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La isla japonesa que no acepta mujeres... ¿patrimonio de la humanidad?

Okinoshima, donde las mujeres no son bienvenidas y la entrada para hombres está reservada a muy pocos afortunados, acaba de ser nominada por la UNESCO

Según cuentan las leyendas, hace muchos años los antiguos dioses Shinto llevaron a 3 emperatrices a la isla de Okinoshima. Su misión era clara: debían cuidar y salvaguardar el Imperio de Japón.

Con el paso del tiempo, esta remota isla de 800.000 m2 situada al sur de Japón se ha convertido en uno de los lugares más sagrados del país. Y también uno de los pocos en los que las mujeres no pueden poner ni un pie.

Porque, más allá de los vestigios de la leyenda de las 3 emperatrices grabados para siempre en la roca de las montañas, las mujeres tienen vetada la entrada a Okinoshima.

Una situación que puede que cambie en el futuro, tras conocerse a principios de este mes la nominación del enclave a la lista de Patrimonios de la Humanidad de la UNESCO. Y aunque la decisión final no se tomará hasta julio, la posibilidad de cambio en el status quo de la isla preocupa, y mucho, a sus habitantes.

Porque allí las condiciones de vida son cuanto menos peculiares. Okinoshima, considerada una shinto kami (sitio sagrado) es propiedad del Santuario Munakata Taisha. De forma regular solo se permite el acceso a los sacerdotes del santuario, que se turnan para alojarse en la isla durante todo el año. La situación cambia el 27 de mayo, cuando la isla de Okinoshima se abre a 200 afortunados. Solo hombres, claro.

Los visitantes deben seguir un estricto ritual de limpieza y purificación, tirar toda su ropa, mantener en secreto los detalles del viaje y no coger absolutamente nada, ni siquiera una flor o una brizna de hierba.

Más allá de los vestigios de la leyenda de las 3 emperatrices grabados para siempre en la roca de las montañas, las mujeres tienen vetada la entrada a Okinoshima.

Respecto a la razón de la polémica prohibición de entrada a las mujeres, no hay consenso al respecto. Por un lado, podría deberse a que la religión sintoísta considera que la sangre es impura y, por lo tanto, las mujeres menstruantes podrían "ensuciar" los lugares sagrados de la isla. Por otro, algunos creen que la razón podría residir en que los viajes a Okinoshima solían ser peligrosos, por lo que los hombres prohibían el acceso a las mujeres “para protegerlas”.

Sea por paternalismo rancio o por fobia a los fluidos femeninos, la prohibición se ha mantenido hasta pleno siglo XXI.

Una condición que tendrá que ser revisada si el listado de la UNESCO sigue adelante, según informa el periódico local Asahi. Pese a que a los responsables de Munakata Taisha no les haga mucha gracia. "Nuestra postura se mantendrá sin cambios incluso si está registrado en la lista del patrimonio mundial”, declaró un responsable del santuario al Mainichi Daily , "vamos a seguir para regular estrictamente las visitas a la isla”, mantuvo.

Aunque para cumplir con ello tengan que ir al contrario del mundo moderno y veten la entrada su santuario a una de las mitades de la población del planeta.

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