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"Si sigues por ahí corromperás a toda una generación"

La increíble historia de una británica en la corte del "rey" Zappa. O cómo pasar 5 años con los músicos más feos y las chicas más promiscuas

Si sigues por ahí corromperás a toda una generación.

—¿Tú crees?

—Por supuesto.

Mira, casi todas las canciones que ponen en la radio son de amor. No paramos de oír historias de amor, de modo que si las letras nos influyeran en algo, viviríamos en un mundo maravilloso.

Esta fue una de las primeras conversaciones que mantuvieron Frank Zappa y Pauline Butcher en la habitación de un hotel de Londres. Era 1967 y la joven Pauline había recibido la llamada de un tipo que le pedía que le transcribiera unas canciones. Una llamada que marcaría el comienzo de una relación que cambiaría totalmente su vida, y que haría que se mudara de su Gran Bretaña natal a la locura de Hollywood de finales de los 60 con un solo objetivo: ser la secretaria de uno de los músicos más alucinantes y estrambóticos del siglo XX.

Pauline refleja esos años locos en ¡Alucina! Mi vida con Frank Zappa (Malpaso Ediciones), un recorrido por el lado más humano de uno de los mayores gurús de la cultura underground californiana. Gracias a las cartas que enviaba a su familia y que su madre guardaba en una caja de zapatos, Pauline pudo evocar los recuerdos de aquellos años con Frank Zappa.

¡Alucina! Mi vida con Frank Zappa muestra un recorrido por el lado más humano de uno de los músicos más estrambóticos de la historia

A sus 21 años, Pauline se encontraba cansada de un trabajo aburrido, de una vida aburrida y de vivir en casa de sus padres. Por eso, cuando se cruza en su camino la personalidad carismática de Frank Zappa, sus canciones y su forma de vida, ella cae totalmente rendida a sus pies. Tras el primer encuentro en esa habitación de hotel, la joven no puede dejar de pensar en Zappa.

Me daban ganas de decirles a todos “por las pintas parece un colgado, pero, en realidad es un tipo sensato e inteligente

Su fascinación es tal que cuando el músico le propone mudarse a Hollywood para ser su secretaria, ella acepta sin dudar.

¿Bueno qué, te vienes a Hollywood?

Por supuesto.

Pauline se traslada a Los Ángeles no solo para trabajar con Frank Zappa, sino para vivir con él. Durante cinco intensos años se convierte en su sombra, en su consejera y en el testigo del surrealismo que rodeaba la vida de este estrafalario personaje.

Zappa vivía en una especie de cabaña de madera destartalada situada en Laurel Canyon junto con su mujer Gail, su hija Moon, Pauline y toda una corte de personajes a cada cuál más extraño. Pam Z, la groupie secretamente enamorada del cantante. Los miembros de su banda, The Mother of Invention. Y en realidad cualquiera que quisiera pasarse por la casa para disfrutar del magnetismo del cantante. Aunque lo más probable fuera que Zappa no se dignara ni a recibirlos.

Las puertas de la cabaña estaban abiertas para todos y el tráfico de fans del cantante era continuo. Pauline asistía ojiplática al desfile de artistas que cada cierto tiempo se pasaban a saludar a rey de los frikis: Mick Jagger, George Harrison, un perjudicado Rod Stewart o Eric Clapton fueron algunos de los invitados de honor que frecuentaban la cabaña de madera.

Pero toda la admiración que le profesaba Pauline a Zappa pronto se tornó en algo más humano, más real.

La personalidad británica de Butcher salía a la luz y parecía que la secretaria era la única persona entre toda esa troupe que era capaz de ver más allá del ídolo. La única cuerda en el mundo de locos que era la escena contracultural californiana.

La pasión infinita de Gail enfriaba bastante mi admiración. No era tan increíble. Era un ser humano con sus virtudes y sus defectos; pero al oírla hablar, parece que solo tuviera virtudes.

Pauline supo ver más allá del personaje, de los bigotes, las greñas y los estilismos estrambóticos y pronto descubrió un hombre con una tremenda megalomanía.

Zappa era un ególatra narcisista que menospreciaba a los que se encontraban a su alrededor. Y ese carácter difícil del músico se veía reflejado en la complicada relación que mantenía con su mujer, Gail.

El músico era un hombre muy sexual, interesado hasta la obsesión con la lujuria de la carne. Varias veces a lo largo de esos dos años le ofrece sexo a Pauline, pese a que ella lo rechaza una y otra vez. No así las groupies que le rodean. Toda la libertad sexual que el músico se aplicaba a si mismo no era tal para su esposa, y Zappa se ponía tremendamente celoso cada vez que Gail hablaba con un hombre.

También era tremendamente crítico con el feminismo. Cuando Pauline empieza a interesarse por el movimiento feminista, Frank se ríe de ella. La secretaria le habla de la liberación de la mujer y de la lucha contra el patriarcado y Zappa le responde de forma caustica.

—Entonces, ¿qué prefieres? ¿Un matriarcado? —preguntó Frank. — ¿Quieres que estén las mujeres al mando y que los hombres aparezcan una vez al mes con una hucha de esperma? Al final tendríamos una sociedad de tortilleras

Los desprecios a los miembros de su banda también eran constantes. Zappa era un hombre exigente, muy tacaño y dictatorial que prohíbe a sus músicos el consumo de drogas. Un hombre en continua búsqueda de la inteligencia que hacía que se dejara la humanidad por el camino. El ego de Frank es tal que incluso se plantea ser presidente del gobierno, pese a que no tenía ni idea de política.

—En este país hay muchos pirados, es acojonante

—Dicen que se presentará Ted Kennedy, pero, visto lo visto, no sé como hay gente que quiere ser presidente.

Entonces, sin apenas inmutarse, me anunció:

—Bueno, yo me lo estoy pensando. Dentro de ocho años.

—En 1976.

En todos los pueblos hay un marginado que compra nuestros discos. Ése siempre tendrá un amigo medio normal que puede convencer a más gente. Es como una bola de nieve, de modo que, poco a poco, todos acabarán escuchando nuestras propuestas. Multiplica eso por todos los estados y ya tenemos la base.

El cantante pretendía además ser algo así como el gurú espiritual de toda una generación.

El fan característico de los Mothers es un chico judío de 18 años, con acné, de Long Island o de un sitio similar, y está muy solo. Se ha aislado de sus padres y le preocupan las hormonas, la guerra y el servicio militar. Es muy inseguro y necesita la representación de un hermano mayor que le sirva de guía.

Sin embargo, toda esta guía y ayuda que pretende ofrecer a unos desconocidos no es capaz de plasmarla en su propia casa. La cabaña acaba disolviéndose, sus habitantes se mudan y Pauline se traslada a casa de un amigo.

Pauline parece ser la única persona cuerda en el mundo de locos que rodea a Frank Zappa

Tras el final de la cabaña, continúan las jam sessions, las canciones, los conciertos, las jornadas maratonianas de trabajo, las reuniones y las anécdotas musicales, ahora lejos de la casa de Frank. Hasta que, en 1972, decide volver a Inglaterra aquejada de un problema de salud.

Pauline mantiene el contacto esporádico con Frank Zappa hasta la muerte del músico por cáncer en diciembre de 1993. Sin embargo, Pauline decide vivir una vida normal y trabaja de profesora de psicología en un instituto. En su nueva vida jamás menciona esos años locos que vivió junto a Frank Zappa porque como explica ella, "no quería ser la chica que había trabajado con la estrella de rock y quería centrarse en mi familia".

Promesa que Pauline rompe en mil pedazos con la llegada de ¡Alucina! Mi vida con Frank Zappa, un testimonio sincero con el que conocer la cara B que esconde el rey de los más frikis.

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