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El nuevo humor vive y hace caja en Internet

La economía de los canales digitales de humor tiene más en común con Buzzfeed que con cualquier televisión

Funny or Die, My Damn Channel, College Humour… Hace tiempo que los cómicos compaginan los late night televisivos, los teatros y los bares de monólogos con sitios web que hacen las veces de canales digitales e incluso de productoras. Sus sketches aspiran a convertirse en virales, Youtube mediante, y lo cierto es que lo han conseguido: acumulan cientos de millones de visitas y su cada vez más amplia popularidad les permite ser una plataforma para nuevos cómicos semidesconocidos.

Representan el futuro de la comedia frente a una parrilla televisiva que si no se escuda en la corrección política, lo hace casi siempre en los humoristas consagrados. Sin embargo, no cuentan con el respaldo económico de una cadena de televisión ni, en la mayoría de los casos, de una productora millonaria.

El modo de financiación de la comedia moderna está cambiando. Al menos, así lo argumentan en la web especializada SplitSider. Ya no hay largos cortes publicitarios ni carteles anunciando a sus patrocinadores. Los beneficios del humor del futuro tienen más que ver con el funcionamiento de una revista que con los de un programa de máxima audiencia.

La financiación inicial parte de la confianza de inversores del mismo sector (Comedy Central, Broadway Video y otras productoras de humor audiovisual), pero también de empresas de capital riesgo que, aparentemente, tienen más en común con aplicaciones móviles y con dispositivos tecnológicos que con monólogos ingeniosos. “CollegeHumor, por ejemplo, pertenece al mismo conglomerado digital que Match.com, OKCupid o Tinder. Los medios necesitan dinero, y una gran entidad financiera es la manera empezar a hacerlo fluir”, cuentan en el reportaje. Silicon Valley, una vez más, se perfila como la cocina del entretenimiento mundial.

Pero lo sorprendente no es comprobar de dónde viene la inversión inicial, sino los beneficios que estos canales de humor necesitan para seguir a flote. No se trata de banners ni de spots publicitarios, ni siquiera de aquellos que preceden en Youtube a cualquier sketch viral. El grueso del beneficio llega del branded content, o lo que es lo mismo, de incluir a las marcas en la propia trama de los vídeos.

Hace tiempo que las agencias ven en los cómicos una de las mejores formas de hacer branding. Al fin y al cabo, nadie mejor que ellos para manejar el storytelling y enganchar a la audiencia de forma más emocional que racional. Se puede incluir publicidad en el discurso sin hacer que el público se sienta estafado. Y así lo atestigua, por ejemplo, el canal de branded content de Funny or Die, que mantiene el ratio de visitas mientras alerta de que sus contenidos son, en parte, publicitarios.

“La creatividad manda. No importa cuánto dinero inviertas. Por eso fuimos a Funny or Die”, cuenta el director de marketing digital de Pepsi en Digiday. Estos contratos son los que más beneficios reportan a la plataforma y los que les permiten, posteriormente, realizar los sketches que siempre han querido hacer. “Es la clave de lo que vendemos”, afirma Sam Reich, director de contenidos de College Humor en Splitsider.

Youtube es el altavoz para las audiencias, no la principal fuente de dinero. Y aunque muchos de estos canales necesitan aún colaborar con la televisión tradicional si quieren crecer, son el claro ejemplo de que los nuevos formatos digitales no sólo suponen un cambio de medio y una transformación del mensaje (en lo que a formas de narración y visionado se refiere), también trastocan los esquemas tradicionales de financiación.

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