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Miguel Noguera: "Me quedan 5 años de vida"

Miguel Noguera presenta su cuarto libro de ideas: "La vieja tigresa o el erotismo en la senectud"

Solo hay dos posibilidades: o conoces a Miguel Noguera, o no. Si lo conoces, hay dos subposibilidades: o te encanta, o no le ves la gracia.

Si no lo conoces, te va a saber a poco esta explicación, pero lo que hace va así: Miguel Noguera se sube a un escenario y comienza a exponer ideas que se le ocurren. Algunas de sus ocurrencias son muy peregrinas, otras chocantes y unas pocas más imposibles. La mayoría son, eso sí, delirantes. Sus espectáculos en directo se llaman Ultrashows y lleva haciéndolos ya varios años. En ellos lo normal es ver lágrimas y respiraciones entrecortadas por la risa.

A veces recopila sus ideas en libros. Ahora presenta el cuarto, editado por Blackie Books.

Se llama La vieja tigresa o el erotismo en la senectud y, sí, es más de lo mismo.

—Miguel, este libro es más de lo mismo…

—Siempre es el mismo problema conmigo, he terminado en un terreno asociado a ciertas propuestas y a ese entorno se le presupone la novedad o la ilusión por sorprender. Es un poco ese parecer de que la gente evoluciona, pero yo no vivo así ni tengo ninguna ilusión por cambiar nada. Mi gran objetivo es generar un sistema de trabajo cuya forma sea estable.

Optar por la agresión simbólica en una pelea

—Bueno, en este sí que hay mucho cyberpunk y mucha arma, mucha pelea.

—Sí, y para el siguiente de hecho habrá más peleas. Tener en el saco peleas, tener peleas guardadas. También hay mucha puerta, mucho paso. El cyberpunk aparece en este libro por primera vez. Caí en en el recuerdo de mis afectos de juventud por cómics ochenteros de ciencia-ficción.

—Tú no te consideras humorista. Sin embargo, cuando te subes al escenario y disparas tus ocurrencias, tus imágenes, mucha gente se ríe y se ríe mucho.

—Para el público sí es algo humorístico, pero yo tengo que distanciarme porque para mí no nace de ese campo. Si la gente va a verme es porque hay mecanismos humorísticos. Un poco “cuántas imágenes raras, no sabemos por dónde va a salir ahora, es todo muy por la cara”.

Matrimonio se despide estrechándose la mano cada noche antes de dormir

—Sí que en lo que haces hay siempre elementos como la incomodidad, una extraña empatía y la sensación de lo imposible.

 —Hay quien utiliza referentes culturales comunes y en torno a eso gira su humor, pero a mí me gusta que sean materiales, por ejemplo una chaqueta. No su significado, sino en el objeto mismo. No el conocimiento sobre esa chaqueta, sino ella misma. No quién la lleva ni su significado, sino la chaqueta misma. Hago asociaciones que cualquier podría hacer con ella. Mi referente común es material, sin una carga de conocimiento más. Mi potencial como productor de discurso es una franja muy limitada que se detiene en el “estamos aquí ahora y entra un chico con una chaqueta tal”. Si me sacas de ahí, ya no es incapacidad, es ignorancia. Si me haces generar un discurso gracioso en torno a algo, no sabría. En toda la interacción social restante me veo fuera de juego.

— En cierta manera es un trabajo —porque es tu sustento— autónomo, en el sentido de que te basta plasmar lo que se te ocurre.

—Bueno, no creo que lo sea tanto, porque sin nadie más no hubiera tenido ocasión de hacer libros o el espectáculo. Sin recibir reconocimiento, no podría hacer lo que hago de manera clara y comprensible. Quizá hubiera desaparecido. Cuando me propusieron el primer libro, ni siquiera sabía cómo hacerlo. Si no hubiera habido una demanda quizá esto no existiría tal y como es. Por mí mismo no hubiera hecho estos libros. Es clave tener una audiencia entregada que pide más de eso y lo refuerza.

Si no tuviera una audiencia que refuerza lo que hago, esto no existiría como tal

—Dices que “tener que hacer reír puede ser una condena”. Me recuerda a una imagen del libro: el bar con moribundo. La gente la entra para ver cumplida una promesa, una vez allí ya no es tanto lo que tienen delante como decir “vale, era verdad”. Al moribundo cuando se muere lo reponen y ya, es sólo un medio.

—Yo soy consciente de que cuando la gente va al teatro, conecta de un modo muy entusiasta. Gracias a ellos, yo vivo. Sí que hay una cosa como de “eh, vamos a ver al monstruo, al tío loco”. Yo no comulgo con eso, pero en cierto modo lo fomento. No es que yo quiera divertir a la gente. No hay una identificación, pero también soy consciente de que no puedo decir que no soy humorista y luego hacer lo que hago en el teatro.

Cuando la gente va a verme actuar sí que hay una cosa como de “eh, vamos a ver al monstruo, al tío loco”. No comulgo con eso pero en cierto modo lo fomento

—Con respecto a lo que haces, se ha hablado de post-humor…

—Sí, y se ha escrito como que si el móvil no es la risa, entonces es como una impostura, una especie de cubrirte las espaldas por si fracasas. Tampoco hay tanta gente que niegue ser cómico si hace reír. En mí se da una contradicción entre ese espíritu exhibicionista y a la vez tímido. Eso es cómico en sí mismo.

—La creatividad puede ser una perversión del espacio laboral clásico. Tú estudiaste Bellas Artes y quizá te esperaba un futuro que no iba a ser del todo cómodo, laboralmente hablando. De hecho trabajaste como teleoperador y camarero antes. ¿Sientes que tus ocurrencias te han salvado de algo jodido?

—En absoluto se puede hablar de salvar, en cualquier momento puedo volver. Me puede pasar como esos buitres que levantan la presa muy alto para dejarla caer y romperle los huesos. Puede ser un espejismo de varios años, puede que en unos años esté otra vez trabajando como antes.

No creo haberme salvado de una vida laboral peor. Me puede pasar como esos buitres que levantan la presa muy alto para dejarla caer y romperle los huesos

Pintar con boli la cocina

—Supongo que eres más feliz así, ¿no?

—Sí, es infinitamente más cómodo. Pero tampoco me he salvado, es algo en lo que pienso constantemente. Es una dimensión que no controlas. Además, llega un momento en el que se rompe la lógica entre esfuerzo y dinero. Es como constatar que el juego social es absurdo. En todo caso creo que aunque la cosa vaya mal, siempre tendré una autoridad conmigo mismo de decir “esto que hago es válido, en algún momento ha habido una demanda”. Queda una forma de trabajar que antes no existía. Este sistema es mi mayor logro.

—Llevas ya bastante tiempo.

—En el fondo son 5 años. Son 5 años de vida… que me quedan. De repente el tío da una noticia bomba, ¿no? Y 5 años después se muere.

—Y el periodista no pilló esas palabras, ni siquiera las transcribió en el ordenador.

—Es que claro, el titular… PlayGround: “Miguel Noguera: ‘me quedan 5 años de vida’”. Presenta nuevo libro y aprovecha para darnos una triste noticia.

—Lo mejor sería que pasara inadvertida entre todo el ruido de Internet, ¿no? En plan “venga, sí, te quedan 5 años de vida, Noguera, lo que tú digas”. O médicos diciendo “hombre, le podíamos haber salvado, pero no creímos que el titular fuese una broma suya”.

—¿Te imaginas?

Cruz formada por tres listones apilados en equilibrio. Cristo pide seriedad mientras cae

—Creo que es el momento perfecto para preguntarte qué piensas de gustarle a la reina Letizia, que ha sido vista en alguno de tus Ultrashows.

—No pienso nada. Me sorprendió, no sé si le gusta, sólo sé que fue a verlo. Parece una idea mía en sí misma, pero no sé nada más.

—Recuerdo escuchar a La Sexta Noticias, el día de la abdicación de Juan Carlos I, “presentando” a Felipe y Letizia y de ella dijeron textualmente que “acude a espectáculos humorísticos tan extremos como el de Miguel Noguera”.

—A mí lo que me extrañó es que me citasen como referencia, como alguien conocido.

—Es gracioso si lo ves como si Miguel Noguera fuese una referencia, fuese un punto de apoyo compartido por todos los telespectadores, para que estos conozcan mejor a la reina de España. En cierto modo sería como dar por hecho que eres más conocido que ella.

—Es que eso de espectáculos extremos suena a un hombre comiéndose una mierda que ha sido esculpida con forma de escorpión. Creo que tuvieron que decir “extremo” porque Miguel Noguera no era conocido para la mayoría de telespectadores. Habían jugado fuerte con mi nombre, que en el fondo no remite a nada. En la revista Hola salió escrito “acude al Ultrashow de Miguel Noguera”. Le pedí a mi hermana que me guardara el recorte, lo tengo en Palma.

Me extrañó que me citasen como una referencia para hablar de la reina Letizia

Saludar desde el interior de un avión a 10.000 metros de altura por la ventanilla del lado opuesto

—En lo que haces no hay ningún comentario social evidente. ¿Tú interés por la política es nulo?

—No, no es nulo, entre los movimientos y los medios se ha conseguido que lo político haya aparecido cada vez más. Quieras que no, uno se ve interpelado por eso. Ahora hay como esta cosa de “tenemos que unirnos y conseguir algo”, pero como mi reacción a eso es “sí, es verdad, pero de mí no sale”, siento que no hay deseo. También siento como mucha vergüenza de ir a gritar consignas a una manifestación. Me avergüenza a nivel performativo. No me reconocería a mí mismo. Igual si me tocara más de cerca. Luego veo a Pablo Iglesias casi como un chaval, tiene la cosa esta de regalarle al rey Juego de Tronos, que es un poco como de guión de El Terrat. Se generan afectos y rechazos a la vez.

Me da vergüenza por ejemplo ir a gritar consignas a una manifestación. No me reconocería a mí mismo

—No te convence, ¿no?

—No, no, me convence cada vez más, pero también me gusta mucho la imagen fantasma de que ganen, les entreguen los mandos del barco y por una cuestión de manejo de palancas el barco se gire y se empotre contra la cafetería del puerto. Al final uno mismo parte de una ignorancia y cansancio que hace que sólo quieras que se repitan determinadas rutinas, consumismo de ciudad, quiero comer tal cosa en tal sitio…

—Tranquilidad, comida y techo.

—Ahora mismo podría venir aquí alguien a decirme “esto es vergonzoso, si te consideras adulto y responsable tendrías que asumir tu parte y participar, eres un cínico”. Y yo tendría que decirle que sí.

—Le desmontarías.

—Claro, nos daríamos la razón los dos.

Ser tan guapo como para arrancar un halago espontáneo, honesto y desinteresado de un señor heterosexual que pasaba por ahí

Si has llegado hasta aquí y no le conocías, solo una cosa: busca su nombre en YouTube

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