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Orange Sunshine, o cómo dos jóvenes quisieron 'salvar el mundo' con el LSD más puro jamás sintetizado

El documental The Sunshine Makers narra la historia de Nick Sand y Tim Scully, dos jóvenes que se propusieron cambiar el mundo con mucho amor... y 750 millones de dosis de ácido

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“Estaba con mis amigos en un retiro junto al lago en el Estado de Nueva York. Sentado frente al fuego, desnudo, en la posición de loto. Solo quería estar desnudo, no quería vestirme. Y después, fui más allá y desaparecí. Estaba flotando en este vasto espacio extenso y una voz me atravesó. Decía: 'Tu trabajo en este planeta es hacer psicodélicos y encender el mundo'”.

Este es el relato del primer viaje con LSD de Nick Sand, uno de los creadores del Orange Sunshine, el LSD más puro jamás sintetizado.

A miles de kilómetros de distancia, en San Francisco, Tim Scully vivía algo parecido. “Me sentía fresco y nuevo. El olor de las flores y los árboles era intenso. Y pensé: puedo fabricar esta mierda y dársela a cualquiera que quiera colocarse”.

Ambos son los protagonistas del documental The Sunshine Makers, un recorrido por la historia de los dos jóvenes que un día decidieron hacer de las palabras que imaginaron durante un viaje lisérgico... la obra de sus vidas.

"Tu trabajo en este planeta es hacer psicodélicos y encender el mundo"

Scully era un joven excéntrico que siempre comía lo mismo, día tras día. Sand era un veinteañero extrovertido al que le gustaba hacer yoga desnudo. Dos perfiles que no tenían mucho en común si no fuera porque compartían el mismo propósito: fabricar LSD para cuantas más personas mejor. Y no precisamente como negocio.

Pensábamos que el LSD iba a salvar el mundo”, explica Sand. “Y lo haría abriendo las mentes de la gente, todo el mundo experimentaría una sensación de amor capaz de lograr la paz en el mundo”.

Con esa idea en la cabeza, estos dos jóvenes empezaron a producir en un laboratorio clandestino, al más puro estilo Breaking Bad, cantidades ingentes del mejor ácido del mundo. Lo llamaron 'Orange Sunshine'.

Scully y Sand siguieron una técnica de laboratorio muy cuidadosa, ya que "los componentes lisérgicos son muy frágiles y fáciles de estropear", explica Scully en el documental. Trabajaban en un oscuro laboratorio improvisado en Breaking Point Richmond (California), ya que "la luz del sol es mortal para el LSD. En presencia de agua, los rayos ultravioleta transforman el LSD en limi-LSD".

Otro de los problemas tenía que ver con la quema de disolventes sin calentar la solución por encima de la temperatura ambiente. Para conseguirlo, tuvieron que recurrir a cantidades ingentes de hielo seco. "Recibíamos cerca de una tonelada de hielo seco cada semana".

Nick Sand, Tim Scully y dos de sus colaboradores en su laboratorio clandestino. Imagen extraída de The Sunshine Makers

Pese a que no fueron ni los primeros en sintetizar LSD (ese honor corresponde al científico suizo Albert Hoffman) ni sus nombres han quedado para la historia junto a los de los máximos apóstoles de la revolución ácida (al frente de todos ellos,  Timothy Leary, The Pope Of Dope), la proliferación del consumo de esta droga a mediados de los sesenta es en parte culpa suya.

 Entre los consumidores de LSD existía la creencia de que cuánto más puro era el ácido mejor era el viaje que producía. Por lo que no era de extrañar que el Orange Sunshine tuviera clientes tan memorables como John Lennon. Era el verano del amor y todo el mundo quería su ración de liberación mental.

Sin embargo, no todo era felicidad, paz y armonía para estos dos químicos clandestinos. El ácido había sido declarado ilegal en California el 6 de octubre de 1966, por lo que Sand y Scully tenían que operar en la clandestinidad más absoluta. Además, nuevas drogas entraron en escena y muchos de los consumidores de LSD se pasaron a otras sustancias más adictivas, como la metanfetamina o la heroína. La revolución del amor se deterioraba y el cerco policial contra Scully y Sand cada vez se cerraba más. En 1971, Scully abandonó el negocio del LSD y comenzó a trabajar en una empresa de electrónica. Sand seguía sintetizando ácido, esta vez en el interior de un adosado en St Louis.

Finalmente, en 1973 su suerte terminó. Sand y Scully fueron delatados por un antiguo jefe y procesados. Así, con algo tan rastrero como un chivazato de un ex colaborador, acababa el sueño de dos jóvenes que un día se propusieron producir suficiente ácido como para dotar de amor y paz al mundo entero.

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