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Muertos, sobornos y muchos trapos sucios en la trastienda del Mundial de Qatar

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Las condiciones de semiesclavismo en las obras han causado la muerte de más de mil trabajadores mientras la FIFA mira para otro lado

Natxo Medina

20 Marzo 2014 13:17

A pesar de que encadenásemos unos cuantos artículos al respecto de Sochi o que ayer mismo habláramos del malestar que está generando en Brasil la cita mundialera de este año, no es que en Playground tengamos nada en contra de las citas deportivas. Lo que sí que nos toca un poco más la moral son los corruptos, los incompetentes, los lamebotas y los negreros. Y por lo que parece, todos estos especímenes se están dando cita alrededor de Qatar, país que en 2010 fue elegido para acoger la Copa del Mundo de 2022, una elección que según los informes recientes no fue del todo limpia.

Muertos, sobornos y muchos trapos sucios en la trastienda del Mundial de Qatar

Mientras leéis estas líneas, el investigador jefe de la FIFA, Michael Garcia, está en Zurich llevando a cabo una serie de entrevistas. Garcia preguntará a los miembros del comité ejecutivo que participaron en las votaciones de sede para 2018 (Rusia) y 2022 (Qatar), acerca de las condiciones en que se llevaron a cabo. La presión de internacional se cierne sobre la organización, después de que el FBI destapara que Jack Warner, antiguo miembro del comité, recibió pagos por valores de 2 millones de dólares por parte de una importante compañía qatarí días después de que el país fuera elegido. De los 24 comisarios que participaron en aquellas votaciones, sólo quedan 11 en activo, además del presidente de la Federación, Sepp Blatter. El resto han ido dejando el escenario rodeados de acusaciones diversas y asuntos turbios.

En medio de todo este jaleo, con la presión internacional arreciando, otro asunto más grave se les viene encima a los responsables de la cita árabe: a ocho años vista del evento, alrededor de 1.200 trabajadores han muerto ya en las diversas obras de construcción de estadios e infraestructuras a lo largo y ancho del país. Ya en septiembre del año pasado, un reportaje en The Guardian advertía de la posible magnitud de la tragedia. Con un ritmo estimado de unos 600 muertos al año (12 a la semana), de continuar el ritmo actual, cuando el Mundial arranque hasta 4.000 trabajadores podrían haber muerto.

En su mayoría estos trabajadores son inmigrantes nepalíes e indios que llegan en masa al país con vistas a trabajar en la construcción, solo para encontrarse en condiciones de esclavitud y hacinados en barracas insalubres. El calor del desierto, la malnutrición y las enfermedades infecciosas derivadas de sus condiciones de vida son las principales causas de muerte. Las embajadas de los países citados, Amnistía Internacional y la CSI (Confederación Sindical Internacional) han aumentado la presión sobre el organismo futbolístico, así como sobre las autoridades qataríes, quienes después de meses de silencio al respecto, afirmaron el mes pasado que penalizarían a aquellos contratistas que violasen las condiciones mínimas de bienestar para sus trabajadores. De momento no sabemos en qué quedará la cosa.

Lo que tampoco está nada claro es que la propia FIFA vaya a mover un dedo por asegurar que en Qatar no se cometan tropelías ni se violen los derechos humanos. A pesar de las promesas iniciales, la semana pasada su secretario general, Jerome Valcke, tuvo la arrogancia suficiente para declarar que "la FIFA no son las Naciones Unidas, la FIFA es deporte". Teniendo en cuenta que la Federación basa un amplio porcentaje de sus ingresos en la celebración de las Copas del Mundo y construye sus presupuestos en ciclos de cuatro años, podríamos decir que lo que en realidad es la FIFA es panoja de la buena, bling bling gangsta, y muy poco "fair play". Un montón de gente mirando para otro lado, como la arquitecta estrella Zaha Hadid, quien precisamente diseñó un enorme estadio con forma de vagina para el Mundial y recientemente afirmó que ella no tenía "nada que ver con los trabajadores. Ese es un tema del gobierno". Si Poncio Pilatos levantara la cabeza, ya tendría un lugar del mundo al que viajar.

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