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¿Nos suicidamos con heroína o nos mataron con heroína?

¿Cuánto hay de realidad y cuánto de mito en la teoría conspirativa de la heroína como arma farmacológica de Estado?

"El primer chute (gratis, como manda la tradición) me hizo comprender de repente que ni porros, ni maría, ni mescalina, ni tripis, ni coca. Lo que yo había buscado desde el primer canutillo que había fumado en mi vida, en el fondo era ESO. Propusieron ir a los futbolines a pasar un buen rato, pero me pareció una absoluta pérdida de tiempo. El sillón en el que estaba apoltronado tal vez no era la placenta de mi madre, pero se le parecía mucho".

Así define el periodista Oriol Llopis la primera vez que probó la heroína, aquel calor blanco del que hablaba la Velvet.

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1. ¿NOS MATAN CON HEROÍNA?

Placenta materna, calor blanco, aspirina total o analgésico definitivo, a la heroína no se la respeta, se la teme. Tantas son las veces que hemos escuchado que hace décadas se llevó por delante a casi una generación entera. Las veces que hemos oído que a gran parte de los nacidos entre 1950 y 1965, la última promoción del baby boom español, les esperaba una cruel criba en forma de polvo blanco o marrón.

Hemos oído, también, por boca de supervivientes de aquella época, que la heroína fue utilizada de manera premeditada por el Estado para adormecer conciencias, para forzar a la pasividad, primero, y a la autodestrucción, finalmente, a los jóvenes socialmente vulnerables o políticamente comprometidos. Todo en unos años, últimos 70 y todos los 80, en los que se construían las bases de la democracia postfranquista.

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Mucho se ha dicho y escrito al respecto, aunque el investigador Juan Carlos Usó (nacido en 1959), acaba de volver a poner el tema sobre la mesa con su recién publicado ¿Nos matan con heroína?. ¿Fue esta mortífera sustancia el arma farmacológica que usó el Estado para modelar el tablero político a su antojo?

2. BAYER, MERLUZA A LA VASCA Y SALONES PIJOS

La historia de la heroína en España comienza con la respetable y millonaria empresa Bayer comercializando diacetilmorfina, o heroína, por primera vez en 1898. Fue legal en España hasta 1932. Sin embargo, muchos opiáceos seguían en las boticas de las farmacias de todo el país después de morir Franco.

El consumo a gran escala de caballo comenzó por la puerta grande en territorio español. Aquí alcanzamos el récord mundial, hasta ese momento, del mayor decomiso de heroína. Fue en junio de 1971, cuando la Guardia Civil encontró dentro de un viejo Citroën 100 kilos del opiáceo en el pueblo valenciano de Silla.

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No era la primera presencia notable de jaco en la España del nacionalcatolicismo. Años antes, la policía del aeropuerto de Nueva York ya se había topado con heroína que entraba en la Gran Manzana escondida en latas de merluza a la vasca y de paella procedentes de Málaga.

El diario ABC llegaba a informar del precio de la sustancia: 2.500 pesetas el gramo. Las primeras grandes detenciones de consumidores son de hijos de la burguesía. Los apellidos López-Sanz, Ruiz del Olmo, Alonso-Lamberti, Goyanes González-Perojo, Haro Ibars o García-Figueras ilustran el hecho.

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En 1976 la prensa comenzó a fijarse más allá de la red marsellesa o French Connection y habló de heroína tailandesa a 10.000 pesetas el gramo en cafeterías y salas de fiesta de lujo de Barcelona. Fue, también, el año en que se produjo la primera muerte por sobredosis de heroína en España en medio siglo.

La investigación de Usó rescata testimonios de la época, como los del fotógrafo Alberto García Alix o el dibujante Nazario Luque, que aseguraban que aquella "nueva" droga llegaba a Madrid en avión desde Ámsterdam o al populoso Born barcelonés desde las zonas altas de Pedralbes. Igual proceso ocurrió en Bilbao, cuando antes que en el gran mercado de droga del barrio de Otxarkoaga, la heroína hizo aparición en zonas residenciales de clase media-alta como Neguri o Las Arenas.

3. LA DEMOCRACIA ESTÁ EN LA FARMACIA

Son los años en los que se forjó el mito de la heroína como última gran frontera vital, una especie de última pantalla solo apta para "rebeldes de verdad". Se produjo, también, la irrupción de la heroína en el imaginario cultural ibérico.

Desde la primera edición española de Junkie, de William Burroughs, a los reportajes de revistas contraculturales como Ajoblanco o Star pasando por el álbum Rock n roll animal de Lou Reed que incluía Heroin, la aguja y la cuchara dejaron de ser ajenas para los no iniciados.

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Frente a la hipótesis del envenenamiento desde arriba, autores escépticos como Usó se apoyan en el número de robos a farmacias en los años del despegue del caballo en España como fuente principal de materia prima. Los números hablan. En 1975 solo hubo cinco, en 1976, 60 y en 1977, 529 robos. La propia Fiscalía del Estado estimaba que la mitad de las drogas decomisadas en ese último año procedía de las farmacias legales.

1978, el año de la Constitución, supuso la eclosión social de la heroína. Los medios rellenaban páginas con ella y en la calle aparecían vallas con un enorme LA DROGA MATA compartiendo espacio, eso sí, con publicidad de alcohol y tabaco.

4. CAPITALISMO + DROGA = GENOCIDIO

Fue, también, el año en que el escritor Eduardo Haro Ibars acuñó la frase NOS MATAN CON HEROÍNA. A través de un artículo titulado así, clamaba contra la heroína como elemento de control del poder para crear un nuevo conformismo. Aquel lema contribuyó a que jóvenes politizados o culturalmente activos vieran la heroína con mayor recelo.

La teoría conspirativa no era nueva. Los naturistas y ácratas de los años 10, 20 y 30 veían incluso en el alcohol un potente embrutecedor de espíritus, pero era el desmantelamiento de los Panteras Negras el que estaba fresco en la memoria. Uno de los lemas de los Panteras Negras quedó inmortalizado en el título del panfleto Capitalismo + droga = genocidio.

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En torno al aniquilamiento del movimiento de liberación negro sigue rondando la sombra de la mano de la CIA metiendo drogas duras en el seno panther. Autores como Usó defienden que fue la represión policial, pero no a través de la heroína sino de detenciones y exilios forzados, lo que condujo a un paisaje callejero en el que se sustituyeron los programas asistencials panthers por chulos y camellos.

También parte de los movimientos autónomos italianos, de los libertarios barceloneses y de los independentistas vascos han engordado la teoría del complot. Este último ha sido el sector político más activo en la denuncia, con una triple acusación en forma de círculo vicioso.

Por un lado, según este planteamiento, la heroína desmoviliza a la juventud combativa, por otro lado genera confidentes fácilmente retribuibles en forma de especie por parte de la policía y por otro forma parte de un plan destinado a fomentar un clima de inseguridad que justifique un incremento de medidas represivas.

En Euskadi, si hablamos de conspiraciones, el círculo se cierra de manera algo irónica: el Estado español, a pesar de las acusaciones de ministros como Barrionuevo, Mayor Oreja o Rubalcaba nunca ha podido demostrar la implicación directa de ETA en el narcotráfico.

El problema para todos, como vemos, es la falta de pruebas y las sospechas sobrantes.

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5. ESPAÑA EN VENA

Lo cierto es que en los 80 el caballo corría desbocado por media península. En 1979 los asaltos a farmacias eran casi 2.000. En 1980 se producía el mayor pico de inicios en consumo de heroína con 190 por cada 100.000 habitantes. Su precio, lógicamente, se había disparado. Al cerrar el primer lustro postfranquista, un gramo podía costar hasta 20.000 pesetas. En el 82, la propia fiscalía estatal reconocía casi 11.000 recetas falsificadas.

La escalada delictiva fue cuantitativa y cualitativa. En 1984 había un 231% más de robos con violencia que dos años antes. Del paso de los tirones y palos a farmacias a operaciones de financiación más ambiciosas habla a las claras el dato de que en 1984 se extrajo de los bancos un botín de 4.014 millones de pesetas en 6.239 atracos... el récord mundial por países de aquel año.

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Con el aumento de la presión policial sobre los consumidores, llegó también la corrupción. Los incontables casos de miembros de las fuerzas de seguridad implicados en tramas de narcotráfico tienen algunos de sus hitos en Instituciones Penitenciarias aplacando un motín en La Modelo barcelonesa entregando heroína a los presos rebelados, la detención del confidente policial y dirigente del GAL Ismael Miquel con un kilo de heroína en Tailandia o la desaparición de 150 kilos de cocaína de la comisaría de Irún en 1988.

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Hasta los más ateos de la teoría del complot, como Usó, reconocen la implicación directa de policías en la presencia de heroína en las calles a través del pago en especie a confidentes. Probar, sin embargo, un engranaje coordinado desde "lo más alto" sigue siendo una asignatura pendiente.

6. LA PRUEBA DIABÓLICA

La teoría conspirativa reduce al mínimo la responsabilidad y libertad personal, y se deja seducir, según autores como Usó, por la idea de una oferta omnipotente que no tiene en cuenta la demanda existente. Tampoco los escépticos están dispuestos a aceptar que hablemos de genocidio tóxico.

Porque, ¿fue aquella una generación realmente masacrada? Independientemente de a quién culpar, podemos decir que sí si hacemos caso a datos como los de la revista Interviú llegó a hablar en 1983 de 135.000 consumidores de heroína en Euskadi, lo que habría supuesto un 6% de la población vasca de la época en contacto directo con el caballo.

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El mismo medio hablaba de que en el San Sebastián de la época había, proporcionalmente, "tantos heroinómanos como en Nueva York"... Lógicamente, realizar un censo fiable sobre consumidores de una sustancia ilegal y estigmatizada como la heroína era y es una tarea titánica. Por eso las cifras de estudios de mediados de los 80 suelen bailar entre 40.000 y 125.000 heroinómanos en todo el Estado español.

En los 90 la información, el miedo a las enfermedades, los programas asistenciales y el cansancio de los medios aplacaron la omnipresencia de las agujas. También el auge de drogas con un perfil mucho más social, asociado a las nuevas clases medias, principalmente la cocaína, acabó por marginar definitivamente a la heroína.

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De vez en cuando, eso sí, como tras los primeros datos de consumo recogidos en la presente crisis económica, la heroína parece volver. Justo como el debate sobre si fue alguna vez utilizada con fines políticos devastadores.

En Derecho existe el concepto de prueba diabólica, también conocida históricamente como prueba inquisitorial. Consiste en la exigencia recibida para demostrar la inexistencia de un hecho o la propia inocencia.

En base a la presunción de inocencia, es quien acusa quien debe aportar pruebas del delito.

Y ya sabemos que lo más difícil de una conspiración es demostrar su existencia.

La verdad sobre el mundo es que es caótico (Alan Moore)

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