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Perspectiva de un futuro ¿terrible?: el día en que te puedas bajar toda la ropa de internet

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Las impresoras 3D mejoran a un ritmo endiablado y ya es posible fabricarte ropa con ellas, ¿quién pagará entonces por los objetos?

Mario G. Sinde

15 Marzo 2014 09:15

Todas aquellas industrias cuyo producto era posible transferir a una codificación en lenguaje binario saben lo que es pasarlas putas: la música está en una profunda crisis desde que un disco puede ser pasado a mp3, el cine no maneja el mismo margen de beneficio desde que las películas se pueden bajar de la red, y lo mismo se puede decir de la televisión -no tanto en el país de emisión original, pero sí en aquellos que quieren licenciar series que todo el mundo ya ha visto- y el porno. Lo audiovisual, en definitiva, ha cambiado desde que existe internet. Aún hay dinero, mucho dinero, pero ya no es jauja como en los 80, donde los presupuestos eran disparatados y los beneficios pingües. Y es que hay una cosa innegable: al ser humano no le gusta pagar, y si puede obtener algo gratis, jamás pasará por caja.

Se compran menos discos y DVDs porque mucha gente se los baja. Y aunque eso tiene un beneficio a vuelta de correo -muchas bandas obtienen una celebridad repentina que pueden rentabilizar en bolos, muchos actores que pasarían sin pena ni gloria pueden vivir un hype muy interesante-, la sensación general no es de bonanza, sino de supervivencia. Las experiencias que no se pueden sustituir con un mp3 o un fichero de vídeo, como la reproducción de la música en vinilo o la asistencia a una sala de cine con pantalla grande (y en 3D) aún tienen una parcela y márgenes más o menos flexibles. Pero nunca será lo que fue en el pasado.

La pregunta es: ¿qué pasará cuando todo aquello que no puede ser digitalizado ahora pase por la misma fase en el futuro?

Las impresoras 3D por ahora están en una fase muy larval, pero llegará un día en que su proceso de creación se perfeccione y su precio baje (aún más). Y entonces, por ejemplo, podrás sacar una impresión tridimensional de una prenda de ropa con un material apto para vestir. Cuando te puedas ‘bajar’ unas zapatillas o unos pantalones, ¿seguirás yendo al Zara? Cuando te puedas falsificar una sudadera Nike, ¿necesitaremos las factorías en el sur de China y Tailandia? ¿Cómo sufrirá la industria del textil, o la industria de los objetos en general (no sólo ropa, sino por ejemplo un llavero, un vasija, etc.) cuando cualquiera tenga la posibilidad de bajarse unos planos por internet, darle al botón de su impresora, y que se le aparezca un objeto terminado y presto para usar o vestir?

Valga un ejemplo: estas zapatillas que ves están hechas con una impresora 3D capaz de generar filamentos flexibles y darle forma acabada y apta para colocar en el pie. Además están producidas por un fabricante español, Recreus, que lleva tiempo investigando cuáles son los materiales más adecuados para producir un objeto en 3D tanto por coste como por calidad. Y de este modo han obtenido el primer modelo de zapatillas deportivas ‘imprimible’, las Sneakerbot II, hechas de un material filamentoso de 1.75 milímetros de grosor y con aspecto retro.

Las impresoras 3D mejoran a un ritmo endiablado y ya es posible fabricarte ropa con ellas, ¿quién pagará entonces por los objetos?

Así que el dilema está ahí. Objetivamente, no son las mejores zapatillas del mercado: habrá a quien le parezca un diseño feo, muy para quillos de extrarradio. Pero teniendo en cuenta que la industria del sneaker está apostando fuertemente por las ediciones limitadas -para generar demanda y frustración (que luego revertirá en ventas de modelos secundarios entre quienes no han conseguido su par de la limited edition), y también para inflar el precio hasta, por ejemplo, los 200 dólares-, una opción barata puede ser una alternativa para fabricantes caseros, piratas domiciliarios y piratas a gran escala.

La posibilidad de obtener la información para imprimirte las nuevas Yeezy de Nike, por ejemplo, y tener tu versión fake pero dando el pego, está ahí. El mercado de las falsificaciones es boyante (como es el de los bolsos Vuitton), y si la impresión 3D es aún más económica que la zapatilla fake, muchos se apuntarán.

A medida que progrese la parte técnica -no se escucha la música digital de hoy tan mal como la de hace 10 años-, otras industrias empezarán a sufrir. Quizá no se acerque el invierno, pero el apocalipsis para muchas marcas, de Dior a Bershka, sí.

Las impresoras 3D mejoran a un ritmo endiablado y ya es posible fabricarte ropa con ellas, ¿quién pagará entonces por los objetos?

Las impresoras 3D mejoran a un ritmo endiablado y ya es posible fabricarte ropa con ellas, ¿quién pagará entonces por los objetos?

Dita Von Teese

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