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Palabra de Beyoncé: el chándal es el nuevo traje

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La cantante lanzará con Topshop una marca de ropa deportiva

Leticia García

30 Octubre 2014 10:21

Faltaba ella. Hasta la sacrosanta Chanel se ha rendido a la evidencia y ha subido mallas y zapatillas deportivas a su desfile de Alta Costura. Los diseñadores mejor posicionados en el lujo más conceptual bajan a las calles colaborando con marcas de deporte: Riccardo Tisci (Givenchy) en Nike, Raf Simons (Dior) en Adidas o Martin Margiela en Converse. Pero ella aún no se había subido a la macrotendencia; no es diseñadora ni estilista, pero es la mujer más popular del mundo. Y el mundo necesita su beneplácito.

Esta semana se anunciaba la colaboración entre Beyoncé y Topshop. Será una línea deportiva, para hacer fitness, salir a correr o asistir a clases de baile, aunque todos sabemos que nadie pagará por esos chándals para mancharlos de sudor, sino para llevarlos por la calle.

Un estudio recogido por la web Style.com afirma que más del 50% de los consumidores de ropa deportiva la llevan fuera de entornos relacionados con el ejercicio. Sudaderas, pantalones de chándal y sneakers son hoy el uniforme en las fiestas exclusivas, incluso en las oficinas más innovadoras (véase Silicon Valley). La tendencia es tan masiva que se la ha bautizado con el nombre de athleisure, o lo que es lo mismo, ropa de deporte para el ocio.

De ahí que, desde hace algunos años, existan prendas de deporte que superen los 300 euros, y vayan firmadas por nombres que durante toda su vida han diseñado vestidos y zapatos de tacón.

Alexander Wang no es uno de ellos, pero ha sabido aprovechar el tirón para hacer más rentable (si cabe) su estilo. Su última colección está inspirada en la confección de las sneakers, concretamente del modelo Stan Smith de Adidas; no ha hecho chándals, sino vestidos, pero los colores, la composición y los materiales (caucho incluido) vienen de una zapatilla.

Su colección para H&M es una de las más esperadas (y hacía tiempo que al gigante sueco no le ocurría eso). Son, básicamente, mallas estampadas, tops de running y algún que otro pantalón ancho. Y la gente hará cola para comprárselo, se lo pondrá en circunstancias poco deportivas y compartirá la foto de su adquisición en las redes sociales. El hueco que antes ocupaba un zapato de cuero, un vestido o un abrigo especial hoy lo ocupa el uniforme del gimnasio.

Sin embargo, Beyoncé, que es muy dada a ensombrecer al resto sin darse (aparente) cuenta, ha hecho que la expectación por la colección de Wang pase a segundo plano. Tampoco importa que Lululemon, una firma de prendas de yoga que ya son todo un símbolo de estatus, vaya a colaborar con el mismísimo Dalai Lama. El caso es que la cantante más seguida del planeta, la estrella más rutilante de los últimos años, va a diseñar ropa de deporte.

En cualquier caso, la calle ha ganado a la pasarela. La apuesta por lo funcional que conlleva una rutina cada vez más frenética han logrado que los diseñadores se rindan ante la evidencia: pocos jóvenes quiere usar tacones o faldas a diario, y hay que darles lo que quieren.

Todo apunta a que el cartel de “agotado” tardará poco en aparecer. Al fin y al cabo, Beyoncé publicita cada vez que tiene ocasión su estilo de vida saludable, sus rutinas de entrenamiento y los ensayos de sus coreografías.  

Hace poco, el New York Times argumentaba que, por muy famosa que fuera, no se había convertido en un icono de la moda. Ahora puede decirse que sí lo es de la moda deportiva. Como también puede afirmarse que el chándal es el nuevo traje. Al gimnasio ahora se va con camisetas de esas que dan con la publicidad.


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