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Lo que me está pasando es que la realidad es una puta mierda

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Hablamos con Miguel Brieva de la publicación de su primera novela gráfica, 'Lo que me está pasando'

Ignacio Pato

12 Marzo 2015 06:00

Un Congreso de Jóvenes Emperdedores. Sólo se necesita el banco de un parque, birra, patatas y porros.

Museos exponiendo anuncios de detergentes. Obras de arte colgando de la pared en vez de televisores en los bares de cañas y bravas. Donde antes aparecía Belén Esteban ahora hay un Bosco.

Un Parlamento inundado. Dentro, natación sincronizada durante el debate del estado de la nación.

Tertulianos mires donde mires.

Una única ideología ganadora y dominante: el crisismo.

Lo que me está pasando es la primera novela gráfica que crea y dibuja Miguel Brieva. Dentro hay todo lo anterior y más. Hablamos con él de lo que en realidad nos pasa a casi todo el mundo.

Urgencias

Quizá no debería ser necesario presentar a Miguel Brieva, pero lo haremos. Nunca es tarde para conocer cómo este sevillano se ha servido de artilugios de papel llamados Revista Dinero, Bienvenido al Mundo, El Otro Mundo o Memorias de la Tierra para, con las viñetas que los llenan, pegarle un tajo con una navaja mojada en vinagre al conformismo del día a día y, sí, aunque suene a siglo XX, al capitalismo más engorilado.

Esta es su primera historia larga. "Como creo que muchos de los desastres que hoy padecemos ya los he ido tocando en mi trabajo de humorista gráfico, probar a hacerlo desde otra perspectiva me parecía más estimulante. Por otra parte también más arriesgado. Esta historia nace de la urgencia misma por la que necesitamos un gran cambio social", contextualiza Brieva.

Pelusas alcohólicas, Rajoy, Merkel y un tripi

En Lo que me está pasando asistimos al proceso por el cual todo lo que rodea a Víctor Menta se tambalea. Con 32 años, no tiene horizonte alguno. Su vida puede resumirse en trabajo precario+paro+ocio rutinario+antidepresivos. Seguro que nos suena. "Este callejón sin salida le lleva a individualizar su problema, a psicologizarlo, a cargar sobre sus hombros toda la culpa. Esa sensación de fracaso acumulado suele desembocar en estados de depresión y ansiedad", explica Brieva.

Víctor capea el temporal como buenamente puede, dejando pasar los días. Pronto, comienza a experimentar alucinaciones. Lo que creía como personal se funde irremediablemente con la realidad política. Entre visiones de pelusas alcohólicas, Rajoy, Merkel y algún tripi, la catarsis es inevitable. Para Brieva, "la ambición última de esta historia es apuntar que este fracaso no es en modo alguno personal, no es un problema de nadie en concreto, es consecuencia de un gran fracaso social, de un modelo de vida errado de raíz. No hay salidas individuales posibles, eso es una fantasía. La mejoría de las cosas pasa necesariamente por una recuperación de lo común, y por una renuncia a ciertos lujos materiales que tampoco nos hacen felices".

Un ejército invisible y paralizado

"Conozco a más de uno y más de dos Víctor Menta. Actualmente hay cerca de 2 millones de personas en España diagnosticadas de depresión, un 4% de la población. Si a le sumamos la estimación de gente deprimida no diagnosticada, probablemente doblaríamos la cifra, y ya estamos hablando de cerca del 10%. Atendiendo a la progresión de la enfermedad, podríamos vaticinar que para el año 2080 el 100% de la población padecería este desarreglo y estaría de baja laboral permanente... ¡Qué desastre, dios mío! ¡No habría nadie para fabricar los antidepresivos necesarios!".

La locura es la única cordura

En un momento clave de su alucinada travesía, Víctor Menta decide tirar a la basura su televisor. "Unas cuantas horas de emisión no irradian otra cosa sino esquizofrenia, neurosis, pensamientos obsesivos o adicción. Siendo por tanto nuestra normalidad un estado patológico en sí mismo, tal vez la locura sea la salida más cabal posible", resume Brieva.

"¡Qué tierna e inofensiva es esta locura al lado de la de las élites dominantes! Quizás sea ya hora –continua Brieva– de revisar los propios parámetros de salud mental que se han ido imponiendo en la psiquiatría y observar hasta qué punto esa supuesta neutralidad científica está profundamente ideologizada y politizada".

Si el mundo está tan colgado que llama loco a quien no se conforma haciendo de voyeur en el trío trabajo->consumismo paliativo->cabeza destrozada; si la imaginación sólo sirve como herramienta para vender publicidad y entretenimiento, sólo queda un camino: a la cordura por la locura.


Ese vacío, esa mierda en la cabeza que no sabes explicar, se llama capitalismo








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