisco se está definiendo uno de los posibles caminos de la industria creativa del futuro: la interacción entre artistas y robots. Una nueva vía para conseguir que lo aparentemente posible sea posible. Ese es el objetivo constante de Bot & Dolly, una pequeña gran compañía de diseño cibernético que el año pasado fue comprada por el gigante Google, después de años dedicados a desarrollar software y maquinaria que nadie parecía capaz de hacer (y de ser parte esencial en la creación del hit cinematográfico del año, "Gravity").

Lo primero que les dijo Alfonso Cuarón cuando les explicó el proyecto de su siguiente película fue precisamente que lo que quería hacer no podía hacerse. O al menos no con las técnicas cinematográficas habituales. Así que lo que hicieron fue darle la vuelta al asunto: para conseguir el increíble efecto de ingravidez que se plasmó en pantalla, Bot & Dolly crearon primero una serie de entornos 3D digitales que reproducían los tiros de cámara, y después utilizaron brazos robóticos programados para grabar a los actores en sincronía perfecta con los entornos previos. A este material después añadieron la postproducción digital final, en un proceso constante de feedback entre real, mecánico y sintético.

Es precisamente en este campo de infinitas interacciones en el que tratan de concentrarse ahora. Construir robots que puedan reproducir los gestos humanos, que puedan incluso aprender a tocar instrumentos musicales con todas las imperfecciones y sutilezas que los humanos confieren a la interpretación. Para Tobias Kinnebrew, director de producto de la compañía, se trata de conseguir que el robot "hable en la lengua nativa de lo que haces". Un deportista habla en el lenguaje de lo físico, del deporte. Un cocinero habla el lenguaje de la cocina. Y es en ese nivel en el que humanos y máquinas han de aprender a comunicarse.

Y ojo, que no sólo de arte vive el robot: la empresa también está desarrollando máquinas que construyen estructuras habitables. Quizás un robot nunca pueda construir una casa por sí solo, pero si los resultados de su trabajo son tan alucinantes como los de su popular corto "Box" (en el que absolutamente TODO está grabado en tiempo real, sin CGI -imágenes generadas por ordenador- añadida), servidor al menos quiere ver hasta dónde podrían llegar en el intento.

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