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El nuevo giro del ‘caso Grégory’, el crimen que obsesiona a Francia desde hace tres décadas

Tenía 4 años cuando fue encontrado atado de pies y manos en el lecho del río Vologne. La justicia acaba de imputar a dos familiares del niño como supuestos autores de un asesinato que lleva 32 años pidiendo respuestas

16 de octubre de 1984. El reloj marca las 17:35 cuando el teléfono suena en casa de Michel Villemin. Al otro lado, una voz anónima avisa con tono helado: He raptado al hijo del jefe. Lo he arrojado al río”. Solo eso. Ni una palabra más. Michel llama inmediatamente a su hermano. Sabe que lo de 'jefe' va por él.

Jean-Marie y Christine Villemin habían dejado a su pequeño Grégory jugando en el jardín que quedaba frente a la casa familiar. Al recibir el aviso, la madre le busca allí, pero no está. Tampoco dentro de la vivienda. No hay rastro del crío. Christine corre a avisar a la policía. Tres horas después, el cadáver del niño es encontrado a unos siete kilómetros de allí, en las cercanías de Docelles. Grégory aparece atado de pies y manos sobre el lecho del río Vologne. Acababa de cumplir 4 años .

Al día siguiente, una carta anónima llega al buzón de los Villemin. Va dirigida a Jean-Marie. “Espero que mueras de dolor, jefe. Tu dinero no le va a devolver la vida a tu hijo. Esta es mi venganza”.

Grégory Villemin en el momento de ser encontrado en el río Vologne

Las imágenes de Grégory Villemin, antes y después de su muerte, inundaron los periódicos y las televisiones de la época. Su caso se convirtió en uno de los más mediáticos en la historia negra de nuestro país vecino. “Se ha convertido en una obsesión, lo ha contaminado todo”, explicaba Philippe Seguin, entonces alcalde de Epinal, a The New York Times. En aquellos días, toda Francia se hacía la misma pregunta: ¿quién mató al pequeño Grégory?

La pregunta ha permanecido sin respuesta durante 32 años. Pero ahora, el conocido como 'Affair Gregory' podría estar a punto de resolverse.

Califrafías que delatan y confunden

Esta semana, la investigación ha dado un giro con la detención de dos personas del entorno familiar de los Villemin por orden de la fiscalía de Dijon, según informa l'Est Republicain. Se trata de Marcel y Jacqueline Jacob, los septuagenarios tíos-abuelos paternos de Grégory.

A los Jacob se les imputa un cargo de “secuestro seguido de muerte”. La fiscalía cree que ellos pueden ser 'le corbeau' (el cuervo), los firmantes de las decenas de llamadas y cartas anónimas con amenazas de venganza que la familia Villemin recibió en los meses previos al asesinato de su hijo. Un juez de instrucción deberá decidir esta semana si inicia un proceso contra ellos.

Esta semana, la fiscalía de Dijon ordenaba la detención de Marcel y Jacqueline Jacob, los septuagenarios tíos-abuelos paternos de Grégory. Se les imputa un cargo de secuestro seguido de muerte

Las detenciones tienen que ver con nuevos análisis grafológicos que apuntan a que Jacqueline sería la autora de varias de esas cartas anónimas que recibieron los padres de Grégory. Cartas con amenazas que empezaron a llegar coincidiendo con un ascenso de Jean-Marie. El entonces joven de 26 años había sido nombrado capataz de la fábrica en la que trabajaba. Con el aumento de sueldo y posición llegaron las tensiones a un entorno familiar plagado de recelos y envidias.

Nuevos análisis grafológicos señalan a Jacqueline Jacob como la autora de varias de las cartas anónimas con amenazas de venganza que la familia Villemin recibió en los meses previos al asesinato de su hijo

Jean-Marie y Christine Villemin en una imagen de 1984

Los análisis grafológicos han estado en el centro de una investigación plagada de errores desde el principio. En un primer momento los expertos dirigieron sus sospechas hacia la madre de Grégory. Christine fue formalmente acusada de la muerte de su hijo, tras ser señalada como autora de los anónimos. Llegó a pisar la cárcel. Llegó a iniciar una huelga de hambre en prisión estando embarazada de varios meses para denunciar la injusticia por la que estaba pasando. Tras varios años de calvario judicial, finalmente fue declarada no culpable en 1993. Christine quedó “totalmente libre de cargos”.

Antes que ella ya hubo un primer acusado. Durante los interrogatorios que siguieron a la muerte del pequeño, Bernard Laroche, primo del padre de Grégory, fue señalado como posible autor del asesinato por su sobrina Muriel. La joven aseguró que vio a su tío pasar con el niño en su coche “y regresar solo” más tarde. Luego se desdijo durante un programa de televisión, retiró su testimonio y Bernard quedó en libertad por falta de pruebas. Pero Jean-Marie juró venganza. Y cumplió su juramento.

En marzo de 1985, Jean-Marie cogió una escopeta de caza y se fue a esperar a su primo a la salida del trabajo. Le mató de un tiro en mitad del pecho. Pagó con cinco años de cárcel.

En marzo de 1985, Jean-Marie Villemin cogió una escopeta de caza y se fue a esperar a su primo Bernard a la salida del trabajo. Le mató de un tiro en mitad del pecho convencido de que él fue el autor del asesinato de su hijo

Monique y Albert Villemin, abuelos paternos de Grégory, llegan a los juzgados de Dijon en noviembre de 1988

En los últimos quince años, el caso del pequeño Grégory se ha reabierto varias veces. Se han realizado decenas de análisis de ADN, se ha interrogado a más de un centenar de potenciales testigos y se han recibido casi 2.000 mensajes anónimos de gente que creía poder aportar datos a la investigación. Nada ha servido para aclarar la muerte de Grégory Villemin.

Sigue sin saberse quién o quiénes son 'el cuervo', y sigue sin saberse dónde y cuándo murió exactamente Grégory.

A día de hoy sigue son saberse dónde y cuándo murió exactamente Grégory

Las sospechas apuntan ahora hacia Marcel y Jacqueline Jacob, pero los investigadores están convencidos de que hubo más responsables. La cuñada de Jean-Marie, Ginette Villemin, también ha sido detenida esta semana como posible cómplice. Tras pasar algo más de 24 horas retenida, fue puesta en libertad sin cargos el pasado jueves. También fueron interrogados en su domicilio los abuelos paternos de Grégory, Monique y Albert Villemin.

32 años después, los investigadores siguen apostando por la que fue su primera línea de trabajo. Creen que detrás de los anónimos, las amenazas y el asesinato de Grégory hubo una confabulación familiar para castigar a Jean-Marie por algún tipo de afrenta. El enigma podría cerrarse pronto.

“Creo que nos acercamos a la verdad”, ha dicho Jean-Jacques Bosc, fiscal general de la corte de apelaciones de Dijon, a l'Est Republicain. De momento los detenidos han invocado su derecho a permanecer en silencio.

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