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Marihuana, bicis y bombas: la revolución más divertida

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"Provos, la revuelta anarquista de Amsterdam" recoge una experiencia radical de revolución y sonrisas

Ignacio Pato

12 Mayo 2015 06:00

Quizá estés pensando: "¿otro artículo de política? La política es un puto rollo".

Vale. Es cierto que la política ha estado siempre marcada por la épica, la seriedad y las grandes palabras. Pues un puñado de jóvenes holandeses de mediados de los 60 no estaba dispuesto a contribuir a eso. Para ello se propusieron darle aire fresco a la revolución. Se les conocía como Provos y ahora acaba de publicarse, bajo el título Provos, la revuelta anarquista de Amsterdam (Enclave de Libros), la crónica de su fugaz momento. 

Y ahora olvida mayo del 68. Esta no es la aburrida batallita de siempre sobre unos estudiantes tirando piedras a la policía. Los Provos estaban antes y lo hicieron más divertido.

Para empezar a hablar de Provos tenemos que hablar de humo y fuego. Uno de sus fundadores, Robert Jasper Grootveld, era un activista antitabaco que se dedicaba a dar vueltas alrededor de una estatua donada a las autoridades de Amsterdam por una compañía tabaquera. Grootveld acababa envuelto en la nube de humo del cigarrillo que él mismo fumaba, imitando una danza india de guerra y haciendo sonidos extraños.

La estatua acabaría un día rociada de material inflamable e incendiada.


Señor agente, estoy fumando comida para gatos



La hierba sería uno de los primeros caballos de batalla del movimiento. Para ello, ya con el ideólogo Roel van Duyn en la sombra se inventaron un juego para demostrar la ignorancia de las autoridades.

Fumaban en la calle cigarros liados con té, comida para gatos o especias, y esperaban a ser multados por la policía, incapaz de distinguirlo del cannabis. Ganaba el que más multas por consumo de sustancias legales tenía.  

Pronto llegaría su primer hit.


La princesa y el nazi roba-bicicletas



La entonces princesa Beatriz había fijado su boda con el alemán Claus von Amsberg el 10 de marzo de 1966. El problema es que el futuro rey de los holandeses había sido un activo soldado nazi, ya que sirvió al ejército alemán que invadió y sometió a Holanda hacía sólo 2 décadas. El escándalo era mayúsculo.

Y ahí estaban los Provos, haciendo la previa.

Se inventaron un falso discurso de la madre de Beatriz, la reina Juliana, en el que la monarca se declaraba anarquista. Y no solo eso, sino que en el speech, se mostraba dispuesta a negociar con los Provos un cambio de poder. Primer golpe.


¡La Reina quiere negociar con los anarquistas!



A continuación, había que crear el clima más extraño posible. Los Provos difundieron el rumor de que iban a darle LSD a los caballos del desfile de boda. También de que iban a echar ese ácido en el sistema de aguas de Amsterdam.

El cántico "Claus, mijn fiets terug" se hizo popular en aquellos días. Significaba "Claus, devuélveme mi bici" y apuntaba directamente a la confiscación de bicicletas que los nazis habían realizado durante la ocupación en Holanda.

Preparando bombas de humo para la boda real

Llegó el día de la boda. 25.000 policías habían sido movilizados para garantizar que nadie aguase la fiesta a la princesa y el nazi. Los Provos, no obstante, hicieron de civiles entusiasmados para colarse entre la muchedumbre y lanzar bombas de humo, una de ellas contra la carroza nupcial.

La policía reaccionó violentamente y la organización se volvió un caos. En la familia real todavía se acuerdan de aquellos malditos anarquistas.

El regalo de boda de los Provos: bombas de humo a la carroza de los futuros reyes

Poco después, los Provos subieron de nivel. Parte de ellos se presentó a las elecciones municipales... y ganaron un concejal. Desde allí, iniciaron los llamados "planes blancos". El más revolucionario consistía en invadir el centro de Amsterdam de bicicletas para expulsar poco a poco a los coches.

El ayuntamiento rechazó la propuesta Provo: comprar 20.000 bicicletas y ponerlas gratis para la ciudadanía. Entonces, nuestros amigos decidieron tomar la iniciativa. Para ello, dejaron libres 50 bicicletas blancas en el centro. La policía las confiscó. Y los Provos respondieron robando bicicletas de la propia policía.

Sí, los Provos inventaron el primer servicio público de bicicletas de la Historia. Querían además que tras cada accidente de coche en la ciudad, se dibujase el perfil de la víctima en la calzada. Así nadie podía ignorar el daño que podían causar los automóviles.

Boda Provo. Rob Stolk y Sarah Duys, de 19 y 17 años. Los militantes Provos tenían una media de edad muy joven

Dentro del resto de "planes blancos" estaban el de forzar a las autoridades a introducir la educación sexual en las escuelas, clínicas de anticoncepción para las jóvenes, desarmar a los policías para convertirles en trabajadores sociales con caramelos y tiritas en el bolsillo o la despenalización de la okupación. También defendían la crianza compartida y el coche eléctrico.

Todos estos planes estaban presentados en divertidos manifiestos llenos de juegos de palabras.


Bicis por coches; caramelos por pistolas



Unos meses más tarde, en junio del 66, Amsterdam se puso patas arriba. La muerte de un trabajador en una manifestación desencadenó 5 días de disturbios protagonizados por los Provos. La magnitud de la violencia fue tal que el jefe de la policía local y el alcalde de Amsterdam dimitieron.

Ese fue el fin de los Provos.

Sin dos de los hombres que habían caído en las provocaciones del movimiento, dándole alas y argumentos, y con el grupo sumergido en disputas internas a causa de la conveniencia o no de, siendo anarquistas, estar dentro de una institución como el ayuntamiento, Provo se suicidó. Era mayo de 1967.


¿Provo ha muerto?



La importancia del movimiento es notable. Fueron la base del movimiento okupa que haría de Amsterdam una de las capitales squatter del mundo. Fueron inspiración directa del mayo francés del 68. También fuente del ecologismo radical y, en definitiva, de todo espíritu libre que buscase hacer de cada ciudad un lugar más habitable.

Quizá su máxima aportación política fue unir sonrisa, energía y búsqueda de soluciones.

Sabían que iban a perder, pero no iban a desaprovechar la oportunidad de molestar y provocar. Al fin y al cabo, tan importante como la revolución es el camino que lleva a ella.


Si la revolución no es divertida, no es mi revolución




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