Actualidad

¿Puede el humor subvertir nuestros tabús?

Abordamos algunos casos de humoristas que exploran los límites de la moral

El humorista francés Dieudonné M'bala es noticia en casi todos los periódicos del mundo. El gobierno republicano ha censurado sus shows por antisemitas, abriendo muchos interrogantes sobres los motivos de tal prohibición. Algunos quieren ver en ello una estrategia del ministro barcelonés Manuel Valls para lavar su imagen, pues no hace mucho se lo había acusado a él mismo de racista. Otros consideran que los espectáculos de M'bala no tienen nada de humorísticos. Además, que celebrites como Anelka o Tony Parker hayan hecho en público el gesto característico del comediante —una especie de saludo nazi inverso— no ha contribuido a atemperar la cuestión.

Pero Diudonné M'bala no es flor de un día. El diario Spiegel reseñaba hace poco el nacimiento de una nueva generación de humoristas que no dudan en abordar los prejuicios de los alemanes, burlándose de quien haga falta. Es el caso de Jilet Ayse y sus pullas acerca de la violencia de género: en su espectáculo aparece vestida como la reina de las chonis, adoptando una estética (¿y una forma de pensar?) típicamente chav. Con un acentuado slang turco, Ayse defiende orgullosamente en sus shows su derecho a ser golpeada por su marido. Todo un cóctel de violencia de clase, racismo y misoginia.

En España tampoco somos ajenos a estas disputas. Hace casi un año que Revista Mongolia sacaba en portada una esquela del presidente Mariano Rajoy, en referencia a la fotografía falsa que publicó El País para acreditar la enfermedad de Hugo Chávez. Los demás medios de comunicación españoles se rasgaron las vestiduras por aquello de que 'con la muerte no se bromea'. Suponemos que tampoco con el racismo, la violencia de género, ni el holocausto.

Sin embargo, ¿qué pasa cuando nos cachondeamos de las víctimas de la violencia de género para poner de manifiesto lo absurdo del discurso patriarcal? ¿No es más ofensivo escuchar que las mujeres deben callarse, someterse y hasta aguantar que sus maridos abusen sexualmente de sus hijos? Incluso si el humor negro tiene por objetivo defender una causa noble, ¿debemos presuponer un halo de sacralidad en torno a las víctimas que excluya la posibilidad de chanza?

Para muchos sí. Lo comprobó hace un par de años al cineasta Nacho Vigalondo, que se rió en Twitter del negacionismo, aunque adaptando su ebria retórica a la primera persona. Algunos no entendieron o no quisieron entender el juego irónico de Vigalondo y lo declararon el Lars Von Trier de nuestra cultura biempensante. ¿Por qué deberíamos censurar el humor que ridiculiza los discursos deplorables del racismo, del terrorismo o la dominación masculina? No se trata de un ocioso coñearse de la desgracia ajena. Gran parte de este tipo de humor negro contiene un importante remanente de crítica social. ¿Cuál es el problema?

Algunos sostienen que la reverberación viral de la información termina por desdibujar el contenido político para quedarse sólo con el esqueleto del mal gusto. De Dieudonné M'bala quedará un gesto que, independientemente de su origen, es muy probable que sea adoptado por jóvenes antisemitas. Cuando escribes 'Vigalondo' en Google algunas de las primeras opciones que te ofrece el buscador es 'Vigalondo Holocausto' y 'Vigalondo antisemita'. En última instancia, la preocupación parece ser que alguien no comprenda la ironía y asuma como suyo el discurso de Jilet Ayse.

Su tesis es que el humor nunca será capaz de desarticular los tabúes culturales. Los chistes sobre negros seguirán haciendo más gracia a los racistas, como parece constatar Trivers en su libro sobre el autoengaño. El filtro de la socarronería no haría sino reforzar los clichés sobre las minorías: sólo cabe recordar que la figura de 'El neng', un personaje cómico que aglutinaba todos los tópicos de la cultura cani catalana, finalmente fue adoptado casi como un símbolo por aquellos de quienes se reía.

Lo que debemos preguntarnos, al final, es si este tipo de humor nos causa repelús porque es incapaz de ponerse al servicio de la moral, o más bien nos molesta que destape nuestros propios prejuicios.

¿Te ha gustado este contenido?...

Hoy en PlayGround Vídeo:

Ver todos los vídeos

Hoy en PlayGround Video



 

cerrar
cerrar