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Pedro J. malherido: el periodista que no quería dejar de serlo

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Crónica de una conversación entre Jordi Évole y el defenestrado director de El Mundo

Alba Muñoz

03 Marzo 2014 12:49

En un Madrid lluvioso y somnoliento tuvo inicio el capítulo de ayer de “Salvados” emitido en La Sexta y titulado por Jordi Évole como “Una hora con Pedro J.” en honor a la portada que, opina el ex director de El Mundo, le ha costado el puesto que ha ocupado durante 25 años en el rotativo que él mismo fundó.

La escena era triste y perfecta, Pedro J. pedía su diario en uno de esos comercios en descomposición llamados quioscos. Caracterizado con un pelo mohíno y un rostro bronceado por demasiados años bajo tubos fluorescentes (el toque de color provenía –as usual– de una prenda irrepetible, en este caso un abrigo de cuadros verdes y azules), quiso hacer una metáfora y quedó preso: “Hace un día malo, símbolo de muchas cosas que nos están pasando”, comentó al vendedor de prensa, que asintió sin rechistar.

Entonces el quiosquero dijo que las ventas de El Mundo han descendido a más de la mitad en diez años y Pedro J. quiso defenderse alegando que habría que computar las visitas a la web y coló una cuña –por enésima vez– sobre su mortecino proyecto digital de pago Orbyt. La lluvia se transformaba en pequeños copos y Pedro J. cantaba “¡Extra, extra! Me hubiera encantado ser vendedor de prensa”.

Pádel en la redacción

Probablemente, uno de los hits de esta edición de "Salvados" fueron las interioridades arquitectónicas que el periodista desveló a Jordi Évole durante su tour por la antigua sede del periódico: en los años de amenaza terrorista de ETA, a Pedro J. le recomendaron que no saliera por la puerta principal y le habilitaron una salida de emergencias “secreta” que conduce –¡extra, extra!– a una pista de pádel en la que, “en los buenos tiempos” se disputaban partidos con el deportista de élite José María Aznar y otros políticos, “incluso dos veces por semana”. Cuántos secretos tiene este hombre y cómo se defiende de las sospechas que levanta este tipo de relación lúdica con el poder: “Es la mejor forma de tener acceso a la información”.

Pedro J. se quitó el abrigo de cuadros en la redacción desolada y amarillenta y dejó ver su indumentaria congénita: los tirantes. Salió Bárcenas a escena y de nuevo, los misterios a los que tanto le gusta echar mano a Pedro J: “¡Ay del día en que contemos quién fue nuestra fuente!”. Fue alguien del partido, alguien importante, pero “ni Aznar ni Esperanza Aguirre”. Pedro J. en estado puro: alude al secreto profesional, conserva su tesoro, pero deja unas miguitas de pan. Por si mañana te da por acercarte al quiosco.

La tormenta Rajoy sobrevolaba la conversación inevitablemente: “Al presidente del Gobierno no le gusta la crítica. Nunca ha sido un gran lector de periódicos, ni un gran lector en general. Es el jefe de Gobierno con menos sensibilidad hacia los medios de comunicación y menos preocupado por la opinión pública”.

Pedro J. Bogart

Pedro J. reconoció que publicaría una exclusiva aunque fuera contra su padre; no se puede negar, él un periodista de raza. De esos con personalidad, empeño y cierta lascivia por el oficio. No es un simple gestor y lo demostró dando rienda suelta a la épica periodística: “Bárcenas decidió poner las pruebas encima de la mesa y llegó a la conclusión de que si me lo contaba a mí, me convertiría de alguna manera en rehén de la historia”.

Más épica: Pedro J. desmintió que su indemnización fuera a ser de 20 millones de euros, dijo que sólo deseaba que todo hubiera sido una pesadilla, que prefería devolver el dinero y que le dejaran hacer el periódico de mañana. Déjenme contar mis secretos contrastados, parecía suplicar; ¡déjenle!, pedíamos nosotros desde el sofá. Porque aunque no se comulgue con su ideología conservadora y centralista, con las tácticas turbias de presión mediática y sus estrechos vínculos con ciertos sectores poder, aunque puedan criticarse todos los vacíos informativos y omisiones interesadas y la eterna cadencia de este rotativo del status quo, parece que Pedro J. es uno de los pocos periodistas apasionados que puedan quedar en este país.

Uno de los mejores momentos del amable retrato de Évole surgió también junto al quiosco y bajo la lluvia, cuando Pedro J. recordó “El Cuarto Poder”, la película protagonizada por Humphrey Bogart como director de un periódico combativo que, ante la llamada del político enfurecido de turno, contesta poniendo el auricular junto a la rotativa a toda máquina: “Ese sonido cuando tienes una exclusiva es música celestial. No hay nada comparable en la vida”.

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