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Melopea en la tribuna: ¿Estaba Jordi Cañas borracho en el Parlament?

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El vídeo de la eufórica intervención del diputado de Ciutadans levanta más de una sospecha

José Necky

24 Enero 2014 10:47

Jordi Cañas —prometemos abstenernos de cualquier chascarrillo basado en su apellido— se dirigió ayer al Parlamento de la Generalitat en dudoso estado. El hombre de las manos en los bolsillos se las sacaba de allí mismo para convertirlas en el azote ebrio de la política catalana. Más vehemente de lo habitual, y con una vocalización que habría dejado en buen lugar la insigne dicción de Rosa de España, criticó desde la tribuna la aprobación de los presupuestos y la ley de acompañamiento fiscal con el apoyo de ERC y ICV. El sarcasmo marcó el tono de toda la intervención, y no desaprovechó ninguna ocasión para bromear con el proceso soberanista.

Es cierto que su habitual desenvoltura macarra no se debe alcohol: el diputado de Ciutadans acostumbra a lanzar sus ataques en tono coloquial, provocador y agresivo. El caso es que por una vez ha abandonado su papel de sheriff en territorio comanche para dirigirse a la oposición con una sonrisa mal disimulada. ¿Se le había ido la mano con el JB del carajillo? ¿O había pasado a temas mayores como Rob Ford, el alcalde de Toronto que confesó haber fumado crack?

Hace apenas una semana, saltaba la noticia de que Jordi Cañas estaba siendo investigado por fraude fiscal; entonces, afirmó que en caso de estar imputado, dejaría su cargo público. ¿Está quemando sus naves?

El histrionismo de Cañas en su intervención de ayer era el del reo condenado a muerte que ya no tiene razón alguna por la que contenerse o guardar las formas. Dejando de lado las sustancias que presuntamente le habrían generado el estado de euforia, su declaración parecía repetir como farsa su propia tragedia. Había pasado de ser el solemne oráculo que revelaba la Verdad en medio de tanto meapilas independentista para convertirse en el bufón de la corte que, a base de comentarios jocosos, es capaz de sacarle los colores hasta al mismo monarca. Incluso su eterno enfrentamiento con Núria de Gispert se tornó en un juego de cordialidad.

Y desde aquí creemos sinceramente que le pega más el papel de pícaro real.

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