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¿Y tú qué sabes de racismo, acaso eres negro?

Se publica 'Negro como yo', el relato de un blanco tejano convertido en negro en el profundo sur norteamericano

Sitúate. Estamos en 1959 en Luisiana, Misisipi, Alabama y Georgia. Ser negro es de todo menos agradable en el sureste de Estados Unidos. En esas, un blanco va a hacerse pasar por negro para saber cómo se recibe el desprecio en carne propia.

Se trata de John Howard Griffin, que a sus casi 40 años deja a su mujer e hijos en su Texas natal y se lanza a este trabajo de campo. Una de sus principales motivaciones la constituye otra dolorosa desigualdad: el aumento de la tendencia suicida de los negros sureños. En palabras del autor, este fenómeno era la constatación de que los negros llegaban a “una etapa en que vivir o morir era algo que ya no les importaba”.

Griffin alteró el color de su piel mediante medicamentos y rayos UVA y se dispuso a vivir como negro. Su experiencia le llevará a los estados arriba mencionados, donde encontrará rechazo, aunque también comprensión, como cuando conoce a Sterling Williams, un limpiador de calzado que le sirve como primer guía en la comunidad negra de Nueva Orleans. Todo ello se recoge en Negro como yo, un libro que bascula entre el  costumbrismo de literatura de carretera y la denuncia racial pre-Black Power, y cuya traducción se publica ahora en España. 

Griffin fue advertido de no mirar a las mujeres blancas. Él sabía de la imposibilidad de los negros para entrar o salir de ciertos sitios. Por ejemplo, en algunos lavabos segregados los negros no podían entrar, como tampoco podían salir de los autobuses en ciertas paradas donde el conductor sólo permitía descansar a los blancos.

Entonces se dio cuenta de que "si bien el negro es parte de la masa negra, el blanco es siempre individual, y negará sinceramente que él sea así, él siempre ha procurado ser justo y amable con el negro". Griffin acusaba en su interior la llamada “mirada de odio” blanca. Conoció, en fin, el auto-desprecio, esa tendencia a la anulación interior presa del constante acoso derivado del color de piel.

  “25 dólares de multa por tirar animales muertos”: ese es el mensaje que apareció junto a un muñeco ahorcado con el nombre de Griffin. Lo habían descolgado y tirado a un basurero. Era en su propia ciudad, Mansfield. Poco a poco la hostilidad fue creciendo y el autor envió a su familia a vivir a México por su propia seguridad.

Hoy, Griffin tendría seis veces más posibilidades de ser detenido que un blanco. Los negros en las cárceles triplican a los blancos en proporción según la población total. En el corredor de la muerte hay un 41% de reclusos negros, casi tantos como blancos, exceptuando el "pequeño matiz" de que hay tres veces menos población negra en la sociedad “libre”.

Si otro Griffin volviera a hacer este experimento hoy, quizá habría que ir a buscarle a una comisaria o una cárcel. Y eso con suerte, a decir del renovado despliegue de violencia de la policía norteamericana contra no-blancos.

Griffin, además de rayos ultravioleta, se sometió a tratamiento con Oxsoralen, fármaco indicado para el vitiligo

En 1959, caminar era una actividad casi obligatoria para un negro: el hecho de sentarse podría traer consigo acusaciones de holgazán

El limpiador de zapatos Sterling Williams fue el gran contacto de Griffin en Nueva Orleans. Aquí comparten un guiso del propio Williams

Nueva Orleans en 1959 no era el lugar ideal para que un negro mirase a blancas. Ni en carteles

Ah, ¿que es hace mil siglos y en Estados Unidos? ¿Te cambiarías por una persona gitana en la España de 2015?

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