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Muere Noriega, el dictador panameño que negoció con la CIA y el cartel de Medellín

El también conocido como 'Cara Piña' ha sido uno de los pocos dictadores que ha muerto cumpliendo su condena.

Cansados de su juego a dos bandas con el gobierno estadounidense y el cartel de Medellín, los Estados Unidos decidieron en 1989 bombardear Panamá para capturar a su dictador Manuel Antonio Noriega, que acabó por entregarse y pasó el resto de su vida de cárcel en cárcel.

Este martes falleció y no lo hizo entre rejas porque fue trasladado a un hospital de la capital de Panamá donde pasó sus últimas horas de vida aquejado de un tumor cerebral.

Era uno de los pocos dictadores vivos de Latinoamérica y fue también uno de los pocos que murió encarcelado por los crímenes que cometió.

Gobernó con mano de hierro entre 1983 y 1989, después de la muerte del general Omar Torrijos, tras la cual se convirtió en jefe de servicios de seguridad e inteligencia u 'hombre fuerte' del país, como se le conocía.

Nexo entre Sudamérica y una Centroamérica convulsa por movimientos como el sandinismo o la Revolución cubana, Panamá tenía un valor estratégico para los Estados Unidos y Noriega fue un aliado clave de la superpotencia durante muchos años. El canal de Panamá, que conecta los océanos Pacífico y Atlántico, ya tenía un gran valor por entonces.

La CIA le consideraba fundamental para informar sobre las posibles insurrecciones izquierdistas en la región o ayudar a frenarlas.

El exjefe del Estado mayor del ejército panameño Roberto Díaz Herrera, denunció en 1987 que Noriega había orquestado la muerte de Torrijos en el 81, planeado un fraude electoral en 1984 y ordenado la decapitación del líder opositor Hugo Spadafora un año después.

Las relaciones con Estados Unidos se acabaron de ir al traste con esas revelaciones y con el conocimiento de las relaciones de Noriega con el régimen cubano y, sobre todo, con el cártel de Medellín colombiano. En el 88, un tribunal estadounidense le acusó de tráfico de drogas.

Un bombardeo y casi 30 años entre rejas

Fue entonces, en diciembre de 1989, cuando George H. Bush decidió invadir Panamá con 24.000 hombres con la misión de capturar a Noriega. La batalla, conocida como Operación Causa Justa, dejó cientos de muertos, entre ellos 22 soldados estadounidenses. Finalmente, Noriega se etregó en enero del año siguiente.

Dos años después, fue condenado a 40 años de cárcel. Extraditado a Francia en 2010, donde le condenaron por blanqueo de dinero, fue devuelto a Panamá para cumplir otra pena de cárcel de 60 años por participar en desapariciones y asesinatos como el de Spadafora, exguerrillero y opositor a Noriega que acabó siendo secuestrado y decapitado por las fuerzas del dictador en el 85.

Aunque Noriega siempre negó las acusaciones en su contra, en 2015 hizo una declaración pública pidiendo perdón al país desde la cárcel.

Nacido en Darién en 1934 y abandonado pronto por su madre, Noriega ingresó en el ejército porque su familia adoptiva no podía pagarle los estudios de medicina.

Tras pasar unos años en una escuela militar de Perú, donde ya se dice que fue reclutado como informante de los Estados Unidos, regresó a Panamá en el 62 con el grado de subteniente. Pero su ascenso fue rápido y se aceleró por su lealtad al general Omar Torrijos, que lideró un golpe de estado en 1968. Tras fraguarse, fue nombrado jefe de la inteligencia del país y eso le convirtió en el segundo hombre más fuerte de Panamá.

No tardaría en llegar a ser el primero y ejercer su poder de manera déspota. Pero al menos él, a diferencia de otros, sí acabó pagando por ello.

Su muerte "cierra un capítulo" de la historia de Panamá, dijo en su Twitter el actual presidente panameño Juan Carlos Varela. "Sus hijas y sus familiares merecen un sepelio en paz".

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