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Cobran a sus clientes por dormir junto a ellas, pero no es prostitución

Así funciona la emergente industria de los "abrazadores" profesionales

¿Pagarías para que te abrazaran?

En Estados Unidos, la respuesta a esta pregunta ya tiene forma de incipiente industria.

20 empresas de EEUU se dedican a "pagar por abrazar"

Pagar por abrazar o acurrucarse es una práctica cada vez más extendida en el país americano. Ni tener sexo ni conversar ni masajear. Tan solo abrazar.

En la actualidad, existen 20 empresas en todo el país dedicadas a los abrazos a cambio de dinero.

Convertirse en abrazadora es lo mejor que he hecho en toda mi vida”, explica Rebecca Rodrigues, que se considera abrazadora profesional.

“Estoy enamorada de que mi trabajo sea repartir amor”, añade la también abrazadora Samantha Hess.

Ambas cobran a sus clientes unos 50 euros la hora por dormir acurrucados junto a ellas.

Defienden que no hay nada detrás de esta práctica, pero los sectores conservadores de EEUU no están de acuerdo.

No hay manera de que no exista acoso sexual en algo así. Sin ánimo de ofender a los hombres, no conozco a ninguno que solo quiera acurrucarse”, explica Tony Smiith, abogado estadounidense crítico con esta práctica.

Visto como una prostitución encubierta, ha llegado hasta el punto de que la app Cuddler –una especie de Tinder de abrazos– tuvo que ser retirada por las críticas que estaba recibiendo.

El concepto surgió en 2003 a través de "la fiesta del abrazo"

Aunque es ahora cuando más se está extendiendo, el concepto de pagar por abrazar se creó en 2003, cuando el empresario Reid Mihalko convocó “la fiesta del abrazo” en Manhattan. Por poco menos de 30 euros, los participantes tenían acceso a una zona llena de colchones donde podían abrazarse con el resto sin ningún tipo de tapujo.

Todos queremos tocarnos unos a otros, pero nadie lo dice”, explica Mihalko en el Washington Post. Según sus palabras, quería fomentar el contacto no-sexual, que en Estados Unidos es prácticamente un tabú.

Pero estas fiestas solo fueron un anticipo de lo que estaba por venir.

En 2008, el stripper de San Francisco Travis Sigley se vio sorprendido cuando un hombre que había contratado un baile privado le pidió que le abrazara y se relajara con él. En las siguientes semanas, diversos hombres le hicieron peticiones similares; en vez de algo con connotaciones sexuales, preferían tener un momento de conexión humana.

Sigley supo ver la oportunidad. Fundó Cuddle Therapy –Terapia de abrazos–, donde pasó a cobrar 55 €/hora a quienes quisieran pasar el rato siendo abrazados. La única condición era que no habría nada de sexo. Todo se limitaría a algo estrictamente platónico.

Comenzó como una idea para sus clientes homosexuales, pero pronto atrajo a mujeres e incluso a hombres heterosexuales.

La primera de estas empresas la fundó un stripper de San Francisco

La idea de Sigley dio la vuelta al mundo y provocó que en un año nacieran las empresas que hoy en día dominan este peculiar nicho de mercado. Compañías como The Snuggle Buddies o The Snuggery ofrecen este servicio.  

"Varias investigaciones defienden una amplia evidencia de que el contacto físico tiene un efecto positivo en nuestra salud mental y física. Pero vivimos en una cultura que condena por dejarnos llevar por el placer del tacto. Tenemos miedo del tacto", relata un extracto de la web de The Snuggery.

Sin embargo, la sombra del acoso sexual es inevitable.

En algunas compañías, las abrazadoras llevan armas consigo para protegerse de posibles ataques sexuales.

La historia más llamativa se encuentra, no obstante, en la de una abrazadora de Cuddle Up To Me.  Samantha Hess llegó a recibir una oferta de más de 9.000 euros mensuales de parte de un hombre de Oriente Medio para unirse a su harén. Aunque la rechazó, Hess denuncia el hecho de ser confundida con una prostituta.

Un cliente ofreció a una abrazadora 9.000 euros mensuales para que se incorporase a su harén

Todo ello desemboca en el argumento de que nuestra sociedad no acepta el tacto no-sexual. La pregunta es evidente:

¿Puede la sociedad aceptar el pago por el contacto físico sin sexualizarlo?

[Vía Priceonomics]

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