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Nazis y rockeros, algo más que un polvo de una noche

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En 'Mercancía del horror' el crítico contracultural Jaime Gonzalo disecciona los límites entre ética y estética nazi en la cultura pop

Ignacio Pato

10 Marzo 2016 06:00

Fascinación por el fascismo. Pon un poco de nazismo en tu vida. Durante décadas la extrema derecha totalitaria ha ejercido un magnetismo innegable en personas no necesariamente afines a esa ideología. 

Coleccionistas, irónicos, sarcásticos, cínicos o incluso con afán de denuncia mediante su apropiación del símbolo, la cultura popular, en especial el rock, ha sido testigo de flirteos inconfesables a veces, imperdonables en muchas ocasiones, pero siempre embarazosos. Para la opinión pública, pocos símbolos como una esvástica han establecido más claramente la frontera entre la estética y la ética.

El especialista en contracultura Jaime Gonzalo se baja al barro del análisis de esta relación en su nueva entrega Mercancía del horror.



Recoges unas declaraciones de David Bowie a Playboy en 1976: "Hitler fue una de las primeras rock stars. Mira noticiarios de época y fíjate cómo se movía. (...) La gente no es muy brillante, ¿sabes? Dice que quiere libertad pero cuando se le ofrece la oportunidad pasa de Nietzsche y escoge a Hitler porque Hitler desfilará y hablará, y la música y las luces surgirán en los momentos estratégicos. Sus apariciones eran como conciertos de rock. Los chavales se entusiasmaban, las chicas se acaloraban y sudaban y los chicos deseaban ser ellos quienes estuvieran ahí arriba. Eso, para mí, es la experiencia rock 'n' roll".

Más tarde, Bowie diría que todo se debe a un empacho de coca y ocultismo... la fascinación por el nazismo puede más que el ego de Bowie: suena fuerte.

No tan fuerte. La vida es un espectáculo, y Bowie se encontraba en la pista central. La diferencia entre artista y público es que el primero se atreve a dar salida a su ego y lo agasaja, no importa con qué medios. Los demás lo reprimimos y esperamos a que nos digan al servicio de quién hemos de ponerlo.  

 Hacer lo que te dé la gana, individuo sobre comunidad, liderazgo, virilidad, juventud, narrativas totales... ¿tanto se parecen nacionalsocialismo y rock?

Promueven la misma escala jerárquica, hay alguien o algo a lo que someterse. Penalizan duramente la disidencia del pensamiento dominante. En ambos casos hay un ejercicio de poder, de superioridad, en el que el de abajo lleva todas las de perder si el fanatismo supera a la admiración. Pero indiscutiblemente el rock es mucho más divertido que el nazismo. Y mucho menos dañino.

En rock y nazismo el de abajo lleva todas las de perder si el fanatismo supera a la admiración. Pero uno es más divertido que el otro. Y mucho menos dañino



Un crítico dijo sobre 'We will rock you' que Queen eran la primera banda genuinamente fascista.

Es una paranoia que vivimos cotidianamente. Hay que medir mucho las palabras para evitarse disgustos cuando el nazismo o el fascismo salen a colación. Y cualquier excusa vale para desencadenar una caza de brujas.

También han corrido ríos de tinta sobre la parafilia nazi de Joy Division.

No me preocupa con qué intenciones un grupo como Joy Division juega a la ambigüedad con determinada ideología, sino lo que eso aporta al conjunto de su obra y qué significado adquiere en su contexto. Pero independientemente de las intenciones, siempre habrá alguien con una opinión preconcebida. Juzgar y condenar se nos da muy bien.

Vivimos una paranoia cotidiana. Hay que medir las palabras para evitarse disgustos cuando se habla de nazismo o fascismo



Sobre significado y contexto: en tu ensayo sacas a colación 'No pakistanis', una letra de Paul McCartney en 1969 no demasiado aireada que creo que te ha traído cola.


Se supone que esa y otras canciones de la misma índole fueron comentarios sarcásticos a la reacción de la derecha ante la problemática de la inmigración en Inglaterra. A raíz de este tema y de una declaración mía modificada para ser utilizada como titular “sensacionalista”, en una entrevista, la respuesta de muchos lectores ha sido ponerme a caer de un burro.

¿Por qué?

Entre otras cosas porque no me he atrevido a asegurar qué clase de relación, aunque fuera mental, mantenían Lennon y McCartney con la ultraderecha, si es que alguna mantenían. Ni ellos lo han aclarado nunca ni yo dispongo de clarividencia. Sin leerlo, han juzgado al libro y de rebote al autor, condenándolos a ambos al paredón por haber concebido una obra que, dicen, solo busca suscitar polémica y vender más ejemplares. ¿Puedo decir que esa actitud la encuentro fascista, o eso me va a reportar aún más desprecio?

Han condenado al libro y a mí al paredón por haber concebido una obra que, dicen, solo busca suscitar polémica y vender más ejemplares. ¿Puedo decir que esa actitud la encuentro fascista, o eso me va a reportar aún más desprecio?



La corrección política se suele atribuir a la izquierda. ¿Existe la contracultura de derechas?

Sí, pero parece un poco inútil intentar a estas alturas distinguir entre extremos ideológicos. Se confunden cuando les interesa a las partes, pero el rock está plagado de reaccionarismo, es intrínsecamente totalitario.

A veces da la impresión de que la cultura reaccionaria es más osada que la progresista.

Hitler fue tan atrevido como Churchill, que también abogó por la supresión de seres inferiores. Formalmente hablando la derecha es tildada de anacrónica cuando se la compara a la fantasía tramada por la izquierda, que es mucho mas colorista... pero no podemos decir que la idea de conquistar el mundo venciendo totalmente al adversario sea poco atrevida.

El rock está plagado de reaccionarismo, es intrínsecamente totalitario





¿El estigma del nazismo lo hace atractivo?

No a todo el mundo. Su estigma ha causado tanto rechazo como fascinación. Pero digamos que sí, que como todo lo prohibido ejerce un atractivo que responde directamente a estímulos estéticos, a la necesidad de saciar el nihilismo juvenil, al poder de atracción del reverso tenebroso de la humanidad o a la más sana de las debilidades, la de la curiosidad.

¿Y las referencias nazis en la cultura pop son un síntoma de salud democrática o un peligroso juego de condescendencia con el horror?

Ante todo son un ejercicio de libertad. Y la democracia es teóricamente eso. Que todavía escandalice el nazismo a ese nivel referencial, o se utilice con propósitos escandalizadores, parece más bien un síntoma del defectuoso funcionamiento de esa democracia. Por esa regla, habría que perseguir a todos los que se sienten atraídos por Napoleón o Calígula.

Las referencias nazis en la cultura pop son un ejercicio de libertad




¿Nos cuesta tanto separar estética de ética?

Hablamos de nosotros como si fuéramos unos impedidos mentales sin capacidad de decisión o de escrutinio. Somos víctimas de muchas cosas, pero cualquiera puede pensar por si mismo a poco que se lo proponga.

¿Sufrimos una terapia de rechazo subconsciente parecida a la técnica Ludovico con la que pretendían "curar" a Alex en 'La naranja mecánica'?

Esa terapia Ludovico es constante y afecta a todos los aspectos de la vida, pero en algunos no cabe achacar la responsabilidad a otros.



Baila el IV Reich



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