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Petrodiplomacia: ¿una era negra con Putin y Trump?

Trump planea alcanzar el autoabastecimiento energético echando atrás la agenda ambientalista de Obama y perforando en suelo americano. Además de dar un impulso a la economía, pretende hundir a aliados petroleros como Arabia Saudí. Por otro lado, se acerca a Rusia. ¿Qué significa todo esto? ¿Hablamos de una nueva era petrodiplomática?

Que abandonen toda esperanza los ecologistas, los políticos concienciados con el cambio climático, los científicos que estudian sus efectos o los amantes de la estabilidad geopolítica: Trump ha llegado a la Casa Blanca y quiere convertir al petróleo en una de sus principales armas para los próximos años.

El plan de Trump con el crudo es el siguiente: alcanzar la independencia energética de Estados Unidos y, de paso, crear miles de empleos —500.000, dijo— vinculados a la extracción. Con ello, ha dicho que pretende aislar a Arabia Saudí como principal productor de petróleo, por ser un aliado del ISIS. Básicamente, quiere cambiar el statu quo energético tal y como lo conocíamos hasta ahora, y no precisamente con placas solares, sino con más máquinas perforadoras.

En diferentes intervenciones, el presidente electo ha prometido que, para conseguir todo lo anterior, pondrá al máximo el botón de producción de petróleo, diésel y gas. También echará para atrás las regulaciones medioambientales que limitan el fracking en suelo americano. Cerrará la ampliación del oleoducto Keystone XL con el Canadá de Justin Trudeau e intentará perforar en el Ártico, aunque Obama lo haya blindado.

Como guinda, quiere dejar con el culo al aire a la OPEP, y podría crear una alianza petrolera con Rusia. Esto último no está confirmado, pero el nombramiento de Rex Tillerson, exCEO de Exxon Mobil, como Secretario de Estado parece que apunta hacia esa dirección.

¿Suena creíble que EEUU sea energéticamente autosuficiente?

Que Trump quiera convertir al petróleo en un arma para lograr su “Make America Great Again” es una cosa. Que lo consiga, otra. De lo que no cabe duda es que su política energética contempla todos los puntos anteriores. Y que, tristemente lo hará, aunque no sea eficaz.

Vayamos punto por punto. ¿Podría ser autosuficiente Estados Unidos?

Sí, si Estados Unidos amplía el fracking con los nuevos yacimientos encontrados en su territorio y quita las normativas medioambientales impulsadas por Obama. Por ejemplo, en Wolfcamp, Texas, se ha hallado recientemente el yacimiento más grande de la historia del país: 20.000 millones de barriles de crudo y 16.000 millones de pies cúbicos de gas.

El autoabastecimiento es un sueño que han perseguido todas las administraciones estadounidenses. Pero no han podido o querido permitírselo, bien por limitaciones políticas o por cuestiones medioambientales. No ha sido hasta los últimos años —sí, con Obama— que gracias al impulso al shale gas (gas esquisito o pizarra) EEUU está en esta posición ahora.

Instalación de fracking en un yacimiento de shale gas al sur de Texas.

"Gracias a esto, EEUU ha pasado en los últimos años de una producción de 5 millones de barriles diarios a alrededor de 10 en la actualidad. Está en el punto de su máxima producción. Y esto, a pesar de algunas regulaciones medioambientales de Obama. Trump se lo ha encontrado hecho y quiere abrir el grifo del todo, quitando las trabas legales que impedían alcanzar esa independencia energética", asegura Javier Arreola, Regular Author de la Agenda del Foro Económico Mundial (WEF por sus siglas en inglés).

“Con los precios actuales, unidos a la introducción de leyes que desregularicen el sector en EEUU y endurezcan las políticas para los productores extranjeros, sí que podría. Desde que los precios han comenzado a repuntar en el 2016 estamos asistiendo de nuevo a la proliferación de compañías de esquisto (muchas quebraron porque no pueden sobrevivir con precios por debajo de 45-50 dólares). Esto podría ser la prueba que demuestra que EEUU podría comenzar a autoabastecerse”, añade Sara Carbonell, analista de CMC Markets.  

El petróleo como arma diplomática

El primer objetivo de la autosuficiencia energética es un plan de impulso a la economía estadounidense. El segundo es dejar de depender de aliados petroleros como Arabia Saudí, a quien Trump ha amenazado con cortar el grifo por su supuesto apoyo al ISIS. Un EEUU autosuficiente podría dejar de importar los 1,06 millones de barriles por día que le compra a la monarquía arábiga, el 11% de su producción de petróleo actual.

De esta manera, un EEUU independiente podría usar el petróleo como arma diplomática. “Lo haría impulsando una agenda que incremente la producción petrolera en suelo estadounidense, de forma que le compre menos a sus proveedores tradicionales y los precios presionen el mercado”, dice Arreola, del WEF.

El plan está claro. ¿Ahora, sería posible?

Lo cierto es que, aunque EEUU no dependiese de Arabia Saudí o de la OPEP, el país árabe seguiría lejos de estar aislado. Según el catedrático Mariano Marzo, que EEUU dejase de comprar no significa que Arabia Saudí no pudiese vender el crudo a otro comprador. China, por ejemplo, sería un cliente que podría mantener la industria petrolera saudí.

El autoabastecimiento es un sueño que han perseguido todas las administraciones estadounidenses. Pero no han podido o querido permitírselo, bien por limitaciones políticas o por cuestiones medioambientales. No ha sido hasta los últimos años —sí, con Obama— que gracias al impulso al shale gas (gas esquisito o pizarra) EEUU está en esta posición ahora.

En todo caso, cerrar el grifo a Arabia sí que perjudicaría a los intereses de las petroleras estadounidenses en ese país, en beneficio de las transnacionales de otros países. “En caso de que aumentara el aislamiento, las grandes petroleras querrán explotar la alianza implícita de la administración Trump con el sector privado. No queda duda que para Trump, el negocio va primero”, dice Arreola.

Además, que EEUU quisiera perjudicar a Arabia Saudí solo traería consecuencias negativas en el largo plazo: “Cabe esperar alzas en las cotizaciones de las empresas americanas, pero una política tan proteccionista puede desatar la desconfianza por parte de los inversores, en cuanto a una posible guerra de precios con la inestabilidad geopolítica que eso implica. Arabia podría permitirse bajar precios (durante un tiempo) para abastecer al resto de países (como por ejemplo los europeos), lo que llevaría de nuevo a descensos en el precio del barril”, dice Carbonell.

¿Qué pinta Rusia en todo esto?

El nombramiento de Tillerson como Secretario de Estado se vio en algunos círculos de Washington como el primer peldaño para crear un nuevo eje petrolero Moscú-Washington que no dependa de la OPEP. ¿Qué tiene de cierto esto?

“El cambio de tono en las relaciones Rusia-EEUU no está dado por el interés en explotar nuevos territorios ni para aumentar las importaciones", sostiene Arreola. " EEUU ya importa unos 15.000 barriles de petróleo diarios de Rusia. No es significativo ni necesita importar grandes cantidades. Tampoco lo haría para aislar a Arabia Saudí. Solo los más atrevidos hablan de ese nuevo eje petrodiplomático, pero es altamente improbable.”

Además, las alianzas petroleras ya se han venido sucediendo en el nivel privado, con independencia del alejamiento político entre ambas potencias. “En los últimos años ha habido alianzas. Por ejemplo, Exxon-Rosneft para explorar el Ártico. Se pararon los proyectos no porque hubiera conflicto entre ambos gobiernos, sino por la crisis del petróleo”, continúa Arreola.

Por otro lado, ¿se podría decir que hay alguna pretensión petrolera de Rusia en el acercamiento a Trump?

Nicolás de Pedro, investigador del CIDOB especialista en Rusia, cree que no. “Rusia quiere poder y por ello pretende un acercamiento a Occidente para que le levanten las sanciones. Su economía está perjudicada y necesita una nueva etapa de relaciones diplomáticas. Pero, de eso a una alianza petrolera, lo veo difícil. Con las informaciones que implican a Rusia en las elecciones de Estados Unidos, Trump tiene que echarse para atrás para no dar la imagen de títere de Putin. No veo más que colaboraciones en temas esporádicos como la lucha contra el terrorismo”.

¿Tienen alguna posibilidad las energías renovables en todo este escenario?

Los anuncios de Trump de desregular, de ampliar la producción y de usar el crudo estadounidense como arma geopolítica pueden tener consecuencias desoladoras para el cambio climático. De hecho, el mismo Trump ha dicho que quiere desvincularse de los compromisos para la reducción de emisiones que Obama adquirió en la COP22 de París.

 En todo este escenario, uno de los sectores más boyantes de la economía estadounidense son las renovables. Numerosos empresarios y teóricos auguran un futuro prometedor para el sector y lo sitúan como una pieza clave del crecimiento económico y la creación de empleo. Pero, como dice Carbonell, "por un tema de creencias, Trump no cree especialmente en las renovables”.

La única manera de que Estados Unidos sea autónomo en el largo plazo en cuestión de energía es apostar por las energías renovables. Pero el interés de Trump es el interés económico de las grandes corporaciones petroleras, que han visto sus beneficios disminuidos por restricciones a la explotación en suelo americano

Desde las posiciones ecologistas consideran que las promesas de autoabastecimiento son un mito. “ La única manera de que Estados Unidos sea autónomo en el largo plazo en cuestión de energía es apostar por las energías renovables. Pero el interés de Trump es el interés económico de las grandes corporaciones petroleras, que han visto sus beneficios disminuidos por restricciones a la explotación en suelo americano”, asegura Luis García, experto del área de energía de Greenpeace.

Sin embargo, esto no significa que el sector se paralice. En todo caso, su crecimiento se verá ralentizado: “ El avance en los mercados de energías alternativas mantendrá la inercia que ha tenido en tiempos de Obama. Lo que podría cambiar es que avance más lentamente en EEUU, no porque se deje de invertir, sino porque los que se vieron forzados a invertir en desarrollar energías alternativas, ya no se sentirán tan forzados”, asegura Arreola.

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