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Los mandos silencian a los agentes de la policía más letal del mundo

La policía brasileña mató a más de 3.000 personas en 2015. Pero los agentes que critiquen el funcionamiento interno pueden acabar expulsados o en la cárcel, según denuncia una investigación de HRW.

pm pm

Una niña de siete años en medio de un tiroteo en el Complejo de favelas de Maré, Río de Janeiro, el pasado 16 de febrero.

Cinco jóvenes acribillados dentro de su coche por un agente que disparó 111 veces desde su vehículo en noviembre de 2015, en la misma ciudad, sólo porque no pararon al alto.

Doce chavales más muertos de una tacada en Salvador de Bahía, en julio de 2015, cuando según las investigaciones estaban desarmados.

Así podría uno seguir escribiendo unos 3.000 renglones torcidos de asesinatos cometidos por policías militares en Brasil cada año, 3.320 para ser más exactos, si nos remitimos a las cifras de 2015, las últimas disponibles en el anuario del Fórum Brasileño de Seguridad Pública, elaborado a partir de datos oficiales.

En el mismo documento, se recoge que la policía generó 17.688 víctimas entre 2009 y 2015. Aunque la tasa de homicidios es mucho menor en Brasil (25,7 personas por cada 10.000 habitantes) que en Honduras (62,5), la letalidad policial es superior, de un 1,6% frente al 1,2 del país centroamericano.

Otro dato: la policía brasileña mata más en seis días que la británica en 25 años.

La policía brasileña mató a 17.688 personas entre 2009 y 2015. Aunque la tasa de homicidios es más de dos veces inferior a la de Honduras, su letalidad policial es superior.

Una línea crítica y creciente de expertos en seguridad —incluyendo consultores de la ONU— llevan años recomendando la desmilitarización de la policía. La lógica militar de asalto y combate no puede ser la que vele por la seguridad de los ciudadanos, opinan.

Cada vez más agentes de la propia policía militar se están apuntando a esta visión. Pero, según denuncia un informe de esta semana de Human Rights Watch, sus voces son silenciadas por los altos mandos. El código criminal militar y otras normativas disciplinares incluyen varias restricciones a la libertad de expresión de los agentes, incluida la cárcel.

La ONG cuenta que Darlan Abrantes, un policía militar de Ceará, fue condenado a dos años de cárcel en julio de 2016 por publicar un libro a favor de la desmilitarización. El castigo fue suspendido, pero Abrantes ya había sido expulsado de la policía por sus opiniones.

"Soy la prueba viviente de que la policía militar no respeta ni la democracia ni la libertad de expresión", dijo Abrantes a HRW.

Otro agente del estado de Pará, Luiz Fernando Passinho, fue detenido durante 30 días en octubre pasado por haber defendido "el grito de los excluidos" y por lamentar que los agentes no tienen derechos durante su entrenamiento militar. Lo dijo en una manifestación en la que ni siquiera iba de uniforme.

Lógica militar, precariedad y corrupción

La lógica militar de su entrenamiento, los altos niveles de corrupción e impunidad, la precariedad, la falta de medios y los bajos salarios en contextos de máxima peligrosidad generan un caldo de cultivo para que se eleven los niveles de estrés y violencia en la policía militar.

La policía que más mata del mundo, la brasileña, también muere por su trabajo, pero mucho menos: 358 policías fueron víctimas de homicidio en 2015, 267 de ellos fuera de servicio. 

La brutalidad del cuerpo en las favelas de Río fue retratada con nervio y visión crítica por las películas 'Tropa de Élite' y su segunda parte, basadas en sendos libros del sociólogo especializado en seguridad pública Luiz Eduardo Soares.

Soares, doctor en la Universidad del Estado de Río de Janeiro (UERJ), cree que "desmilitarizar la policía es esencial". "Está entrenada para combatir al ciudadano y no para servirlo. Hay que llevarla a un lado más legalista y además, reformar todas sus estructuras. La policía militar está en la calle pero no puede investigar, sino sólo detener en delito flagrante, por lo que las cárceles están superpobladas de pequeños traficantes no violentos", añade.

Luiz Eduardo Soares: "Desmilitarizar la policía es esencial. Está entrenada para combatir al ciudadano, no para servirlo"

"La policía trata al vecino como a un delincuente. Está para detener y no para matar, como hace muchas veces", lamenta Dionisio, vecino de la favela de Pavão, en el barrio de Río de Copacabana.

Los ciudadanos cuentan con garantías legales para criticar a la policía. Pero los códigos internos de los agentes les impiden hacer lo mismo, según denuncia HRW. "Los policías pueden ser encarcelados y sus carreras destruídas por expresar opiniones sobre las reformas policiales que no gusten a sus jefes. Estas sanciones son desproporcionadas", asevera la directora de Human Rights Watch Brasil Maria Laura Canineu.

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