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"Odio estar embarazada y la propaganda que me dice que debo estar feliz por ello"

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El sincero testimonio de una mujer embarazada que lucha contra lo socialmente aceptado

PlayGround

11 Mayo 2016 19:50

Continuamente conocemos historias de embarazadas felices, que cuentan que los nueve meses de gestación fueron los mejores de su vida. Pocas veces se relata la cara B, los aspectos oscuros que rodean el embarazo. Los cambios en el cuerpo, en el humor, las hormonas locas y los problemas físicos que acarrea el embarazo, la ansiedad y la angustia sobre cómo será el futuro bebé, si nacerá sano o si seremos capaces de quererlo.

Recientemente, una madre se ha atrevido a rebelarse contra la socialmente aceptado y cuenta su experiencia traumática como embarazada a través de esta carta abierta en Vagenda Magazine.

La protagonista de la carta descubrió en noviembre que estaba embarazada. Con casi 32 años, llevaba con su marido 5 años y ninguno sentía ninguna urgencia en ser padres. Por primera vez, disfrutaban de la vida adulta y de una buena situación económica.


“ Había noches caprichosas de sexo sin protección en las que, obviamente, sabíamos que podrían llevar a un bebé. En mi mente la idea era así: los dos teníamos empleo, éramos dueños de una casa, tener un hijo no sería un desastre. Desde luego, preferiría tener un accidente feliz a obsesionarme con saber cuándo estaba ovulando”.


Y llegó el día. Una cruel casualidad quiso que el día que esta mujer se enteró de su embarazo fuera el mismo del fallecimiento de su abuela tras una prolongada batalla contra el cáncer.


“No pensé bieeeen, no pensé ¡Sí! mientras alzaba los brazos. Mi primer pensamiento fue 'Joder'. Mi segundo: ¿sería capaz de mantener el secreto si abortara? La reacción de mi marido fue impasible pese a verme entrar en pánico. Ninguno de los dos pensaba que eso pudiera llegar a suceder”.


Mi marido me dijo 'es tu decisión, te voy a apoyar de cualquier manera'. Me respaldaba pero era inútil. Yo quería que dijera 'por favor tengamos al bebé, lo significa todo para mí', o 'por favor no tengamos al bebé, no estamos listos'. Pero no lo hizo. Mis hormonas empezaron a actuar y la imaginación se volvió loca. Me imaginaba la vida del bebé. Me sentía culpable por su existencia. Contemplaba una pequeña versión de mi marido corriendo y fue algo bonito. Racionalicé que si terminaba con la vida de este bebé y no me pudiera quedar embarazada de nuevo, nada podría consolarme, así que decidí seguir adelante con el embarazo.


Toda la familia y amigos de la pareja estaban ridículamente felices. Los futuros padres también vivieron días increíbles, como cuando vieron por primera vez el rostro de su hijo en una ecografía, o los momentos previos de preparación para que todo estuviera perfecto cuando el bebé llegara.

Supuestamente, todos los días debían ser felices e increíbles. Sin embargo, para la futura mamá no siempre era así.


En su conjunto —y tal vez es porque yo no soy una de esas mujeres que han soñado con ser madre durante toda su vida— he encontrado el embarazo física y emocionalmente en el punto que va entre muy difícil y experiencia totalmente traumática. No puedo hacer todas las cosas que más me gustan como hacer surf y correr. He sido muy anémica desde el principio y, aunque he conseguido evitar las enfermedades y los antojos, me siento completamente agotada y necesitada. Mi piel, que siempre ha sufrido psoriasis, ha llegado al punto más bajo de todos los tiempos.

Mis pechos están cubiertos por una protuberancia roja, en forma de escamas brillantes de ira. El peso extra que he adquirido —que de por sí ya no me gusta— está ejerciendo una enorme presión sobre las arterias del muslo provocando dolores muy agudos y una gran cantidad de calambres en las pantorrillas y la espalda baja, especialmente en la noche. Odio orinar tres veces por noche y no me gusta el hecho de que no puedo subir una cuesta sin estar a punto de desmayarme.

La gente a mi alrededor, con muchos de los cuales no había hablado antes, sentían la necesidad de decirme lo bien que me veo, lo bonita que es mi barriga, lo maravilloso que es estar embarazada, lo emocionada que debía estar y lo bien que estaba afrontando arrastrarme al trabajo pese a sentirme mal la mayor parte del tiempo. Cuando les cuento cómo estoy realmente, me miran con cariño y me dicen 'Tranquila, al final todo vale la pena'.

Mientras, me bombardean en los medios con mensajes sobre lo agradable que es estar embarazada: 'radiante', 'natural', 'feliz'.

(...)

Pero, a diferencia de los mensajes que percibo, solo siento que soy 'vulnerable', 'necesitada' y estoy 'aterrorizada'. No me siento a gusto con la forma en que mi cuerpo ha cambiado y estoy resentida porque no me siento bien y llena de energía como antes. Odio a la gente que me dice que al final todo merecerá la pena porque no siempre me las creo. ¿Cómo pueden saber esto?”.

En unas semanas, mi cuerpo maltrecho y desfigurado será desgarrado durante horas por un dolor insoportable. Y en lugar de tener tiempo para recuperarme física y mentalmente de esta experiencia traumática, se esperará de mí que sea una especie de vaca lechera de la que mi bebé se alimente cada dos horas. Mi vagina y abdomen se habrán trasformado hasta ser irreconocibles y se supone que debo estar bien porque la llegada del bebé me proporcionará 4 semanas de sangrado intenso y de dolor al orinar.

Me aterra pensar que, a diferencia de todos los mensajes que recibo de los medios de comunicación, no me llegue de repente el amor que se supone que tengo que tener hacia mi bebé.

¿Y si al final no es un 'todo vale la pena'?”.







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