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Operación Fatkini: quita tus sucias palabras de mi cuerpo

Cuando las mujeres con talla grande viralizan sus posados con un dos piezas, los medios la lían reivindicando a la 'mujer real'

El verano es la estación de los déja vus y la parálisis. Los noticieros son los viejos molinos encargados de arrastrar los mismos temas una y otra vez para que nada perturbe la siesta colectiva. Uno de esos tópicos manidos es el de las dietas, la llamada “operación bikini”.

Pues bien, este año toca celebrar la incursión de una nueva tendencia en moda de baño que revienta los cánones de belleza femeninos actuales: el Fatkini es un bikini tan vistoso como los demás que tiene la particularidad de ajustarse al gran cuerpo de sus dueñas. La prenda parece decirnos que ya no es necesario sufrir para caber en un unas braguitas al borde de la desaparición y que, como decían nuestras madres, la ropa hay que llevarla de la talla que se gasta: lucir nuestras medidas con orgullo equivale a aceptar nuestros cuerpos no normativos.

Todo empezó cuando Gabi Gregg, una influyente bloguera de moda, utilizó el hashtag #Fatkini en una fotografía en la que posaba con un dos piezas. Se trataba de uno de sus muchos diseños para este verano, pues Gregg ha lanzado su propia línea de bañadores: estampados vistosos (nada de disimular), cortes modernos y un derroche de energía y personalidad.

Muchas mujeres empezaron a subir fotografías posando en bikini. No fueron pocas las que se calzaron la prenda por primera vez y en público, y explicaron sus experiencias a través del famoso hashtag. “Se está transgrediendo la regla de que las mujeres gordas no usan bikinis”, opinó Virgie Tovar, experta en discriminación e imagen corporal en Clarín. “Hay también toda una experiencia corporal de sentir el viento y el sol en el estómago. Este sentimiento es muy estimulante”.

Gabi Gregg tiene miles de seguidoras que admiran su seguridad, y ha convertido la promoción de sus diseños en una campaña social que revoluciona los estándares de belleza y exhibe la sensualidad de las personas con sobrepeso. Gregg habla de quererse a sí mismas, pero sobre todo demuestra, a través de sus propias selfies, aquello de que ser sexy empieza por la actitud.

Mujeres “reales”

La aparición del Fatkini coincide con un momento de ruptura del tabú y los primeros pasos de la industria a la hora de representar a mujeres que no se ajustan a sus estrictos estándares. Surgen comunidades destinadas a empoderar a quienes son discriminados por su imagen, como Stop Gordofobia, pero también vemos como Vogue Italia destina una portada a la “belleza real” y Candice Huffine se convierte en la primera modelo de tallas grandes en aparecer en el mítico calendario Pirelli.

El éxito en redes del #Fatkini es innegable, y puede que tenga relación con el hastío que producen las imágenes idealizadas y retocadas de modelos con físicos imposibles. Cada vez resultan más ficticias, y esa perfección artificial está dejando de atraer como antes. El mercado busca carne fresca, nuevas tendencias: si antes las clavículas simbolizaban lo sexy, ahora hay que empezar a promocionar a la gordita apetitosa.

También hay quienes creen que detrás de este sutil cambio de paradigma hay simple visión de mercado: cada vez hay más obesidad y las marcas tienen que adaptarse. También hay quienes señalan que el ideal de la mujer con curvas, rotunda y hogareña, coincide con los ciclos de crisis económica.

Sin embargo, la polémica generada alrededor del Fatkini viene dada por los numerosos titulares que han utilizado expresiones como “mujer verdadera” o “mujeres reales”. De pronto, algunos medios nacionales estadounidenses empezaron a demonizar a it girls muy delgadas como Alexa Chung o Kate Bosworth y a publicar y contrastar sus fotografías en traje de baño. Como si las mujeres delgadas no fueran reales y además fueran las culpables de los mensajes que la industria lanza a través de campañas publicitarias.

El Fatkini supone la justa democratización del narcisismo, acabar con aquello de que sólo las "guapas" pueden presumir: estas mujeres no han venido a decir que ellas representan un ideal, sino que ellas se sienten bellas tal y como son. El problema surge cuando se generan discursos que dicen a las mujeres qué es ser verdadera, a quiénes debemos parecernos. No sólo por el hecho de que los trastornos alimentarios producen enfermedades cada vez más extendidas (tanto la anorexia, la bulimia como la obesidad mórbida); también ha llegado el momento de decir que todas somos verdaderas. Detrás de consejos, modas y tendencias se esconden las manos sobonas del viejo patriarcado, que va a seguir opinando sobre nuestros cuerpos reales hasta que se muera.

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