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Miles de turcos recorren más de 400 kilómetros para exigir justicia a Erdogan

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Los manifestantes han pedido al régimen acabar con las detenciones arbitrarias y abusos en la mayor protesta desde 2013

alba losada

10 Julio 2017 13:07

Getty Images

Ayer la oposición turca dijo basta al gobierno de Recep Tayyip Erdogan. Basta a las detenciones arbitrarias, a las acusaciones de terrorismo sin fundamentos y a los despidos improcedentes que se han perpetrado desde el frustrado golpe de estado de la noche del 15 de julio de 2016.

Así lo expresaron cientos de miles de personas que atestaron las calles de Estambul en la que fue la protesta más multitudinaria de la oposición en tres años. Ocurrió en un mitin de Kemal Kiluddar?lu, líder del Partido Republicano del Pueblo (CHP), que marcó el final de la "Marcha de la Justicia". 25 días de reivindicaciones durante los cuales ha recorrido los más de 400 kilómetros que separan Ankara y Estambul exigiendo justicia.

"Nadie debe pensar que esta protesta ha terminado. Esta protesta es un comienzo. Este es un renacimiento para nosotros, para nuestro país y para nuestros hijos. Nos rebelaremos contra la injusticia", exclamó Kiluddar?lu.

La manifestación se desarrolló a menos de una semana del primer aniversario del intento de golpe de estado ejecutado por facciones de las Fuerzas Armadas turcas. Una sangrienta madrugada que dejó como resultado a al menos 264 fallecidos, más de 2.000 heridos y una purga que silenciaría, bajo acusaciones de terrorismo, a cualquier intelectual que manifestara una idea contra Erdogan.

"Derribaremos el muro del miedo. Este último día de nuestra caminata por la justicia es un nuevo comienzo, un nuevo primer paso", añadió el líder republicano.

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                                                                                                                                                                         Sedat Suna / EPA

El objetivo de la "Marcha de la Justicia" no ha sido otro que exigir el fin del estado de emergencia, los arrestos arbitrarios y los despidos improcedentes. El retrato de una oleada de represión que ha cambiado la vida de decenas de miles de funcionarios públicos – entre los cuales figura la cuarta parte de la judicatura turca –, periodistas, académicos y activistas, entre otros. Les acusan de ser terroristas por estar supuestamente vinculados al líder del Movimiento Gülen, Fethullah Gülen, a quien Erdogan señala como el autor del golpe de estado.

A pesar de la multitud de evidencias que demuestran que el espectro político del Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP) está convirtiendo a Turquía en un régimen opresor, Erdogan sigue encontrando excusas para defenderse. La semana pasada sostuvo en una entrevista al rotativo alemán Die Zeit que el poder judicial del país era independiente al justificar que las detenciones se debían a cargos de terrorismo. "Si resulta que son inocentes, el poder judicial los liberará. Pero si son culpables, el poder judicial actuara en consecuencia", dijo.

Pero la situación actual del país podría agravarse con la ampliación de poderes que la victoria del referendo podría otorgarle Erdogan. En el caso de que gane las elecciones presidenciales de 2018, también tendrá potestad para nombrar a la mayor parte de jueces del país.


"Nadie debe pensar que esta protesta ha terminado. Esta protesta es un comienzo. Este es un renacimiento para nosotros, para nuestro país y para nuestros hijos"



La protesta, que se convirtió en el mayor ejemplo reciente de oposición a Erdogan, reunió a personas que expresaron su satisfacción por el llamamiento a la acción de Kiluddar?lu. También atrajo a otras que reconocieron el temor que les suscitaba que el éxito de las manifestaciones desencadenara arrestos. "Yo soy uno de sus objetivos. Si intentan detenerme les daré la bienvenida. Nuestro objetivo es crear conciencia y protagonizar un llamado de atención para la justicia", lamentó un miembro del CHP, Mahmut Tanal.

Sea cuál sea el final de estas reivindicaciones, hay algo que la oposición turca tiene muy claro: no descansará hasta que su país vuelva a asemejarse a lo qué era.

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