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¿Puede el crowdfunding urbano transformar la ciudad del futuro?

Can Vies abre una campaña de micromecenazgo para financiar su reconstrucción, sumándose a un reguero de proyectos que intentan invertir las jerarquías urbanas tradicionales

¿Qué hacer cuando un barrio tiene una necesidad que cubrir, cuando en una ciudad falta algo, o se intuye el potencial para que un sitio sea más vivible? La respuesta larga pasa por procesos de estudio urbano lentos y costosos, en los que hay demasiados intereses externos involucrados. Grandes proyectos, burocracias monstruosas y una serie de decisiones políticas que van mucho más allá del interés del ciudadano común. Y que muchas veces no sólo no solucionan el problema, sino que lo empeoran. ¿La respuesta corta? Poner a la comunidad a trabajar en colectivo. Lo que se conoce de toda la vida como arrimar el hombro, vaya.

El pasado miércoles 18, los responsables del Centro Social Autogestionado Can Vies, en Barcelona, lanzaron un crowdfunding para reconstruir lo que el Ayuntamiento y TMB habían tirado abajo durante un desalojo de consecuencias funestas. 17 años de historia de un centro que era y es nodo esencial para un barrio, caían en medio del cabreo ciudadano. Barceloneses hartos de un modelo de ciudad gestionado desde arriba para los de arriba y los de fuera incendiaban la calle. Disturbios, violencia policial y muchas negociaciones después, se procede al intento de reconstrucción de un símbolo. Y se hace con herramientas modernas, pero con intenciones ancestrales: crear comunidad, poner la calle en marcha.

El crowdfunding es sólo la manera actualizada en la que hoy día intentamos gestionar algo que, en realidad, tampoco es nuevo en el campo de la arquitectura y el urbanismo. Muchas ciudades que hoy pueden parecer el colmo de la planificación urbana (Barcelona sin ir más lejos) no serían lo que son sin los asentamientos informales que las familias de inmigrantes obreros fueron construyendo en las periferias, con lo que tenían a mano, y apoyándose en otra gente que estaba en su misma situación. Asentamientos que después se convirtieron en barrios y que hoy están integrados en el tejido de la ciudad.

Cifras esperanzadoras

El mismo movimiento okupa, tan denostado durante años, ha creado en muchos casos alternativas urbanas de construcción o de usos públicos y abiertos del espacio al margen de la política institucional. Can Vies es sólo un ejemplo. Por eso el hecho de que ya lleven a día de hoy más 15.000 euros recaudados es esperanzador: puede que la demonización de este tipo de iniciativas esté empezando a resquebrajarse. Ante la pérdida de confianza en las instituciones, buscamos otras vías de mejorar nuestras vidas, y nos encontramos a nosotros mismos.

Por todo el globo menudean los casos de proyectos urbanos que utilizan el crowdfunding para materializarse. Una vía a la que todavía le queda mucho desarrollo y que es difícil de manejar en un ecosistema complejo como una gran ciudad. La flexibilidad de las políticas municipales, los juegos de intereses del patrimonio urbano o la capacidad de una comunidad para mirar hacia el futuro son algunos elementos que determinarán el éxito o fracaso de estas iniciativas. También conseguir una implicación real del ciudadano en la construcción del proyecto y que la participación no se limite a echar monedas en una hucha. De momento la voluntad está y se expande por el globo. El éxito de todos estos proyectos que siguen a continuación lo demuestran.

+ POOL

Plus Pool

Esta piscina con forma de cruz en medio del río Hudson, en Nueva York, se convirtió el pasado julio en uno de los proyectos públicos más grandes financiados con éxito mediante crowdfunding. La piscina es a la vez un gigantesco filtro de agua que limpia las contaminadas aguas del Hudson. Cada una de las aspas tiene un uso distinto, por lo que la + Pool es a la vez piscina para niños, para nadadores, para deportes diversos o para simplemente refrescarse un poco en medio del calorazo neoyorkino. El proyecto lleva en marcha varios años, avanzando lento pero imparable. El año pasado se probó el primer tanque de filtrado y gracias a una app específica podemos saber cómo de bien o mal está funcionando el invento.

Lucktsingel

Un puente peatonal en la ciudad de Rotterdam, que une el centro de la ciudad con las áreas comerciales del norte. Construido a base de 17.000 planchas de madera, cada una de ellas lleva grabada una inscripción que corresponde a cada uno de los donantes. El uso del crowdfunding ha permitido acelerar un plan de reforma urbana que pretende mejorar las comunicaciones peatonales dentro de la ciudad, y que estaba pensado para completarse a 30 años vista. La colaboración ciudadana ha subsanado el problema en tiempo récord, aunque todavía queda mucho por hacer.

Aula Abierta

Uno de los proyectos pioneros en usar estos mecanismos en nuestro país fue Aula Abierta, capitaneado por el arquitecto Santi Cirugeda y sus compañeros de Recetas Urbanas. El proyecto como tal nació en 2004 en Granada, cuando el arquitecto se alió con los estudiantes de la Universidad para construir un espacio educativo libre y autogestionado a partir de piezas sobrantes de un edificio en ruinas. El Aula original se desmontó en 2012, se llevó a Sevilla, y para su reconstrucción y ampliación, se abrió un crowdfunding en Goteo. A pesar del éxito de la propuesta, el futuro de Aula Abierta ahora es incierto, debido a desacuerdos con la administración de la ciudad.

Smart Citizen - Sensores ciudadanos

En el juego urbano, las tecnologías que permiten educar o conocer mejor las características de nuestro entorno también son importantes. Herramientas abiertas como el Open Street Maps, por ejemplo, permiten compartir datos sobre la ciudad que nos rodea en tiempo real. Smart Citizens es un kit con una placa basada en el lenguaje de programación Arduino que permite registrar niveles de contaminación de aire o ruido, niveles de humedad y luz en el entorno en el que estemos, y mediante su antena wi-fi podemos compartirlo en tiempo real en la plataforma online diseñada para tal efecto. Diseñado en Barcelona por Fab Lab y Hangar, pone en valor un concepto tan resbaladizo como es todo lo "smart", poniendo el énfasis en el conocimiento compartido y abierto.

The Lowline

Volviendo a Nueva York y siguiendo con la tecnología, encontramos este parque público subterráneo que se está intentando construir en lo que fuera originalmente un aparcamiento para tranvías debajo del Lower East Side de Manhattan. Situado en una de las zonas más densamente pobladas de la ciudad, y una de las menos verdes, este parque intenta reclamar un nuevo espacio de uso colectivo haciendo llegar el sol al subsuelo mediante un sistema de espejos que canalizan la luz desde la superficie. El equipo responsable consiguió financiar el proyecto vía Kickstarter en 2012, y actualmente se encuentran negociaciones con la administración para conseguir los permisos necesarios. Después llegará la fase de búsqueda de inversores potentes.

Intuimos aquí una de las cuestiones controvertidas de este tipo de proyectos. En muchos casos, la implicación del público llega sólo hasta una fase, y después se confía en el capital privado. ¿Hasta qué punto es entonces un proyecto urbano de todos? Si no se involucra en su construcción a la gente que lo va a disfrutar y se teje comunidad, los aspectos positivos pueden quedar en un mero maquillaje, bienintencionado, pero insuficiente. E l tiempo nos dirá. Mientras tanto Can Vies sigue vivo.

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