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El albergue fronterizo que ayuda a los migrantes mexicanos de camino a su sueño

"Nos estamos preparando para lo que Trump dijo que haría"

Francisco y Gilda Loureiro son de Nogales, un pueblo del estado de Sonora. Como en todas las zonas fronterizas, en Nogales se mezclan las personas que se disponen a cruzar la frontera de Estados Unidos ilegalmente con aquellas que acaban de ser deportadas.

Es un lugar de paso, marcado por emociones contradictorias, en el que la incertidumbre se confunde con la esperanza y viceversa. Algo normal cuando uno se encuentra a unos pocos kilómetros del lugar en el que sus sueños pueden hacerse realidad.

Para tratar de ayudar a las personas que están en este brete, en 1982 la pareja Francisco y Gilda fundó el albergue San Juan de Bosco para migrantes. De este modo, llevan 35 años sanando, en la medida de lo posible, las heridas que deja esta experiencia.

Hoy, estas heridas siguen doliendo como siempre. A pesar de que, tal y como nos cuenta Francisco vía telefónica, los controles fronterizos son cada vez más severos, el número de latinoamericanos que pasan por ahí de camino de Estados Unidos no ha descendido.

De hecho, de los 219.932 mexicanos que fueron deportados en 2016, 37.994 llegaron a Sonora, de acuerdo con el Instituto Nacional de Migración (INM).  

Actualmente, el albergue tiene capacidad para alojar a 350 personas, a las que abastecen con una cama, comida y a las que ofrecen un billete para volver a su casa en México. Aunque, esta es una posibilidad que casi ninguno de ellos contempla.

El albergue se financia con subvenciones privadas y de familiares y, próximamente, también contarán con el apoyo de las autoridades. "Gobierno y civiles vamos a empezar a trabajar juntos para sacar a los migrantes adelante. Nos estamos preparando para lo que Trump dijo que haría".

De los 219.932 mexicanos que fueron deportados en 2016, 37.994 llegaron a Sonora, de acuerdo con el Instituto Nacional de Migración (INM)

Porque, con la construcción del muro y la orden del presidente Donald Trump de acelerar las deportaciones, lo más probable es que este año el número de huéspedes sea aún mayor. "A partir de hoy, Estados Unidos recupera el control de sus fronteras", dijo Trump a finales de enero a los funcionarios del Departamento de Seguridad Nacional.

En una mañana cualquiera en el albergue, los 35 huéspedes que han pasado la noche ahí se preparan para cruzar la frontera. Son las 8 de la mañana y en unos minutos tienen que partir para evitar, en la medida de la posible, encontrarse con agentes fronterizos.

Juan Alejandro Zamora, originario de Ciudad de México, ya lo ha intentado 9 ocasiones y, ahora, va a probar con la décima. "No tengo papeles. Pero para entrar y salir del país no los necesito. Solo a mis piernas y correr. Correr mucho".

La última vez lo intentó por una urbanización de Tijuana llamada Nido de las Águilas. Allí hay un tramo de 2,3 kilómetros en el que nunca ha existido un muro fronterizo y él solo necesitó dar un paso al frente para pisar suelo estadounidense.

Juan Alejandro Zamora, originario de Ciudad de México, ya lo ha intentado 9 ocasiones y, ahora, va a probar con la décima

Lo único que le quedaba era seguir adelante sin ser visto. Así que corrió lo más rápido que pudo. Tenía el pulso acelerado, pero estaba convencido de que aquella ocasión sería la buena. De que conseguiría volver a California con sus hijos.

Sin embargo, antes de que pudiese darse cuenta, ocurrió lo inevitable: los guardias le vieron antes de que él lo hiciera.

Intentó despistarlos. Corrió más deprisa. Pero fue en vano. En unas horas, volvía a estar en México.

Zamora había llegado a EE. UU. con 11 años. Recientemente, con 44, fue deportado. Un desafortunado episodio que empezó cuando su esposa le fue infiel y le pidió el divorcio. Él aceptó. Pero debían hacerlo bajo sus condiciones. Así que le quitó la casa, el coche y la camioneta que le había comprado.

"Gobierno y civiles vamos a empezar a trabajar juntos para sacar a los migrantes adelante. Nos estamos preparando para lo que dijo Trump"

Lo que no esperaba es que aquello llevaría a su esposa a denunciarle a inmigración y que, en consecuencia, sería deportado. Algo que le obligaría a dejar su pequeña empresa de construcción y a sus 2 hijos en California. Hoy, ellos son el motor que le impulsan para intentarlo de nuevo.

"Tengo que volver. Lo voy a intentar una vez, otra vez y todas las que haga falta. No dejé un par de tomates, dejé a mis hijos y necesitan a su padre".

Junto a Zamora, está Ángel Ezequiel Ortiz, originario de un pueblo del estado de Oaxaca y de 22 años. Pretende entrar a EE.UU. por el punto fronterizo de Nogales, que está a 20 minutos en coche del albergue. Una vez allí, espera encontrar el camino que le garantice llegar, con más seguridad, hasta una vida mejor en Arizona.

Viviendo con su esposa y su hija en casa, a Ortiz no le faltaban motivos para quedarse en Oaxaca. Pero se vio obligado a marcharse. Porque, a pesar de trabajar 12, 14 o incluso 16 horas al día, no podía darles la vida que "merecen"."No pido tener una buena vida. Pido tener una vida normal. Trabajar 8 horas y tener tiempo para vivir", nos explicó vía telefónica.

"Tengo que volver. Lo voy a intentar una vez, otra vez y todas las que haga falta. No dejé un par de tomates, dejé a mis hijos y necesitan a su padre"

El pasado 17 de diciembre había dejado su hogar y, hoy, también se está preparando para cruzar el muro. Si esta vez no lo consigue volverá a intentarlo hasta entrar, ya que que puede hacer mucho más por su familia en EE.UU. que en su país.

Aunque para ello tenga que burlar el muro que Trump planea construir. "Está mal lo del muro porque quiere que lo paguen los mexicanos. La Biblia dice que Dios construye puentes, no muros. Cuanto más nos apoyemos los unos a los otros, cuanto más trabajemos juntos; todo irá mejor. La unión hace la fuerza, ¿no?".

"Y no lo digo por mí. Lo digo por todos, porque todos nos lo merecemos".

A Zamora solo le faltan unos minutos para salir del albergue. Se dispone a empezar un trayecto de 9 días andando que le llevará hasta Tijuana, donde probará por un camino distinto al que utilizó la última ocasión. Aunque aún no sabe cuál será.

"Hay muchísimos caminos por los que entrar a EE. UU. y no hay ninguno mejor que otro. Lo mejor es correr rápido. No dar tiempo a que los agentes de inmigración te vean".

"Como más nos apoyemos los unos a los otros, como más trabajemos juntos todo irá mejor. La unión hace la fuerza, ¿no?"

Se siente preparado para hacer frente todo lo que venga: para escapar de los guardias, para volver a correr e, incluso, para acabar con el muro de Trump. " El muro no me importa. Que pongan lo que quieran, que lo derribaremos. Que pongan la primera piedra, que la sacaremos. No les dará tiempo a hacer nada. Que el presidente se dedique a lo que sabe, a ser un hombre de negocios".

A pesar de que había fallado 9 veces en el intento de cruzar la frontera, está convencido de que en esta ocasión lo conseguirá. Y en el caso de que vuelva a fallar, lo intentará sucesivamente hasta volver a pisar suelo estadounidense junto a sus hijos.

"El mexicano es necio. No se cansa. Así que si no lo consigo hoy, será mañana".

Al igual que en el caso de Zamora, todas las historias que alberga el albergue de San Juan de Bosco tienen un denominador común: no contemplan otro final que no sea entrando en EE.UU. No importa que les digan o cuantos impedimentos pongan en su camino, siempre les quedarán fuerzas para cruzar la "línea" de nuevo.

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