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Troncos, piedras y mucho sudor: así es el fitness primitivo

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Tus ancestros tienen la respuesta a todos tus males

Alba Muñoz

15 Abril 2015 06:00

Fotografías y gifs de Guillem Sartorio.

¿Sabrías trepar a un árbol? Probablemente no. Aunque también es probable que respondieras con otra pregunta: ¿para qué lo necesito? En el mundo actual parecen más útiles una cartera llena o unos dedos rápidos con el teclado.

Pero quizá estamos olvidando un pequeño detalle: el 95% de nuestro genoma es el mismo que hace 160.000 años. En esencia, seguimos siendo homo sapiens del Paleolítico.

Según el fisioterapeuta David Vargas eso explica por qué en la actualidad muchos de nosotros no nos sentimos bien a nivel físico y psicológico: "Tu cuerpo no entiende por qué no te mueves y se desordena". Y no nos movemos porque no necesitamos coger la manzana del árbol. Está esperándonos en la nevera.

Hace ocho años, junto a un grupo de médicos y educadores físicos, Vargas creó el Paleotraining. Se trata de un sistema de entrenamiento basado en las rutinas que el hombre paleolítico utilizaba para sobrevivir, como por ejemplo, trepar: "Si nuestro cuerpo es el mismo que el de nuestros antepasados, el movimiento es la base de nuestra salud integral. Y tiene que seguir unos patrones primitivos".

Sólo en España ya hay 11 salas "paleo", y se parecen más a un gimnasio picapiedra que a una sala de fitness: luz natural, suelo de césped artificial y ninguna máquina de musculación a la vista. Aunque las tarifas no están al alcance de todo el mundo, los clientes se ejercitan con troncos y piedras.

Saltar, empujar, lanzar, reptar, escalar o equilibrarse son algunos de los 150 ejercicios que propone esta disciplina. "¿Has visto los cuerpos de los cazadores-recolectores? Su postura erguida, su porcentaje de grasa y músculo son idóneos".

Vargas asegura que con pequeños entrenamientos de 20 a 40 minutos se recupera rápidamente la silueta, se mejora la postura, las personas delgadas ganan músculo, aparecen los abdominales (sí, es posible quemar los michelines irreductibles) y también el famoso paleo-culito: "Los glúteos se trabajan muchísimo. Se consigue un cuerpo atlético y funcional, capaz".


Nuestro cuerpo está más preparado para las hostilidades, situaciones de peligro o carencias que nuestra mente. Y los ejercitamos al revés



Según este fisioterapeuta, los gimnasios están plagados de desconocimiento. Por ejemplo, unas pesas de halterofilia están pensadas para hacer fuerza con los bíceps y los hombros, no con las manos. Precisamente, ejercitar la fuerza y el agarre de manos y pies, "nuestros tentáculos", es esencial para un desarrollo inteligente de la musculatura.

"La mano debe ser fuerte, después viene el antebrazo y el bíceps", explica Vargas. "El calzado confortable ha provocado que se atrofien los músculos que protegen los tobillos y las rodillas y sirven para equilibrarnos, por eso hay tantas lesiones. Es importante entrenar descalzo y en ayunas".

El hombre del paleolítico caminaba largas distancias sin haber comido, precisamente porque iba en busca de ese alimento. Esta dura circunstancia esconde un beneficio mucho más potente de lo que pensamos: la gratificación.

"Cuando comes después de haber hecho ejercicio no solo disfrutas más, tu sistema endocrino se ordena". El funcionamiento es sencillo: las carencias despiertan a tu cuerpo dormido, este quema la grasa y se activa para recibir hidratación o alimento. "Llegar a la comida con hambre, sentir la sed real, es vital para nuestra salud, nuestra felicidad e incluso nuestra fertilidad. La gente se encuentra mejor, se siente segura y su líbido aumenta".

La vida sedentaria y la abundancia nos han conducido a comer sin hambre. Ese gesto tan simple causa un auténtico caos en nuestro organismo: "Es como cargar el móvil cuando están al 80%: la batería se acaba estropeando".

En una época en la que cada vez nos sentimos más cyborgs y más torpes, la ciencia nos lleva la contraria: nuestro cuerpo está más preparado para las hostilidades, situaciones de peligro o carencias que nuestra mente. Y es lo contrario de lo que hacemos:

"Ante el estrés nos volcamos en conductas adictivas y sentimos hambre química, eso nos lleva a comer con ansiedad alimentos que nos deprimen. Nunca tendrás tantas ganas de comer fruta como después de haber hecho deporte. Todo encaja y no hay vuelta de hoja", dice Vargas. "No digo que sea fácil, pero la receta es sencilla".


Despierta la mente que hay en tu cuerpo





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