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De Pablo Iglesias a George Bush, cuando la política es un videojuego

Después de "Casta Wars" llega... "Mission Majority"

Mission Majority parece un jueguito inocente, pero es otra cosa. Pese a su aspecto retro no tiene detrás a una compañía indie, sino al partido republicano estadounidense. Las elecciones al Senado se celebrarán en noviembre, y los del elefante ya están afilando sus cuchillos. Para ello han creado la herramienta más obvia que se les ha ocurrido para tratar de rejuvenecer su imagen altamente viejuna: un videojuego.

Y puede que les funcione. Porque tal vez gran parte de la juventud global no esté muy interesada en política, pero jugar videojuegos es un pasatiempo cada vez más popular. De hecho, en casa tenemos un buen ejemplo de esto: “Casta Wars”, un matamarcianos en el que Pablo Iglesias se enfrenta a sus adversarios políticos al más puro estilo Space Invaders.

El juego sobre el líder de Podemos es una broma hecha con mucha sorna por un pequeño estudio de Madrid. Una broma que les está saliendo muy bien: el juego ya supera las 23.000 descargas y está en el top 20 español para iOS y Android.

Lo de Mission Majority, sin embargo, es otra cosa. Propaganda directa a la vena. Porque ¿quién quiere teorías políticas o debate social, cuando se puede lanzar puñetazos directos al córtex cerebral del futuro votante?

El elefante del lado oscuro

En el juego, de estética hábilmente naíf y que se juega desde su página web, manejamos a un elefantito llamado Gopoi, en referencia a las siglas del partido (GOP, de Grand Old Party). Gopoi tiene que ir recogiendo llavecitas en niveles plataformeros que recuerdan a una especie de Super Mario mal hecho, y eliminando a sus enemigos, los malvados taxers (impuestos) o los ignominiosos mudslingers (charlatanes).

Todos tus enemigos han sido puestos ahí por Obama y sus aliados, como se te recuerda cada vez que completas un nivel. También hay numerosas banderas estadounidenses. Pero lo mejor de todo es que cada vez que acabas con un enemigo, se escuchan pequeños cortes de voz de políticos republicanos soltando frases clave.

La jugada de “Mission Majority” es de repóker. No estamos hablando de un juego que te enseñe en absoluto cómo funciona una campaña electoral, o que esté remotamente relacionado con el mundo político. Para eso tenemos ejemplos tan completos como Democracy 3 o la saga Civilization, o tan interesantes como Papers Please, del que ya hablamos en otra ocasión.

De hecho lo que hace es precisamente lo contrario: te obliga a registrarte, y acto seguido te mete en un entorno familiar, adictivo, entretenido y de colorines, y vas completando niveles mientras los mensajes se deslizan en tu mente. Y de pronto, como quien no quiere la cosa, te plantan un botoncito delante: ¡dona!, ¡únete!, ¡conócenos!

Y tú piensas “pues les voy a dar una oportunidad a estos republicanos, parecen buena gente”. Si uno necesitaba alguna confirmación de que los grandes grupos políticos actuales lo que hacen sobre todo es márketing, aquí tiene un ejemplo paradigmático.

¿Perdidos o más listos que el hambre?

En un mundo de guerrillas como es el de la comunicación hoy, la aparición de estos videojuegos puede parecer sólo una curiosidad. Puede que nos preguntemos si su existencia se debe al desconcierto de los partidos, que ya no saben que inventar para atraerse al votante, sobre todo al joven. O puede que estemos ante algo mucho más orquestado.

Aunque en el caso de "Casta Wars" todo obedezca al impulso espontáneo de dos desarrolladores, o en otras ocasiones se utilice lo lúdico como una forma de protesta, la sabiduría en el manejo de los media que el partido republicano ha mostrado a lo largo de su historia nos hace pensar que no podemos subestimar el impacto electoral potencial de inventos como "Mission Majority".

Con el mismísimo Rupert Murdoch invirtiendo más de 50 millones de dólares en el conglomerado mediático de Vice, y campañas que intentan captar el voto hipster, uno diría que el GOP no anda tan desconectado del mundo de los menores de 30 y sus costumbres como se esperaría. Ahora bien, que eso se traduzca en votos o adhesiones está por ver.

Nosotros, mientras tanto, seguiremos echándonos partidas.

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