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Minas de arena: la crisis ambiental global de la que no habías oído hablar

Cada día se extraen millones de toneladas de arena de los fondos de lagos, ríos y mares con una única función: construir carreteras y rascacielos. Con su auge también crecen los daños que originan al medio ambiente

Puede que jamás te hayas parado a pensar en los materiales de los que están hechos los bosques de edificios que configuran el paisaje de tu ciudad. Y mucho menos en de dónde se sacan esos materiales.

Esas estructuras de hormigón triste que levantan los obreros o el esqueleto descomunal de un centro comercial tiene su punto de origen, y la verdad es que no nace en unas condiciones lo suficientemente éticas.

Como apunta The Guardian, el auge de la urbanización global está devorando cantidades colosales de arena, el ingrediente clave del hormigón y el asfalto. Shanghai, por ejemplo, ha sumado 7 millones de nuevos residentes desde 2000, elevando su población a más de 23 millones de habitantes. En la última década se han construido en Shanghai más rascacielos de los que hay en toda la ciudad de Nueva York.

La mayor parte de la arena que se ha utilizado en la construcción de las ciudades chinas proviene del lago Poyang, el mayor lago de agua dulce del país y refugio migratorio preferido de las aves en invierno. Cada día, decenas de dragas colosales se dedican a succionar la arena cruda del fondo. Las más grandes pueden transportar hasta 10.000 toneladas de arena por hora.

La mayor parte de la arena que se ha utilizado en la construcción de las ciudades chinas proviene del lago Poyang, el mayor lago de agua dulce del país y refugio migratorio preferido de las aves en invierno. Cada día, decenas de dragas colosales se dedican a succionar la arena cruda del fondo. Los más grandes puede transportar hasta 10.000 toneladas de arena por hora

Un estudio reciente afirma que 236 millones de metros cúbicos de arena son extraídos del Poyang. Y todo ese dragado del fondo del lago puede conllevar unas consecuencias desastrosas. Los investigadores creen que la extracción de arena es la razón clave por la que se ha reducido drásticamente el nivel del agua en los últimos años. Tanto influye que incluso hay datos de que desde la excavación del fondo, el canal de salida del lago se ha profundizado y se ha ampliado drásticamente aumentando casi el doble la cantidad de agua que desemboca desde el lago hasta el río Yangtsé.

Esta reducción de los niveles de agua se traducen en una disminución de la calidad de la misma y del suministro a los humedales cercanos, lo que podría ser perjudicial para los habitantes de la zona, tanto para los humanos como para los animales.

Además, el afán por sacar la arena para urbanizar las ciudades está acabando con actividades tradicionales como la pesca, ya que el dragado destruye los criaderos de peces, enturbia el agua y arranca las redes de los pescadores.

Lo más preocupante, es que el daño que se está haciendo en Poyang no es exclusivo: en muchos lugares del mundo los lagos, los ríos y hasta los mares se han convertido en auténticas minas de arena de las que muy pocos han oído hablar alguna vez.

La expansión descontrolada de las ciudades hace que Dubai, que vive al borde de un desierto, importe arena desde Australia o que Nueva York lo hago desde California. En Irlanda del Norte, los activistas están tratando de detener el dragado del lago Neagh, importante reserva de aves. En el sur de Inglaterra las protestas acusan a los dragadores que quieren succionar arena en alta mar para ampliar el puerto de Dover de poner en peligro a las focas, las aves y otras especies marinas que viven de los bancos de arena.

Lo más preocupante, es que el daño que se está haciendo en Poyang no es exclusivo: en muchos otros lugares del mundo los lagos, los ríos y hasta los mares se han convertido en auténticas minas de arena de las que muy pocos han oído hablar alguna vez

Pero las extracciones de arena también producen consecuencias no siempre percibidas en un primer vistazo. En 2000, el dragado provocó un derrumbe de un puente de Taiwán. Al año siguiente, otro puente colapsó en Portugal provocando la muerte de 70 personas. En Ghana las minas de arena han removido tanto el terreno que han puesto en riesgo los cimientos de los edificios colindantes. En Indonesia, los mineros de arena han borrado del mapa al menos dos docenas de islas desde el 2005.

Si sumamos todos estos efectos tenemos la postal catastrófica de la ampliación desmedida de las urbes en las que en este momento vivimos cerca de 4.000 millones de personas. Y los que están aún por llegar.

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