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¿Programa preventivo o bomba de relojería? Los paradójicos efectos del reality '16 and pregnant'

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El nuevo método anticonceptivo utiliza rayos catódicos y lleva el sello de la MTV

José Necky

14 Enero 2014 13:20

Los caminos de las mentes pubescentes son inescrutables. Ya pueden las instituciones romperse la espalda en vano, preparando campañas de todos los colores para convencerles que en eso del sexo hay que tomar medidas de seguridad, que la respuesta de la gente dependerá de todo menos de su mensaje apocalíptico. Ni tan siquiera el fantasma del sida —esa enfermedad que David Foster Wallace analizaba como un dragón destinado a devolver el espíritu trágico a las relaciones románticas— ha sido capaz de atemorizar sus corazones salvajes.

En cambio, un estudio reciente ha demostrado que el programa de la MTV, '16 and pregnant' —algo así como la versión parental de 'Hermano mayor'— tiene una gran influencia en los jóvenes, hasta el punto de que, pasados dieciocho meses desde su primera emisión, la tasa de natalidad entre los adolescentes ha bajado un 5,7 por ciento. Por supuesto, es temerario y hasta ridículo concluir obcecadamente que existe una relación causa-efecto entre el reality y la bajada estadística. De hecho, otro estudio contradice aparentemente estos resultados, al afirmar que estos programas —los de 'Teen Mom' copiaron el formato televisivo— están idealizando la maternidad adolescente, en la medida que muchos más jóvenes se muestran dispuestos a aceptar el reto.

Lo preocupante, en pocas palabras, es que tales estudios no tienen por qué ser contradictorios. '16 and pregnant' supone un baño de realidad cotidiana que asusta más que un virus mortal, de acuerdo. Pero el riesgo que se corre, en este caso, es que tal sumersión en las aguas de lo ordinario sea precisamente lo que muchos están esperando, convirtiendo al montaje televisivo en cómplice de la creación de una promesa de bienestar para muchos inalcanzable.

El problema, por lo tanto, no es que el programa no convierta la prematuridad en un infierno, sino que a muchos este infierno —soportado por la industria y retratado en amables primeros planos— les parezca suficientemente apetecible.

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