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Este médico encontró la cura a una enfermedad mundial con 29 años

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El Pian, la bacteria endémica que sufren 80 millones de personas, podría tener los días contados gracias al trabajo de Oriol Mitjà

clara gil

07 Mayo 2017 06:12

No lleva bata blanca ni supera los 40. Ha cambiado las frías salas de hospital por las arenas blancas del Pacífico y una consulta móvil que desplaza para atender a los pueblos más remotos de Papúa Nueva Guinea. Oriol Mitjà, de 36 años, no cumple con el estereotipo de médico al que estamos acostumbrados.




Con tan solo 29 años, este joven catalán encontró la cura para la enfermedad del Pian, una dolencia medieval endémica y de la familia de la lepra. Esta la provoca una bacteria que suele encontrarse en las partes más frondosas de la jungla. Sus efectos son escalofriantes: desdibuja los rostros y deforma las piernas. El Pian afecta a 13 países de África, Sureste Asiático y Pacífico Occidental.


No lleva bata blanca ni supera los 40. Ha cambiado las frías salas de hospital por las arenas blancas del Pacífico y una consulta móvil que desplaza para atender a los pueblos más remotos de Papúa Nueva Guinea. Oriol Mitjà, 36 años, no cumple con el estereotipo de médico al que estamos acostumbrados.


Cada año se anuncian 100.000 casos nuevos y se estima que 80 millones de personas pueden estar en riesgo de contagiarse. Los principales afectados son los más pequeños: los niños de entre 5 y 15 años. "Son quienes juegan en la jungla y se hacen más heridas. Si a eso le unes pocas defensas o baja inmunidad tenemos la suma perfecta para que la bacteria sobreviva en sus cuerpos", explica Mitjà en conversación con PlayGround.

Antes de llegar a Papúa Guinea, en 2010, Mitjà viajó a la India de mochilero en su primer año como estudiante de Medicina. "Allí me di cuenta de la pobreza que puede haber en el mundo, de las desigualdades y de la dificultad que sufren millones de personas para acceder a los medicamentos", asegura.

Fue entonces, con 18 años, cuando decidió que se especializaría en enfermedades tropicales. Terminó la carrera y se fue a investigar a Londres. La última noche de su guardia recuerda que le llamaron para suplir una baja. "Me dijeron que necesitaban que fuera a una isla del Pacífico durante un mes para poder sustituir a uno de los médicos que estaba de baja", recuerda.


Los niños de 5 a 15 años son los más afectados y también los más estigmatizados. La mayoría no está escolarizada por miedo al contagio


La isla de Lihir, en Papúa Nueva Guinea, es un verdadero paraíso de arenas blancas, aguas turquesas, espesa jungla que incluso cuenta con un volcán extinto que guarda una de las mayores reservas de oro del mundo. Pese a toda su riqueza, la mayoría de los habitantes de la isla viven en la miseria.

La imagen que más le chocó a Mitjà fue la de miles de niños que tenían úlceras en la cara, que no podian jugar por el dolor y que presentaban deformaciones en su cuerpo. "Me dijeron que era Pian, algo muy común en la zona, pero que yo desconocía completamente. Para los niños era un verdadero problema, no solo por los dolores, si no por el estigma que sufrían", recuerda Mitjà. Los niños enfermos no van al colegio por el riesgo de contagio.

El mes pasó pero Mitjà decidió quedarse en la isla y comenzar una investigación para encontrar una cura. Fueron siete años donde apenas tuvieron financiación, solo pequeñas donaciones que se realizaban mediante su página web (donde todavía se puede donar). "Después de 4 años dimos con el medicamento. Queríamos que fuese oral, porque la mayoría de la población vive lejos del hospital y no tiene acceso a las agujas. También queríamos que fuese con una sola pastilla, porque 6 días no se la iban a tomar", explica.

La pastilla es la azitromizina, un antibiótico barato para el primer mundo, que se emplea contra la otitis y la bronquitis.

Tras el hallazgo, llegaron las pruebas. A los seis meses de tomar una sola pastilla de azitromizina, el 96% de los chicos estaban curados. Fueron dos años en los que no contaron con ningún tipo de ayuda institucional para hacer llegar el medicamento a los pacientes. El propio Mitjà era quien lo compraba.

Solicitó ayudas al Ministerio de Economía español, al Gobierno australiano, a la Comisión Europea y al Wellcome Trust británico. No consiguió que nadie le echase una mano. Sí consiguió el reconocimiento de la OMS (Oganización Mundial de la Salud). Es ahora la organización quien se encarga de pedir a las farmaceúticas las donaciones.


Tras el hallazgo, llegaron las pruebas. A los seis meses de tomar una sola pastilla de azitromizina, el 96% de los chicos estaban curados. Fueron dos años en los que no contaron con ningún tipo de ayuda institucional para hacer llegar el medicamento. El propio Mitjà era quien lo compraba.


Finalmente, el pasado 19 de abril, llegaron más buenas noticias. La farmaceútica brasileña EMS donará este año 40 millones de pastillas y, el que viene, otras 40. "Es bastante paradójico que la única farmaceútica que se haya ofrecido sea una del tercer mundo, mientras el resto no ha hecho nada", lamenta Mitjà. "La parte del dinero siempre es la más complicada".

Gracias a su descubirmiento y a la farmaceútica brasileña, se espera que esta enfermedad quede erradicada en dos años.

Después de unas semanas en Barcelona, Mitjà —que está entre los tres finalistas a Catalán del año— vuelve a Papúa Nueva Guinea, donde vive. "Ahora queremos ver cómo se desarrolla la bacteria y si es posible generar reservas", explica.

Sus planes después de esta hazaña son ir a más: "Después quedan muchas otras enfermedades endémicas que están afectando a los más vulnerables, a la gente más pobre. Queda mucho tabajo todavía para hacer", concluye.


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