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Discriminación y cárcel: la doble condena de las presas transgénero de México

"Están encerradas en una prisión y, al mismo tiempo, en el cuerpo del que se desprendieron tiempo atrás"

En la madrugada del 12 de mayo de 2014, los presos de la celda 8 de la zona 1 del Reclusorio Preventivo Varonil Norte de Ciudad de México, todos ellos transgénero y homosexuales, fueron víctimas de la brutalidad que se escondía bajo el uniforme de los celadores.

Todo empezó cuando quemaron las sábanas de sus camas para protestar contra las discriminaciones constantes que sufrían. Otras versiones sostienen que lo hicieron porque solían encerrarles en la celda antes de tiempo, o que fue un simple acto de rebeldía.

Fuese por la razón que fuese, aquello desencadenó un sangriento episodio en el que uno de los guardias empezó a golpear a una interna llamada Valeria (nombre ficticio, como el de todas las testimonios presas del artículo). Acto seguido, unos cuantos más se sumaron a la reyerta. El resto de reclusos intentó detenerles, pero no sirvió de nada. Ella y Claudia, una de las que había intentado defenderla, sufrieron una brutal paliza: recibieron puñetazos y patadas sin cesar hasta que las dejaron inconscientes y las llevaron al Hospital General de Balbuena.

Tyniesha Stephens, es una presa transexual que cumple condena en la cárcel para hombres de Houston, Texas.

En la mayor parte de los centros penitenciarios para hombres de México, las transgénero sufren una doble condena: pasan años de su vida entre rejas y son víctimas de discriminaciones y maltratos regulares. Una cruda realidad que nos explicó vía telefónica Ari Vera, presidenta de Almas Cautivas, la única organización del país que defiende los derechos de los transgénero en prisión. También fue ella quien nos habló de los detalles de la pelea y de los hechos que acontecieron después.

Valeria y Claudia recibieron puñetazos y patadas sin cesar hasta que las dejaron inconscientes y terminaron en el Hospital General de Balbuena

A partir del incidente de 2014, que aparece en un informe de la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal, la realidad de Ciudad de México cambió. Almas Cautivas impartió cursos de sensibilización a funcionarios del estado y, con ello, consiguieron cambiar la mentalidad de 300 celadores que, en estos momentos, tienen entre sus manos la vida de 450 presos de la comunidad LGTBI.

Para que las buenas prácticas se consoliden, varias organizaciones civiles redactaron un protocolo, que actualmente está revisando la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal, en el que se regulan sus derechos. De este modo, se producirá un hito en la historia del país: las presas transgénero cumplirán condena sin ser regularmente atormentadas.

A medida que pasan los días entre rejas, las presas transgénero ven como su identidad femenina se desvanece.

Sin embargo, como nos reconoció Vera, en el resto del país las discriminaciones a las transgénero siguen a la orden del día.

Aunque entran a prisión sintiéndose mujeres y luciendo apariencia femenina, a medida que pasan los minutos entre rejas, su identidad se desvanece. "Les cortan el cabello y las uñas, cambian su atuendo de mujer por uno de varón y les prohíben maquillarse". Todo ello para "convertirlas en los hombres" que nunca serán. 

A partir del incidente el 12 de mayo de 2014, la realidad de las presas de las cárceles de Ciudad de México cambió

"Llegué con el cabello largo, pero me dijeron que en reformatorios de varones no podía llevarlo así, por lo que me lo cortaron y me encerraron con hombres. Allí sufrí ofensas y discriminaciones que no había conocido antes en la calle", explicó, recientemente, Nadia al diario Proceso recordando su paso por un reformatorio.

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La mayoría tiene que sobrevivir soportando abusos de otros presos y de celadores .

Algunos funcionarios aprovechan su poder para abusar sexual y físicamente de ellas, dándoles empujones, bofetadas, palizas o enviándolas a celdas de aislamiento deliberadamente. Una brutalidad que no es fácil de combatir, ya que "se han dado casos en los que, para que no formularan ninguna denuncia, las han amenazado con agredirlas, atacar a sus familiares o acusarles falsamente de ciertos delitos".

En caso de notificarlo, se exponen al riesgo de que no cambie nada o, lo que es peor, de sufrir represalias. Como también explicó Yessica al mismo medio, antes del incidente de 2014, ella pasó por lo segundo al denunciar a un funcionario del Reclusorio Varonil Oriente, de Ciudad de México. "Siempre me molestaba, ya fuera por el maquillaje o por el cabello largo, que incluso me llegó a cortar. También me insultaba y hacía insinuaciones".

"Llegué con el cabello largo, pero dijeron que en reformatorios de varones no podía llevarlo así, por lo que me lo cortaron y me encerraron con varones"

Al atreverse con ese valiente gesto, todo cambió y dejó de sufrir abusos. Pero, cuando la trasladaron a la Penitenciaría de Santa Martha Acatitla, las autoridades de ambos centros la castigaron encerrándola con 60 internos que terminaron golpeándola y abusando sexualmente de ella. Finalmente, aquel funcionario obtuvo su venganza.

En el penal, algunos funcionarios pretenden convertirlas en los hombres que nunca serán .

Las transgénero solo cuentan con celdas o espacios destinados exclusivamente a ellas en Ciudad de México. En el resto del país, esta carencia las puede hacer más susceptibles de sufrir la clase de abusos por los que pasó Yessica. También pueden verse obligadas a convertirse en "sirvientas" de otros presos a cambio de protección: les dan de comer, les limpian la celda e, incluso, les hacen favores sexuales. "Están completamente a su merced, ya que son minoría en el centro y no tienen nada que hacer".

Además, el hecho de que el sistema sanitario de las prisiones dependa de la Secretaría de Salud hace que ninguno de los penales ofrezca el tratamiento de sustitución hormonal. Aquel que permite a las reclusas verse igual de mujeres que cuando eran libres.

A Yessica la encerraron con 60 internos que terminaron golpeándola y abusando sexualmente de ella. Finalmente, aquel funcionario obtuvo su venganza

 

Es un retroceso de todo lo conseguido con los años que provoca que, al mirarse en el espejo, no se reconozcan y no se gusten. Una consecuencia que les hace vivir, nuevamente, en una doble condena: "están encerradas en una prisión y, al mismo tiempo, en el cuerpo del que se desprendieron tiempo atrás".

 America pasó por en ello en la Penitenciaría de Santa Martha Acatitla de Ciudad de México: "Tengo la necesidad de seguir con el tratamiento porque me está saliendo bastante vello, pero no puedo porque hay que pagar mucho dinero para pasarlo y hay que pelear con el Consejo Interdisciplinario del penal. ¡Es horrible! Se ciegan en su mundo, que es este centro de varones, pero yo no soy varón", relató, recientemente, al Proceso.

Ciudad de México dio el primer paso para evitar que estas mujeres sufran una doble condena

La cárcel es un entorno hostil en el que cualquiera puede vulnerar sus derechos, ya que, sin nadie en el exterior que las defienda, la mayoría están totalmente desamparadas. "Gran parte de las personas transgénero han sido rechazadas por sus propias familias, por lo que es muy difícil que se formule una denuncia".

Al salir, además de no contar con organizaciones que las ayuden a superar su paso por la cárcel, pueden volver a ser víctimas de la misma violencia. Aunque, en esta ocasión, al menos se encuentran en un lugar del que pueden escapar. "Desafortunadamente, lo que ocurre en la cárcel es el reflejo de lo que pasa en libertad".

Ciudad de México ya ha logrado avances. Ahora resulta imprescindible que el resto de penales del país sigan su ejemplo para que, un día, la doble condena que ahora les atormenta se convierta en un recuerdo.

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