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El día que los Nobels de economía se convirtieron en tus gurús del amor

Recopilamos algunos consejos económicos que te ayudaran a ligar en internet

Tanto los sitios de citas como las redes sociales en general entrañan una curiosa lógica que convierte lo que hasta entonces había sido una metáfora —la existencia de un "mercado matrimonial"— en una realidad insoslayable. Para elegir una pareja debemos utilizar los instrumentos que nos brinda el hemisferio izquierdo de nuestro cerebro: la fría racionalidad, la estadística, el cálculo instrumental. El formato que proponen este tipo de páginas nos obliga a la recopilación de información, la clasificación y finalmente a la comparación. Evaluamos nuestras posibles parejas según la misma lógica con que decidimos si las prestaciones del nuevo iPhone 5 compensan el alocado precio que le ha puesto la gente de Apple.

Si en las otras esferas de la vida usamos todo lo que tenemos a nuestro alcance para no cagarla en nuestra toma de decisiones, ¿por qué en el amor deberíamos seguir lanzándonos a la piscina, confiando en intuiciones, en el azar o en supersticiones cualquieras? Y si decidimos dejar de lado los consejos de los gurús de lo romántico, ¿por qué no escuchar a quienes más saben de economía, la ciencia que estudia los métodos más eficaces para satisfacer las necesidades humanas materiales? Por esto aquí vamos a desvelar de la mano de Paul Orly, profesor de Economía en la Universidad de Stanford y autor de " Everything I Ever Needed to Know About Economics I Learned From Online Dating” (Harvard Business Review Press), algunos de los mejores consejos que podemos sacar de algunas teorías que llevaron a sus autores a ser merecedores del Nobel de economía.

1. Tu perfil es una fuente de suposiciones.

Todo el mundo cree que en su interior habita un detective de infalible olfato. Y algunas series, como la adaptación británica de Sherlock, no hacen sino acrecentar las ínfulas de estos sabuesos de andar por casa. Buscamos señales ocultas en los álbumes de fotos de Facebook, comprobamos las ubicaciones de su teléfono móvil, comparándolas con las horas de sus publicaciones de Twitter o con las actualizaciones de su Instagram. Realizamos búsquedas cruzadas en Google y Yahoo para asegurarnos de que no nos ha mentido acerca de sus avatares personales. Además, si reducimos la información a un sólo perfil —el de la página de citas en cuestión—, la necesidad de indagar en las oscuras sendas de las 'Intereses' aumenta exponencialmente. Es obligatorio evitar lo que los economistas llaman 'selección inversa'. Una foto mal escogida puede llevarte al pozo de los olvidos, e indicar tu preferencia por los 'juegos de mesa', en lugar de darte el halo hogareño y cálido que esperabas sugerir, puede evocar en la mente del receptor una personalidad infantil y nerd, hasta el punto que te represente como obcecado jugador de rol con tendencias sociópatas.

2. Cuanto más, mejor.

El minimalismo de bolsillo ha hecho mucho daño en nuestras mentes. Ya basta de decir, con suficiencia mal disimulada, aquello de 'menos es más'. En cuanto a ligar se refiere, la existencia de un gran mercado de posibles parejas es un factor importantísimo. Queremos lo que los economistas llaman un 'mercado grueso'. Se acabaron las páginas de citas que parecen una discoteca a las cinco y media de la mañana. Olvidaros de frecuentar las páginas privée, de dejaros seducir por el romanticismo de los ambientes íntimos y otras formas de encubrir la escasez bajo el manto del exclusivismo. La lógica de la utilidad dicta que cuanto más grande sea el mercado, más posibilidades tendremos de hacernos con un buen ejemplar. ¿Quién va a contradecirla?

3. No tener miedo ante el penalti.

Movernos en grandes mercados encierra una trampa nada desdeñable: hace nuestras decisiones más difíciles. Cuantas más opciones tengamos, más complicado será elegir un producto entre otros. Que ninguna pareja posible sobresalga en la balanza de activos no debe llevarnos a la parálisis. No podemos esperar eternamente nuestra oportunidad: si se tiene que ir de rebajas, se va. Tampoco debemos terminar por parecer un personaje de una sitcom de tres al cuarto, tratando de sostener ridículamente tres o cuatro relaciones románticas al mismo tiempo. Es fundamental que economicemos los esfuerzos y nos concentremos en tomar una decisión unívoca.

4. No aparentes sólo en tu perfil.

No todo termina con nuestro calculado pavoneo on-line. Tras conseguir un primer contacto con la pareja, llega el momento clave: la cita. Pero nos equivocaríamos al pensar que en nuestro encuentro vamos a descubrir una información que al fin nos permitirá saber cómo es esa persona en realidad. Por supuesto, habrá una gran decepción para ambos. Así, tras el amargo baño de realismo, alguien podría verse desarmado, creyendo que en el face to face acaba el juego de máscaras. Sin embargo, de nuevo la teoría económica nos ofrece salidas: el proceso de señalización —idea que le valió el Nobel a Michael Spence en 2001— consiste en generar determinadas expectativas en los demás a través de ciertas acciones significativas. Esta estrategia juega con la falta de información relevante que tienen los otros. Por ejemplo, un gran dispendio de dinero en la primera cita fácilmente puede generar en tu pareja la idea que eres rico. Esta táctica es aplicable a muchos otros aspectos, por supuesto. Lo único que pedimos es contención y razonabilidad al decidir la cantidad de papel de wáter que vas a colocarte en los calzoncillos antes de acudir a la cita, eterno Don Juan.

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