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Nostálgicos del botón rojo: el apocalipsis vuelve a llamar a nuestras puertas

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Los investigadores de The Bulletin of Atomic Scientists avisan de los riesgos que acechan nuestro planeta

José Necky

17 Enero 2014 08:01

Cuando uno lee tratados sobre nuestra sociedad posmoderna tiende a pensar que más de algún académico padece un caso agudo de nostalgia de la Guerra Fría: de esa 'edad de oro' en qué todos sabían quién eran los buenos y quién los malos. El drama de quienes añoran viejos conflictos se debe a que creyeron aquello que Francis Fukuyama predicaba a quien quisiera escuchar: que la Historia había finiquitado, dejándonos solamente con el rumor de fondo de pequeñas rendijas locales. Ya nadie nos iba a amenazar con pulsar el maldito botón rojo: ahora debíamos preocuparnos por escoger un estilo de vida con el que pudiéramos 'ser nosotros mismos'.

Nostálgicos del botón rojo, el apocalipsis vuelve a llamar a nuestras puertas

En 1945, un grupo de científicos de la Universidad de Chicago participantes en el Proyecto Manhattan (proyecto científico cuyo objetivo final era el desarrollo de la primera bomba atómica) fundó el Bulletin of the Atomic Scientists. Dos años después, el grupo creó el Doomsday Clock (el Reloj del Apocalipsis), un reloj simbólico que usa la imaginería del Apocalipsis (la distancia que nos separa de la medianoche, siendo ésta representación de la destrucción total y catastrófica de la Humanidad) y la explosión nuclear (simbolizada en la cuenta atrás) para expresar las amenazas que ponen en peligro la supervivencia de la humanidad y del planeta en cada momento.

En la carta pública que los investigadores del Bulletin of Atomic Scientists han mandado, como cada año, al secretario general de Naciones Unidas se demuestra que, lejos de vivir apaciblemente en un barrio residencial de la Historia, nos encontramos inmersos en una batalla campal que terminará quemando las pocas casas que nos quedan.

En su escrito se ocupan de señalar que los avances en el control de las armas nucleares son totalmente insuficientes: no sólo EEUU y Rusia siguen manteniendo un pulso tácito; por lo menos, India, China, Pakistán y Irán siguen armados (y armándose) hasta los dientes. También resumen esquemáticamente los males del cambio climático: es nuestra culpa, no hacemos nada para detenerlo, los polos se están fundiendo, el nivel de los océanos está subiendo y nadie se ha tomado en serio las medidas para reducir las emisiones de carbono. Además, advierten que por mucho que hagamos para combatir el cambio climático, éste seguirá su curso cientos de años: no bastará con luchar, habremos de adaptarnos.

Nostálgicos del botón rojo, el apocalipsis vuelve a llamar a nuestras puertas

Tampoco son desdeñables los peligros que entrañan en el desarrollo de nuevas tecnologías: los avances en genética, las impresoras 3D o los famosos drones, constituyen una gran amenaza social, pues su función sociopolítica difícilmente será inocente. ¿Y las centrales nucleares? Por lo que se ve, desde el desastre de Fukushima no hemos hecho más que incurrir en los mismos errores que nos llevaron a la catástrofe.

¿El final de la historia? ¿Se acabó el vivir peligrosamente? Para nada. Quizá esta vez no disfrutemos del simbolismo trágico del botón rojo, pero el Apocalipsis está llamando a nuestra puerta.

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