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Pronto podrás imprimir toda una casa con una impresora 3D, ¡y en sólo 24 horas!

Sólo necesitarás esta impresora 3D gigante que están testando en la University of Southern California

Behrokh Khoshnevis, profesor de origen iraní, lleva toda la vida inventando aparatos para mejorar la vida de la gente (y de paso registrando patentes, para ver si en algún momento salta la liebre y se hace inmensamente rico). En un momento dado de sus investigaciones, se acercó al tema de la construcción. ¿Por qué tantos millones de personas no tienen una vivienda digna? ¿Por qué cuando una población es arrasada, los damnificados tardan tanto en tener nuevas viviendas, si es que llegan a tenerla alguna vez? ¿Por qué los procesos de edificación son tan lentos, peligrosos, y suelen llevar a tantas corruptelas burocráticas?

Y entonces se le ocurrió LA IDEA: escalar la tecnología de las impresoras 3D al tamaño de un edificio. Si en vez de disparar colágeno o silicona, esas máquinas disparasen cemento, podríamos imprimir una casa. Y en eso lleva trabajando aproximadamente desde el 2006, momento en que se empezaron a crear los primeros prototipos de su proyecto. Hoy, la tecnología de impresión 3D ha avanzado espectacularmente, aumentando en calidad y posibilidades y reduciendo los precios. Y el "contour crafting" (algo así como modelado de contornos), que así se llama la técnica que Khoshnevis y su equipo están desarrollando en la USC, con ayudas de la Nasa y el Cal-Earth Institute, está en una fase muy avanzada de su desarrollo.

¿Ventajas del contour crafting? La rapidez, sobre todo, que permitiría teóricamente fabricar una casa de 700 m2 desde los cimientos al tejado en 24 horas. Eso, en situaciones en las que se requiere alojamiento express para grandes grupos de personas (desastres naturales, conflictos armados) puede ser la clave de la supervivencia. También el abaratamiento de costes, tanto en materiales, como en todas las partes del proceso. Básicamente la cosa consiste en introducir una serie de planos y datos en un ordenador, y la máquina se encarga de hacer el resto, con lo cual se ahorra todo el coste económico de mantener a un equipo de construcción durante periodos normalmente largos, con los problemas que eso además puede generar (accidentes laborales, conflictos humanos, etc.). Además, en algunos de los tests más recientes se ha comprobado que las paredes de hormigón construidas mediante esta técnica son hasta 3 veces más resistentes que las tradicionales.

¿Inconvenientes? La automatización del trabajo puede tener un gran impacto en un nicho laboral ya bastante golpeado por la crisis económica y el hundimiento del mercado inmobiliario, pero que sigue empleando a unos 110 millones de personas en el mundo. También hay un miedo a que la fabricación industrial de casas como quien hornea panecillos lleve a un paisaje todavía más homogéneo que el que ya tenemos. Khohhnevis se defiende de estas acusaciones apelando a la reducción de la mortalidad por accidentes (que cuesta unas 10.000 vidas al año en el sector) y a la supuesta adaptabilidad laboral (ah, la flexibilidad) de la población. Tendremos que esperar a que la tecnología se acabe de consolidar para saber hacia dónde se inclina la balanza.

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