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¿Podremos reconstruir ADN alienígena? Hay quien cree que sí

El genetista J. Craig Venter recoge ésta y otras osadas ideas en su último libro, “Life at the Speed of Light”

Si eres aficionado a la ciencia-ficción, puede que algo como ir a Marte, recoger muestras biológicas mediante superrobots a control remoto y reconstruirlas en la tierra con impresoras 3D hiperavanzadas sea algo tan habitual para tí como echarte leche en los cereales del desayuno. Pero ¿qué pasa cuándo sacamos la ficción del conjunto y nos concentramos únicamente en la ciencia? En ese caso, si planteáramos ese mismo escenario, muchos empezarían a llevarse las manos a la cabeza y a frotarse los ojos con asombro.

Craig Venter, sin embargo, está más que acostumbrado a lidiar con este tipo de asuntos. No en vano lleva décadas en la vanguardia de la genética y la ciencia experimental. En 2001, sin ir más lejos, fue uno de los pioneros en la decodificación del genoma humano (y en la apropiación de sus patentes) a través de su empresa Celera, de capital puramente privado. Tras fundar el J. Craig Venter Institute en 2006, él y su equipo acabaron dando forma al que podría ser considerado el primer organismo sintético de la Historia. Así que poca broma.

En su más reciente obra, Life at the Speed of Light: From the Double Helix to the Dawn of Digital Life, el científico lleva sus planteamientos todavía más allá. A lo largo de las páginas del libro, Venter reflexiona sobre los fundamentos sobre los que descansa la creación de vida (según él todo puede reducirse a "Robots de proteínas" y "Máquinas de ADN") para después centrarse en las posibilidades futuras que permitirán las nuevas tecnologías de reproducción sintética. Según él, pronto será posible crear organismos simples a través de bioimpresoras 3D, y a partir de ahí, dar forma a patrones genéticos avanzados que, combinados con el ADN humano puedan ayudarnos a mejorar nuestras capacidades cerebrales y enfrentar problemas eternos como el envejecimiento.

Venter está convencido de que alguna vez hubo vida en Marte y de que, en caso de quedar en el planeta restos de ella, seremos capaces de hacernos con muestras y replicarlas aquí en la Tierra. Todo ello mediante transportes que podrán viajar a la velocidad de la luz (de ahí el título del libro). Una vez recogidas, las muestras no deberían ser difíciles de replicar en la Tierra. ¿Ciencia ficción? No, más bien terreno abonado para la enésima guerra entre apocalípticos y tecnocreyentes, y el penúltimo uso de la expresión “jugar a ser Dios” (como ya le dijeron a Victor Frankestein). A Venter, de todas maneras, los debates éticos se la traen un poco al fresco. Como escribe en su libro, “Mi gran miedo no es el abuso de la tecnología, sino que no la usemos en absoluto”.

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