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Murió a los 23, pero podría resucitar dentro de 50 años

Kim Suozzi congeló su cerebro con la esperanza de que la ciencia pueda revivir sus recuerdos

Cuando se te cae el móvil y se rompe, te lo roban o, simplemente se apaga, ya no tienes que sufrir. Te compras uno nuevo y, al iniciarlo, basta con cargar la copia de seguridad para que en la pantalla veas exactamente lo que tenías en el otro teléfono: fotos, contactos, mensajes… Todo. Solo has cambiado el terminal, incluso por uno mejor.

Pues ahora piensa que pudieras hacer lo mismo con tu cerebro y con tu cuerpo.

Imagina que tu cuerpo muere, pero que toda la información de tu cerebro se puede almacenar de manera digital, igual que cuando subes copias a la nube. Y que todas esas experiencias, recuerdos, emociones y conocimientos se pueden cargar intactos en otro cuerpo que no sea el tuyo, en uno sintético.

Podrías vivir eternamente.

Es lo que en su día imaginó la estadounidense Kim Suozzi.

Hace dos años, en enero de 2013, falleció de un cáncer terminal, a la edad de 23. Cuando le diagnosticaron el glioblastoma y le dieron nulas esperanzas de vivir, Suozzi comenzó a leer los libros de Ray Kurzweil, el director de Ingeniería de Google y polémico por prever la inmortalidad humana para 2045.

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Kurzweil es uno de los fundadores del transhumanismo, y de la corriente de la singularidad. Esta define el momento preciso –2045– en el que el ser humano será independiente de su limitación biológica es decir, de su cuerpo. Y, por tanto, podría ser inmortal.

En La era de las máquinas espirituales, Suozzi encontró que Kurzweil preveía que en el futuro habría nanorobots con la capacidad de insertarse en el flujo sanguíneo de un ser humano y extraer la información interna de las neuronas del cerebro sin necesidad de conexión, como si usaran bluetooth.

Luego, las señales eléctricas del cerebro con toda su información se almacenarían de manera digital y esta podría cargarse en un órgano sintético que supiera interpretarla.

Para la ciencia aún es imposible hacer una copia digital de un cerebro humano e implantarla en un órgano sintético

Suozzi lo vio claro y decidió congelar su cerebro para que, cuando llegara el día, la tecnología pudiera copiar todas sus conexiones neuronales. Su familia no le apoyó. No creían en la más mínima posibilidad de que eso llegara a ser real.

Pero su novio, Josh Schisler, sí que creyó en la posibilidad de volver a verla algún día. Dejó el trabajo y centró todas sus energías en apoyarla. Juntos hicieron una campaña en Reddit para recaudar fondos. Funcionó y consiguieron alrededor de 100.000 dólares, como cuenta un reportaje en The New York Times.

Ahora, el cerebro de Suozzi está congelado en los laboratorios de la Alcor Life-Extension Foundation, una de las dos únicas fundaciones en Estados Unidos que se dedican a congelar órganos y a la investigación con la esperanza de resucitarlos. Y si no pueden revivir los órganos, al menos sí esperan guardar la memoria que contienen. A esta fundación pertenecen famosos millonarios transhumanistas como Peter Thiel, fundador de PayPal.

Según el complejo proceso de congelación, los tejidos moleculares se mantendrían intactos, con lo que la información que portan sus neuronas, en teoría, también.

Hasta ahora, la ciencia ha conseguido almacenar y hacer el mapeo de pequeñas partes de cerebros animales. Pero en humanos es completamente imposible, de momento.

Los científicos coinciden en que las posibilidades de que se pudiera hacer un mapa completo de su cerebro, digitalizarlo y que luego funcionara exactamente igual en otro cuerpo son remotas.

Otra de las dificultades es que, para almacenar y visualizar toda la información que contiene un solo cerebro humano se necesitaría la mitad de la capacidad de almacenamiento digital que existe en el mundo.

Josh podría ser un abuelo que después de 50 años viera a su novia con los mismos recuerdos y vida radiante que ella tenía a los 23 años, cuando murió, o incluso con un cuerpo joven y formalmente distinto al que conoció en Suozzi. Según dice en el mismo reportaje, a él no le importa.

Pero, junto a las dudas sobre el avance científico en esta materia, aún quedan muchas preguntas por resolver:

¿Sería la persona exactamente igual conservando la información de su cerebro pero no su cuerpo?

¿Revivirá con los recuerdos que tenía en el momento de su muerte o será consciente de haber estado “dormida” durante 50 años?

¿Podrían las copias digitales de nuestro cerebro crear otros “yo” paralelos?

¿Podríamos seleccionar los recuerdos que quisiéramos borrar?

¿Somos solo el conjunto de datos que guardan nuestras neuronas?

¿Qué es el ser humano?

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