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Gazza, la historia del chico vulnerable enterrado antes de tiempo

El documental 'Gascoigne' se estrena este sábado en el marco del Offside Fest de Barcelona

1. TODO LO BUENO ESTÁ MUERTO O LEJOS

Paul Gascoigne fue el mejor. Le duró poco. Lo que se tarda en conocer y tontear con los caminos de la comisaría, el hospital y la soledad. Llegó al final en los tres.

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Inglaterra era un funeral disfrazado de país en 1990. El látigo de Thatcher había precarizado a los trabajadores y arrinconado a los servicios sociales. Ni siquiera el fútbol era ya igual que antes. Sus equipos no jugaban en Europa: la violencia hooligan había conseguido que la UEFA los echase de las competiciones internacionales.

Swinging London, Charlton, Moore & Hurst, el punk, Ibiza. Todo lo bueno estaba muerto o sucedía lejos. Pero entonces llegó él. Gascoigne, el niñato que se reía rompiendo cinturas de centrales-armario cada domingo.  

Con la sonrisa de la clase obrera cuando llega el fin de semana, las pintas y la euforia.

Había conquistado a las aficiones de Newcastle y Tottenham pero ese verano de 1990 iba a ser el del mundial de Italia. Allí le iba a tocar llorar por primera vez.

2. LAS LÁGRIMAS DE TURÍN

El descarado fútbol de Gascoigne estaba sacando a Inglaterra de la depresión futbolística. Hacia la primavera del 90, con New Order grabando la canción de ánimo para la selección, el cambio comenzaba a tomar cuerpo.

Todas las imágenes que llegaban de la concentración inglesa en Cerdeña eran de bromas. En casi todas participaba Gascoigne. Hacía décadas que Inglaterra no jugaba tan bien. Fue avanzando de ronda hasta llegar a las semifinales, contra Alemania. La copa del mundo, desde el 66, nunca había estado tan cerca.

En la prórroga, con 1-1, Gascoigne disputó un balón al alemán Berthold con dureza. Recibió una tarjeta amarilla que le impedía jugar la final si conseguían ganar el partido. Entonces, mientras el juego seguía, Gazza se dio cuenta. Lloró. Su capitán Lineker trató de consolarle, pero fue en vano.

Los jugadores cayeron dignamente en los penalties y volvieron a Londres como héroes. Habían conseguido, por fin, volver a divertir a los hijos de la recesión.

3. GAZZAMANIA, CERVEZA Y CHOCOLATE

Nació la Gazzamanía. Videojuegos, libros para aprender a jugar como él. Cepillos de dientes con la imagen del héroe para motivar a los más pequeños. "La cerveza, el chocolate y las mujeres", decía cuando le preguntaban por su secreto.

La Lazio le hizo aterrizar en Roma. El recibimiento de los tifosi fue apoteósico, pero todo salió mal. Se rompió los ligamentos y la frustración se convirtió en la mejor excusa para no dejar los pubs. En uno, una caída en una pelea hizo que la lesión se agravara.

Es cierto que pelearse en una pub era una contrariedad: el plan era beber. Como cuando le confesó a Maradona, justo antes de un partido, que estaba borracho. Ese día marcó un golazo.

No podía manejar ni su sed ni su peso. Fue traspasado, medio cojo, como alguien le etiquetó, al Glasgow Rangers. Allí volvió a liarla. Celebrar un gol contra el católico y republicano Celtic de Glasgow haciendo un homenaje a la protestante Orden de Orange es el mejor camino para recibir amenazas del entorno del IRA.

Su gol a Escocia en Wembley en el europeo del 96 fue su testamento futbolístico. No tenía ni 30 años y faltaba lo peor.

4. 4 BOTELLAS DE WHISKY Y 16 RAYAS AL DÍA

A punto de acabar con la vida de su mujer Sheryl, que se divorció de él a tiempo, reconoció sus problemas con el alcohol por primera vez, y también por primera vez entró en una clínica de desintoxicación. Finalmente llegó la tan temida retirada del fútbol.

A su alcoholismo galopante y su creciente gusto por la cocaína, y a la facilidad para provocar accidentes de automóvil, se sumó el diagnóstico médico: bulimia y trastorno bipolar.

Sobredosis, intentos de suicidio. Todos los que le conocían, y toda Inglaterra, sabían cuál era la estación final. Nadie, eso sí, sabía el menú de Gascoigne en esa época. 4 botellas de whisky y hasta 16 rayas de cocaína al día, reconoció más tarde.

5. VULNERABLE, PERO VIVO

Llegó a pedir techo al sindicato de futbolistas británicos. Estuvo en la misma clínica de desintoxicación que Kate Moss o Robbie Williams. Su salida ha sido lenta, con más recaídas que avances, alejado de amistades, pubs y estadios; siempre con esa pinta de cerveza como tentación.

Los tabloides británicos han hecho un buen negocio con él. Han llenado páginas con sus escándalos y con su imagen caminando por la calle, alcoholizado. A la deriva.

Pero Gazza ha vuelto a comenzar a ganar. El Daily Mirror le tuvo pinchado el teléfono durante años, pero tras pasar por los tribunales tendrán que indemnizar al exfutbolista con más de 200.000 euros.

Solo es una pequeña victoria comparada con la batalla que actualmente gana. Despacio, vulnerable, aparentando muchos más de los 48 años que tiene, pero vivo.

El documental 'Gascoigne' se estrena este sábado a las 20:30 dentro de la programación del Offside Fest Barcelona

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