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Phubbing, cybercondriaco, hipsturbia y otros neologismos que nunca lo petaron

Cada día nace una palabra nueva y mueren varias que prometían ser trending topic y no alcanzaron ni los diez tweets

Decía el lingüista Allan Metcalf en el libro Predicting new words: the secret of their success que para que una palabra nueva cale en el habla actual debe cumplir los siguientes requisitos: frecuencia de uso, naturalidad en la conversación, diversidad de tipos de usuarios, capacidad para generar derivados y resistencia al paso del tiempo.

Nadie puede negar la recurrencia con la que nombramos y aplicamos las palabras "hashtag", "meme" o "app" en nuestro día a día. O lo rápido que hemos aprendido la nomenclatura de la crisis: salpicamos nuestro discurso de bar mencionando a la troika, los activos tóxicos o el precariado.

Inventar palabras hace que lo que lleva existiendo toda la vida adquiera tintes de novedad (ahora nadie osa llamar a lo suyo "un autorretrato") u oficializa el nacimiento de una realidad cada vez más frecuente (todos los barrios, según los medios de comunicación, acabarán siendo "gentrificados")

Cada día se acuña un nuevo término para hacer que las novedades parezcan más atractivas. Pero no todos pasan la prueba de la posteridad. Ni siquiera si se oficializa su invención por la vía del diccionario.

El Oxford Dictionary, famoso por ser el legitimador definitivo de los neologismos anglosajones, documenta en su página web que para que un vocablo sea candidato a entrar en su lista debe ser utilizado por personas muy diferentes y en distintas plataformas (en la ficción televisiva, en las redes sociales, en artículos de prensa, etc).

¿Saturación de nuevos términos?

"Antes, un nuevo término tenía que usarse con frecuencia durante dos o tres años antes de que se considerara su admisión en el diccionario. Hoy, en la era digital, la situación ha cambiado completamente", cuenta el diccionario Oxford. Y ese, quizá, sea precisamente el problema: ¿estamos preparados para incorporar tantas palabras nuevas?

En los últimos años, se ha dado bombo a términos que, a los pocos meses, han acabado por olvidarse. Y no porque no designen una realidad cada vez más cotidiana. Que levante la mano el que no haya buscado nunca los síntomas de sus dolencias en Internet. Pero, ¿alguien utiliza de forma rutinaria la palabra cybercondríaco? El término se puso de moda allá por 2008. Hoy a nadie se le ocurriría escribirlo.

La Wikipedia española tiene una entrada para definir el phubbing. Muy poca gente (ni aquí, ni fuera) sabe lo que significa. Y no es porque tenga que ver con algún acto minoritario o un aparato para friquis. Phubbing viene de la síntesis de phone y snubbing, y designa esa manía tan frecuente de desatender al interlocutor que tienes delante por estar jugueteando con el móvil. El por qué no ha cuajado en la sociedad es un misterio. Desde luego, no es porque esta práctica no se repita varias veces al día.

Antes, llegó esa moda anglosajona de añadir el prefijo Mc (por supuesto, de Mcdonald's) a todo lo que fuera una basura. El trabajo mal pagado y poco reconfortante se convirtió en un McJob, a la prensa amarillista se la llamó McPaper, las casas con grietas y goteras eran las McMansions e incluso se describió a la sociedad actual como McWorld. Esta moda lingüística era bastant ilustrativa, pero duró lo que dura BigMac delante de un hambriento.

Belfie, shelfie, drelfie

El lingüista Alla Metcalf consideraba que la fuerza de un neologismo se medía por el número de derivados que era capaz de generar, pero todavía no se había topado con el selfie. Cuando se la nombró palabra del año en 2013, la prensa empezó a bombardear diariamente con nuevos términos relacionados: el belfie es una foto del culo, el shelfie una imagen de los libros que estás leyendo y el drelfie, un selfie realizado en estado de embriaguez. Todos les dedicaron artículos. Hoy a muy pocos se les ocurre escribirlos como hashtags en Instagram.

Algo parecido ocurrió con los derivados de hipster (que no es un neologismo, sino más bien una palabra revival). Antes de que medio mundo empezara hablar de gentrificación, la prensa empezó a llamar Hipsturbia a la migración de los jóvenes modernos a los barrios empobrecidos. Obviamente, gentrificación suena más técnico y, por lo tanto, más serio.

La palabra alphanista titula grupos de Linkedin, reportajes en las revista económicas y hasta una aplicación para el móvil. Pero ha dejado poca huella en redes sociales. Surge del resultado de combinar alpha y feminista, y suele utilizarse para referirse a las mujeres que ostentan puestos de poder en empresas influyentes. Marissa Mayer, CEO de Yahoo, Sheryl Sandberg, directora opertativa de Facebook y Angela Ahrendts, directiva de Apple, son alphanistas. Y nosotros sin saberlo.

A principios de 2014 ya se especulaba con que bingewatching (el arte de tragarse en un día la temporada completa de una serie) sería la expresión del año. Selfie empezó a usarse con frecuencia a partir de la segunda mitad de 2013 y ahora, un año después, nadie es capaz de decir "me he hecho una foto a mí mismo" sin que alguien lo mire extrañado. Quizá el año que viene por estas fechas nadie se escandalice si su interlocutor "no ha dormido porque ha estado bingewatcheando".

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