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"Mientras la balanza siga estando inclinada hacia las farmacéuticas como hasta ahora, perdemos todos"

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Al habla con los impulsores de #NoesSano, la campaña coral que lucha por cambiar un sistema de medicamentos roto, ineficaz, injusto e insostenible

silvia laboreo

15 Julio 2016 06:13

Solo el 10% del gasto farmacéutico se destina a investigar enfermedades que afectan al 90% de la población. Has leído bien. Solo el 10% de las inversiones farmaceúticas globales tienen que ver con la búsqueda de tratamientos para las enfermedades que podemos considerar mayoritarias, las más comunes, las que afectan a todos. ¿A qué se destina el resto del dinero?

Además, la diferencia actual entre el coste de producción y el precio de venta de un tratamiento es estratosférica. Un ejemplo concreto: la diferencia en el caso del tratamiento para la hepatitis C con Sofosbuvir es de un 29.500%.

Otro dato que cuesta encajar, y que podría extrapolarse a la mayoría de países occidentales: de los nuevos medicamentos registrados en Francia a lo largo del 2013, solo el 7% presentaba una ventaja terapéutica añadida. Es decir, la inmensa mayoría de los nuevos medicamentos que llegaron al mercado hacían básicamente lo mismo que otros que ya existían. El mismo perro, con otro collar... más caro.

Son datos sorprendentes que ilustran a la perfección algo conocido por todos: el tremendo poder de las farmacéuticas.

Actualmente, la industria farmacéutica es el sector con mejores beneficios, por encima de las petroleras o la banca. Y los tentáculos del lobby de los medicamentos llegan muy lejos. Se calcula que la industria farmacéutica gasta cada año 40 millones de euros en hacer lobby solo en Europa.  

La realidad es que la industria fija los precios, decide qué, cómo y cuándo se investiga, e imponen sus exigencias a los gobiernos. La campaña #NoEsSano quiere acabar con eso.



Un sistema que lleva muchos años roto

El modelo actual de medicamentos está roto desde su raíz: la inclusión de los medicamentos en sistema internacional de patentes.

“La industria farmacéutica fija los precios en función de una patente que le otorga un monopolio. Y estas negociaciones son secretas y amparadas por las leyes”, explica Mónica Cavagna, técnica de salud de la OCU. “La información con la que cuentan las farmacéuticas no la tiene el gobierno de España, Italia o Francia”, puntualiza.

De normal estas patentes tienen una validez de unos 10 años. Pasado este tiempo se liberan y se pueden fabricar medicamentos genéricos, mucho más baratos. Pero las farmacéuticas tienen ciertos trucos para alargar una patente años y años. “Uno de los métodos que utilizan es el Evergreening, que consiste en una extensión de la patente cuando se encuentra, por ejemplo, una nueva forma de administración del medicamento”, explica Mónica.

Esto es lo que ha pasado recientemente con el Omeprazol. “Una caja de Omeprazol cuesta 2 euros y medio, porque son genéricos y se producen a bajo coste. Ahora, ha salido un nuevo medicamento llamado Esomeprazol en el que, simplemente, se ha modificado una molécula. Así han conseguido ampliar la patente y vender una caja de 30 comprimidos a 48 euros”, explica Novoa.


Si comparamos los datos de la industria con otras compañías que investigan pero no tienen ánimo de lucro, nos damos cuenta de que se hinchan los precios por 10 o por 15



Los problemas que supone este modelo son evidentes. En los 90, los países en vías de desarrollo fueron los más afectados por un sistema que imponía precios que muchos no podían pagar. “Se calcula que murieron ocho millones de personas en África víctimas del VIH en los años 90, cuando ya había tratamientos eficaces en occidente”, cuenta Abel Novoa, presidente de la plataforma No Gracias.

Ya entonces hubo voces que se quejaban de que el modelo farmaceútico estaba provocando un genocidio comercial. Ahora, esto que pasaba en los países más pobres sucede en occidente. 


Enfermos de cáncer, enfermedades raras, hepatitis C o trastornos crónicos sufren las consecuencias de un modelo de medicamentos, ineficaz, injusto e insostenible


“Si comparamos los datos de la industria con otras compañías que investigan pero no tienen ánimo de lucro, nos damos cuenta de que hinchan los precios, los multiplican por 10 o por 15”, cuenta Abel.

Un ejemplo: Médicos Sin Fronteras ha desarrollado nuevas moléculas por 100-200 millones de dólares, mientras que la inversión de la industria farmacéutica en un nuevo medicamento no suele bajar de los 2.000 millones.

Otro ejemplo lo tenemos en el sofosbuvir, medicamento para la Hepatitis C. “Según una investigación del Senado estadounidense, la farmacéutica Gizad ha ganado unos 26.000 millones de dólares a 43.000 dólares por tratamiento, cuando el coste real de producción era de unos 350 dólares”, explica Cavagna.

Los precios abusivos han provocado que uno de cada cuatro euros del gasto sanitario en nuestro país vaya a farmacia, 745,2 millones de euros solo en 2015.


Médicos Sin Fronteras ha desarrollado nuevas moléculas por 100-200 millones de dólares, mientras que la inversión de la industria farmacéutica no baja de 2.000 millones

Por otra parte, el actual sistema de medicamentos se caracteriza por su falta de transparencia, justificada gracias al secreto comercial. “Fallos en la metodología, en la formulación del ensayo clínico, preguntas mal planteadas o que no se publiquen los resultados negativos de los experimentos hacen que exista una gran ineficiencia en el modelo de investigación”, explican desde OCU.



Las consecuencias: problemas de salud, abuso de poder y sobremedicación

Este modelo ineficiente también acarrea graves consecuencias para la salud de los pacientes. “Por ejemplo, la falta de información sobre los efectos adversos de los medicamentos hace que continúen en el mercado algunos fármacos con efectos secundarios que han salido a la luz muchos años después de la comercialización”, explica Cavagna. Es el caso de la Paroxetina, un antidepresivo que provocaba tendencias suicidas a los pacientes.

Otra de las secuelas del sistema de patentes es la sobremedicación: nos atiborran a nuevas pastillas cada vez más caras y no necesariamente mejores.

“Lo nuevo no siempre es sinónimo de mejor. Suele ser más seguro el uso de medicamentos que ya llevan más tiempo en el mercado. Los últimos son más caros y con efectos secundarios menos medidos”, denuncian desde la OCU. “Ahora mismo tenemos un gastos desorbitado en medicamentos que son absolutamente malos. Aproximadamente el 3% de todos los fármacos que se han introducido en los últimos 10 años cuando han sido evaluados por agencias independientes aportan un valor interesante, es decir, tienen propiedades disruptivas”, alega Novoa.


Las farmacéuticas se dieron cuenta de que vendían sus medicamentos, no por sus propiedades intrínsecas sino si hacían una publicidad lo suficientemente intensa


Medicamentos malos, caros y con efectos secundarios desconocidos. Paradójicamente, no ha habido consecuencias en los bolsillos de las farmacéuticas. Al contrario, venden mucho más. ¿Por qué? “las farmacéuticas se dieron cuenta de que vendían sus medicamentos, no por sus propiedades intrínsecas sino si hacían una publicidad lo suficientemente intensa”, critica Abel. No les interesa sacar medicamentos buenos o innovadores, los van a vender igual. “En 40 años, para el tratamiento de la tuberculosis multirresistente han salido al mercado dos medicamentos, y para tratar la fiebre del heno 14”, argumenta Cavagna. Y la tuberculosis multirresistente mata a 1,7 millones de personas al año mientras que la fiebre del heno es una simple reacción alérgica.


¿Y si el sistema está roto, por qué no lo cambiamos?

No es tan fácil. El lobby farmacéutico es muy potente. “La industria farmacéutica capta la agenda de los políticos, sus políticas públicas, tienen muchos intereses comunes y se dan fenómenos como las puertas giratorias”, sostiene Novoa. “Cada vez el sistema público necesita más colaboración de lo privado porque no hay dinero para otras cosas. Eso hace que lo público sea cada vez más vulnerable a los intereses comerciales”, puntualiza.

La mayoría de partidos políticos apoyan un cambio en el sistema pero cuando llegan al poder se encuentran con cientos de trabas y presiones públicas por parte de las farmacéuticas. “Una vez que empiecen a gobernar no harán nada porque no tiene costes políticos para ellos dejar las cosas como están”.


Desde #NoesSano piden que el sector público tome la responsabilidad en materia de innovación de los medicamentos


Por suerte, hay varias opciones que cuadran dentro del actual contexto jurídico. Activar las licencias obligatorias en casos de emergencia médica, liberar las moléculas que hayan tenido financiación pública en su desarrollo para que no tengan restricciones comerciales, o evaluar mejor los medicamentos antes de su salida al mercado son algunas de las alternativas disponibles. “Y que se pague la innovación. Dejemos de pagarles los medicamentos basura. Si la industria ve que los medicamentos no se compran, dejarán de investigar en basura”, asevera Novoa.



Desde #NoesSano piden que el sector público tome la responsabilidad en materia de innovación de los medicamentos. “Es el estado el garante de que se desarrollen los medicamentos que la población necesita. Eso significa que, a la hora de decidir dónde van las inversiones de I+D el sector público, tiene que aprovechar toda la capacidad que tiene a la hora de decidir cuáles son las prioridades en materia de salud”, explica Vanessa López, directora de Salud por Derecho.  

¿Y qué pasa con las farmacéuticas? ¿Son verdaderamente conscientes de todo lo que ocurre?

“Ellos siguen diciendo que las patentes son absolutamente imprescindibles para que se garantice la innovación. Y lo repiten como un mantra”, explica Abel. Es ahora, tras las distintas presiones, cuando empiezan a dar tímidos pasos para cambiar su marketing complejo, introduciendo códigos de buena conducta y declaraciones públicas de las ayudas a los médicos. Un lavado de cara a una industria opaca. “En la medida que ellos toman la iniciativa evitan que lo haga la administración”, defiende Novoa.



Sin embargo, desde #NoesSano se muestran esperanzados. “Nunca ha habido un debate y una toma de conciencia sobre esta situación como el que está habiendo ahora”, explica Vanessa.

En víspera de las últimas elecciones, la campaña #NoesSano se ha puesto en contacto con los diferentes partido y les ha preguntado cuáles son sus propuestas concretas sobre acceso a medicamentos, transparencia, criterios de interés público y nuevos modelos de innovación. Desde el colectivo se muestran optimistas ya que consideran que ha habido avances respecto a los programas del 20-D. Sin embargo, recuerdan que aún queda mucho por hacer en el camino hacia un sistema de medicamentos justo, ético y transparente.

“Mientras la balanza esté inclinada hacia las farmacéuticas perdemos todos: los ciudadanos, el sector público, el sistema sanitario y de investigación. Los únicos que ganan son la industria farmacéutica”, finaliza Vanessa.







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